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Papa Francisco exhorta a vivir la santidad desde las acciones sociales

La Exhortación Apostólica publicada por el sumo pontífice hace un llamado a vivir luchando en contra de la injusticia y a humanizar las relaciones en todas sus dimensiones. Con el documento, la máxima autoridad de la iglesia innovó en la composición y estilo, ya que se dirigió en primera persona a los feligreses entregando un mensaje que tenía entonación de consejo, el primero en su especie.

Francisco Velásquez

  Martes 10 de abril 2018 21:28 hrs. 
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Compromiso social, ese es el concepto que resume la nueva exhortación apostólica del Papa Francisco. En las 44 páginas del documento titulado Gaudium et Exultate (“Alégrense y Regocíjense”) el Pontífice propone a los católicos una vida de santidad, alejada del dinero, llena de humildad y sin grandes lujos.

Son 177 puntos contenidos en 5 capítulos, en ellos el Papa explica que su “humilde objetivo  es hacer resonar una vez más el llamado a la santidad, procurando encarnarlo en el contexto actual con sus riesgos, desafíos y oportunidades”.

Directo, como es su estilo, el máximo líder de la iglesia católica le reiteró a los feligreses que Dios escoge ser santos e irreprochables ante él por el amor, llamado que hace a todos quienes siguen la fe. “Para ser santos no es necesario ser obispos, sacerdotes, religiosas o religiosos (…) muchas veces tenemos la tentación de pensar que la santidad está reservada solo a quienes tienen la posibilidad de tomar distancia de las ocupaciones ordinarias, para dedicar mucho tiempo a la oración. No es así. Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra”.

Los enemigos de la santidad

“En este marco, quiero llamar la atención acerca de dos falsificaciones de la santidad que podrían desviarnos del camino: el gnosticismo y el pelagianismo. Son dos herejías que surgieron en los primeros siglos cristianos, pero que siguen teniendo alarmante actualidad. Aun hoy los corazones de muchos cristianos, quizá sin darse cuenta, se dejan seducir por estas propuestas engañosas. En ellas se expresa un inmanentismo antropocéntrico disfrazado de verdad católica. Veamos estas dos formas de seguridad doctrinal o disciplinaria que dan lugar «a un elitismo narcisista y autoritario, donde en lugar de evangelizar lo que se hace es analizar y clasificar a los demás, y en lugar de facilitar el acceso a la gracia se gastan las energías en controlar. En los dos casos, ni Jesucristo ni los demás interesan verdaderamente»

Tal como ha escrito en otros documentos, el Pontífice volvió a reprochar la cultura del consumo: “No podemos plantearnos un ideal de santidad que ignore la injusticia”, agrega la exhortación apostólica, que critica “la alegría consumista e individualista tan presente en algunas experiencias culturales de hoy”.

La desigualdad social también tuvo espacio en la carta pastoral. Así, criticó a los que “gastan alegremente” cuando otros se tienen que conformar “desde afuera, mientras su vida pasa y se acaba miserablemente”.

Su llamado fue claro: vivir la fe desde el trabajo social, alejándose de aquellas cosas que impiden la comunión con Dios. Sin embargo, pidió no caer en la ideologización de la santidad. “No hay que transformar al catolicismo en una especie de ONG”, tampoco -dijo- considerar el compromiso social de los demás como algo “superficial, mundano, secularista, inmanentista, comunista, populista”.

Asimismo, la máxima autoridad de la Iglesia Católica escribió en el documento que la defensa de los inocentes no nacidos debe ser clara, firme y apasionada “porque está en juego la dignidad de la humanidad, que es siempre sagrada”. El Papa agregó que “igualmente sagradas son las vidas de los pobres, aquellos que ya han nacido, los desamparados, los abandonados y los desfavorecidos, los débiles y los ancianos expuestos a refugiarse en la eutanasia, las víctimas de tráfico de personas, nuevas formas de esclavitud, y todo tipo de rechazo”.

Sin olvidarse de los miles de personas que migran en el mundo, el Papa Francisco reiteró que este fenómeno “no se trata de un invento de un Papa o de un delirio pasajero”. En ese sentido, el llamado es a los católicos para que acojan este fenómeno y no conviertan a los migrantes en otros excluidos.

“Suele escucharse que, frente al relativismo y a los límites del mundo actual, sería un asunto menor la situación de los migrantes, por ejemplo. Algunos católicos afirman que es un tema secundario al lado de los temas «serios» de la bioética. Que diga algo así un político preocupado por sus éxitos se puede comprender; pero no un cristiano, a quien solo le cabe la actitud de ponerse en los zapatos de ese hermano que arriesga su vida para dar un futuro a sus hijos. ¿Podemos reconocer que es precisamente eso lo que nos reclama Jesucristo cuando nos dice que a él mismo lo recibimos en cada forastero (cf. Mt 25,35)? San Benito lo había asumido sin vueltas y, aunque eso pudiera «complicar» la vida de los monjes, estableció que a todos los huéspedes que se presentaran en el monasterio se los acogiera «como a Cristo», expresándolo aun con gestos de adoración, y que a los pobres y peregrinos se los tratara «con el máximo cuidado y solicitud».

Algo semejante plantea el Antiguo Testamento cuando dice: «No maltratarás ni oprimirás al emigrante, pues emigrantes fuisteis vosotros en la tierra de Egipto» (Ex 22,20). «Si un emigrante reside con vosotros en vuestro país, no lo oprimiréis. El emigrante que reside entre vosotros será para vosotros como el indígena: lo amarás como a ti mismo, porque emigrantes fuisteis en Egipto» (Lv 19,33-34). Por lo tanto, no se trata de un invento de un Papa o de un delirio pasajero. Nosotros también, en el contexto actual, estamos llamados a vivir el camino de iluminación espiritual que nos presentaba el profeta Isaías cuando se preguntaba qué es lo que agrada a Dios: «Partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, cubrir a quien ves desnudo y no desentenderte de los tuyos. Entonces surgirá tu luz como la aurora» (58,7-8)”.

Espacio para que resuene la voz de Dios

Tal como ha ocurrido en otros documentos redactados por el obispo de Roma, Gaudium et Exultate aborda los problemas actuales. Ya lo había hecho antes con el medio ambiente, en la celebrada encíclica Laudato si, ahora es la tecnología uno de los puntos tocados por el sacerdote: “las constantes novedades de los recursos tecnológicos, el atractivo de los viajes, las innumerables ofertas para el consumo, a veces no dejan espacios vacíos donde resuene la voz de Dios”.

En el documento hay una invitación a reflexionar sobre el verdadero impacto de la tecnología en nuestras vidas. Así, denunció que la comunicación virtual y “superficial” puede ser un factor de “atontamiento”. “También los cristianos pueden formar parte de redes de violencia verbal a través de Internet”, adviertió. Incluso en medios católicos “se pueden perder los límites, se suelen naturalizar la difamación y la calumnia, y parece quedar fuera toda ética y respeto por la fama ajena”.

Gaudete et Exsultate es la tercera exhortación apostólica del pontífice argentino después de Evangelii gaudium, publicada en 2013, y  Amoris laetitita de 2016, que recogió las conclusiones del sínodo de los obispos sobre la familia.

Durante sus cinco años de pontificado, el papa Francisco ha publicado además dos encíclicas: Lumen fidei, cuya redacción inició Benedicto XVI y el pontífice argentino concluyó y publicó en 2013. Y Laudato si, que vio la luz en 2015 y que probablemente es uno de los documentos más relevantes de su pontificado, donde Francisco reflexionaba sobre la importancia de salvaguardar y proteger el medio ambiente, “la casa común”.