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Año X, 25 de mayo de 2018

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Roberto Ávila

200 años del natalicio de Carlos Marx

Roberto Ávila | Domingo 6 de mayo 2018 17:51 hrs.

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Carlos Marx es una de las figuras más influyentes en la historia universal de los dos últimos siglos.  Muchos invocan o han invocado a Marx, de Stalin a Jean Paul Sartre , pero este no tiene por qué cargar con las prácticas sociales o experiencias históricas particulares que son mucho más complejas en su desarrollo y explicación  que la simple  filiación teórica.

Su obra más conocida “El Manifiesto Comunista” (1847) es el texto más leído en los cinco continentes junto con la biblia. El siglo XX de Chile lo marca Salvador Allende quien decía de si mismo “soy marxista sin atenuación”. 

Para decir algo útil  de Marx hay que evitar el riesgo del culto cuasi religioso a sus ideas, a lo que fue tan proclive en comunismo soviético (manipulación mediante, dígase también) . El mismo ya advertía a sus primeros seguidores “en cuanto a mí no soy marxista”. Es la lógica instalación en el mundo de las ideas de un científico social y no de un profeta.

La filosofía de Marx, la enajenación, el pensamiento dialéctico y su filosofía de la historia como curso ascendente, no tienen una especial originalidad y se encuentran de manera inmediata en G.F. Hegel. Los grandes aportes de Marx no están en la filosofía.

Puestas estas concepciones,  como él lo hizo, sobre  bases en sintonía con la realidad y distantes de elucubraciones metafísicas, cobraron una capacidad explicativa excepcional.

Entender el desarrollo de la historia como resultado de procesos económicos en que se desenvuelve dialécticamente entre las viejas relaciones de producción que entraban el desarrollo de las nuevas fuerzas productivas, en el marco de la lucha de clases entre opresores y oprimidos, es una explicación (una hermenéutica) que hace inteligible la historia. En el corazón mismo de EEUU alguien decía a gritos “es la economía estúpido”.

Dejemos que Marx se explique por si mismo, aunque la cita es larga

en la producción social de su vida los hombres establecen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una fase determinada de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. Al llegar a una fase determinada de desarrollo las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas, y se abre así una época de revolución social”.

Esta hermenéutica es genial, el análisis social se puso pantalones largos. Se puede tener cualquier pensamiento político pero si se quiere entender la realidad hay que recurrir a esta teoría.

La lucha de clases tampoco es un aporte específico de sus teorías, el lo señala explícitamente en su conocida carta a Joseph Weidemayer de 1852: 

Por lo que a mí se refiere, no me cabe el mérito de haber descubierto la existencia de las clases en la sociedad moderna ni la lucha entre ellas. Mucho antes que yo, algunos historiadores burgueses habían expuesto ya el desarrollo histórico de esta lucha de clases y algunos economistas burgueses la anatomía económica de éstas. Lo que yo he aportado de nuevo ha sido demostrar: 1) que la existencia de las clases sólo va unida a determinadas fases históricas de desarrollo de la producción; 2) que la lucha de clases conduce, necesariamente, a la dictadura del proletariado; 3) que esta misma dictadura no es de por sí más que el tránsito hacia la abolición de todas las clases y hacia una sociedad sin clases

Marx también hizo un aporte a cómo hacer un relato histórico y el análisis político que quedó plasmado en dos textos geniales: “El 18 Brumario de Luis Bonaparte y la Guerra Civil en Francia”.

Para pensar a Marx desde Chile 2018, para rescatar de él lo que hay de útil para nuestra sociedad, y que hay bastante,  yo creo que debemos que considerar tres elementos de su pensamiento que a mí parecen fundamentales:

1.- El carácter revolucionario de su teoría, que quedó plasmado en su conocida tesis tercera sobre Feuerbach “ los filósofos no han hecho mas que interpretar el mundo de lo que se trata es de transformarlo”.

La voluntad del revolucionario no se puede perder jamás, la lucha de clases es un proceso dialectico donde no se pueden establecer equilibrios o consensos duraderos. Una de los mayores errores de la izquierda en América latina, y que por ellos sufre el repliegue que presenciamos, su errónea y pusilánime creencia que se podía coexistir con el empresariado, la burguesía por usar un concepto de Marx.

