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Jaime Gazmuri, ex embajador en Brasil: “Lula es una garantía democrática”

Diferentes personalidades de los sectores progresistas de la política chilena firmaron una carta en la que le brindan su apoyo al ex Presidente de Brasil Luis Inácio Lula Da Silva. Jaime Gazmuri (PS), ex senador y ex embajador de Chile en Brasil, fue quien gestionó la misiva. Según Gazmuri, las elecciones presidenciales de octubre podrían marcar el inicio de un nuevo ciclo político.

Martín Espinoza C.

  Martes 10 de julio 2018 18:47 hrs. 
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A poco más de tres meses del ingreso de Luis Inácio Lula Da Silva a la cárcel de Curitiba, la carrera presidencial en Brasil sigue dando de qué hablar. El ex mandatario más valorado de la historia del gigante sudamericano fue condenado a doce años de prisión acusado de los delitos de corrupción y lavado de dinero, pero aun así asoma como la figura más fuerte para hacerse de las elecciones que se llevarán a cabo en octubre de este año.

En la tarde del domingo, Rogerio Favreto, el juez que estaba de turno en el Tribunal Regional Federal de la Cuarta Región (TRF-4), concedió un habeas corpus a Lula y ordenó la liberación inmediata del ex Presidente, quien está recluido desde el pasado 7 de abril en la sede de la Policía Federal en Curitiba.

Sin embargo, la decisión no alcanzó a durar mucho. La medida adoptada por Favreto fue bloqueada pocas horas después por João Gebran Neto, otro juez del TRF-4, e instructor del caso Lava Jato, por el que Lula fue condenado.

La polémica la tuvo que resolver Carlos Thompson, presidente del tribunal en cuestión, quien determinó que la decisión de liberar a Lula es competencia de Neto, y no del juez de turno.

En medio de esta ventolera, diferentes personalidades de la política nacional hicieron público su respaldo al ex Presidente a través de una carta, entre ellas, la ex jefa de Estado Michelle Bachelet. La misiva, coordinada y gestionada por el ex embajador socialista en Brasil, Jaime Gazmuri, señala que “los firmantes de la presente declaración deseamos expresar nuestra preocupación por la crisis política que atraviesa Brasil y nuestra solidaridad con el Presidente Luiz Inácio Lula da Silva, mantenido actualmente en prisión”. La carta agrega que “se trata, sin duda, de la figura política más relevante y popular del país. Todas las encuestas de opinión lo siguen señalando como el más probable vencedor, con una ventaja considerable sobre todos sus eventuales competidores”. “Sin embargo, Lula está preso en Curitiba, sin que aún se hayan agotado todas las instancias de apelación como establece la Constitución. A juicio de numerosos y prestigiosos juristas de todo el mundo, su proceso y el fallo emitido están privados de un sustento jurídico consistente”, recuerdan.

Jaime Gazmuri, gestor de la carta, explica los motivos y brinda su propio análisis respecto de la situación que vive el escenario político brasilero.

En las confusas circunstancias en las que se encuentra la actual situación del ex Presidente Lula y de un ambiente dividido tanto en Brasil como en América Latina, ¿cuál es el objetivo que persigue esta carta?

El objetivo es crear conciencia tanto en el país como en la opinión pública brasilera. Nos interesa llamar la atención sobre que lo que ocurre en Brasil, ya que no es solo un asunto que importa a los brasileros. Brasil está enfrentando una situación política muy complicada desde que fue destituida la presidenta Dilma Rousseff en un procedimiento que fue muy cuestionado por amplios sectores de Brasil y el mundo. Hay la esperanza de que la elección presidencial y parlamentaria de octubre cierre el ciclo de la crisis o abra un ciclo nuevo, con la elección de un Presidente legitimado por el voto popular y de un Parlamento renovado, donde muchas figuras están acusadas de vinculaciones con los esquemas de corrupción. Hay una expectativa de que la elección instale un gobierno legítimo y un Congreso renovado, y que así se dé inicio a la superación de este periodo de grandes confrontaciones en Brasil, donde se ha producido un fenómeno complicado de politización del sistema judicial, que tiene que ver con la judicializacion de la política. Los conflictos políticos, que a veces no son capaces de resolverse en el Congreso o en el gobierno, terminan en la Corte Suprema, que no está para eso, está para aplicar la constitución en las leyes.

Por otro lado, nos parece que el hecho de que se le impida, sin que haya terminado su juicio, al Presidente Lula concurrir a la elección, puede profundizar la crisis, porque el otro dato, que ya es político, no solo jurídico, es que Lula es la figura más popular y querida de todo el espectro político brasilero. Si hubiera elección hoy, sería primera preferencia en primera vuelta y primera preferencia en segunda, con diferencias significativas sobre sus oponentes, 15 a 20 por ciento. Una elección sin Lula no cierra el ciclo de la crisis política.

A raíz de eso, ¿una eventual elección de Lula como Presidente ayudaría a terminar con la crisis política institucional que vive Brasil?

Yo creo que sí. Lula hizo un gran gobierno, eso no está en discusión. Se habla de uno de los periodos más exitosos de Brasil como país, un periodo de alto crecimiento, una política fiscal muy responsable. Brasil había crecido en su momento, pero aquí se logró la buena conjunción de crecimiento económico, manejo responsable de la economía y una disminución significativa de los niveles de pobreza, y se iniciaron procesos para disminuir la extrema desigualdad. El apoyo que tiene hoy Lula tiene mucho que ver con esa memoria. Si uno analiza el programa y su comportamiento, es un hombre de entendimiento, de compromiso, de diálogo. Ese fue su carisma. Sin perjuicio de que ha sido muy demonizado -básicamente por sectores de la gran prensa brasilera-, que ha despertado un anti lulismo en la sociedad brasilera, pero yo creo que para Brasil y América Latina, Lula sería una garantía democrática y de moderación. El candidato que marca segundo en las encuestas, Jaid Bolsonaro, es un hombre de extrema derecha, ese sí que es un peligro para la democracia. Es un hombre que apoya todavía al gobierno militar, muy conservador, muy extremista.

Mencionó la “judicialización de la política” o la “politización del sistema judicial”. En un contexto en el que la liberación de Lula depende de la voluntad de un juez, ¿cómo se entiende este ir y venir de la justicia brasilera?

Yo tengo la impresión de que, de una u otra manera, el fenómeno que estamos observando es que los conflictos políticos se trasladan a la justicia. Lo del domingo es la prueba más evidente. Sobre una misma petición -de habeas corpus-, hay dos opiniones diametralmente distintas en la misma corte. Un ministro acogió el habeas corpus y ordenó la liberación de Lula, y el presidente del mismo tribunal resolvió lo