Obviamente no me refiero a la izquierda tradicional en Chile donde los gobiernos de la concertación no trataron de crear equilibrios sociales pactados con la burguesía en la perspectiva de políticas sociales hacia las mayorías. En Chile estos gobiernos fueron simple administración del neoliberalismo.

Se hacen las revoluciones o se termina en el estiércol y en la derrota.

Ser revolucionario, cansa, agota, cuando esto se hace insuperable hay que dar un paso al costado y no construir teorías que justifiquen el decaimiento de la voluntad.

2.- Su análisis económico.

Cuando Marx descubre en la economía la base de la explicación del desarrollo de la historia y de la producción del mundo de las ideas. Hace lo lógico, y con la rigurosidad de un alemán, centra sus estudios en la economía.

El análisis de Marx sobre el funcionamiento real dela economía plasmado en su texto “El Capital” ´producto de 30 años de investigaciones se nos muestra como el más serio de los estudios sobre el capitalismo, aun cuando queda incompleto. Durante la crisis subprime de 2008 todo el mundo corrió a las bibliotecas en busca del Capital, teoría que tantas veces había recibido su oración fúnebre.

Hay fenómenos nuevos como la automatización , es decir el reemplazo del trabajo humano por las maquinas o la capacidad del capitalismo de destruir el medio ambiente y la vida sobre el planeta, pero estos fenómenos no contradicen las lógicas de funcionamiento de la economía del capitalismo, sólo hacen más intensa la necesidad de su superación. El capitalismo se ha hecho más peligroso no más humano o mas justo.

La forma general de circulación de la mercancía como dinero/ mercancía/dinero se nos verifica a todo momento, hay que ser un bobo para creer que los capitalistas “dan Trabajo”, que son emprendedores, creadores. Multimillonarios como Piñera no pueden parar, su dinero cobra  vida propia y exige nuevas inversiones y acumulación de capital, con  buenas y malas artes.

La acumulación originaria del capital a partir de un acto brutal y delictual se verifica y explica todo proceso histórico. En Chile el neoliberalismo se instaló chapoteando lodo y sangre luego del golpe de estado de 1973 y del saqueo de las empresas del estado.

Por sobre todo, la explicación de la acumulación de la riqueza a partir de la plusvalía (explotación de los trabajadores) que es nudo gordiano de nuestra sociedad está plenamente vigente y es la chispa que lo ilumina todo. No hay gobierno alguno  en el capitalismo que resuelva la explotación del hombre por el hombre.

El ejército industrial de reserva. La lucha brutal por la acumulación de las ganancias, es una explicación central de muchos fenómenos, por ejemplo, la inmigración. El ejército industrial de reserva, es decir una tasa permanente de desempleado es una necesidad del capitalismo. Cuando en Chile la tasa de desempleo cayó y por consecuencia las remuneraciones subieron, los empresarios y sus serviciales gobiernos recurrieron a la inmigración. Esto desmiente la teoría neoliberal del chorreo.

3.- La determinación de la dialéctica entre el capital y el trabajo como la principal contradicción  de nuestros tiempos.

La irreconciliable contradicción entre el capital y el trabajo es la contradicción fundamental de nuestras sociedades. Sin esta percepción todo se hace confuso y errático.

Esta contradicción está olvidada por la izquierda chilena, por ello siendo culturalmente fuerte es políticamente inocua, intrascendente, da lo mismo que este o no esté. La vieja izquierda y la nueva izquierda.

Desde los centros de poder se difunde una falsa agenda progresista, para que la izquierda rasque donde no pica. En Chile sueldos sin miserable con relación a la riqueza que se produce, eso destroza la vida y hace ilusorios los derechos de millones. Sin embargo, se levanta la bandera del matrimonio igualitario, la legalización de la marihuana como si en ello estuviera un problema central de  nuestras sociedades.

La contradicción fundamental es entre el capital y el trabajo, lo reitero.

Compañeros, hoy 5 de Mayo se inauguró un monumento a Carlos Marx en su ciudad natal de Treveris, Alemania, regalada por el gobierno chino. Bien merecida la tiene, que los chinos erijan monumentos a Marx no es cosa menor ni accidental.

Muchas gracias.

ROBERTO AVILA TOLEDO

·         Intervención en la Sociedad de Escritores de Chile en acto por el 200 aniversario del nacimiento de Carlos Marx.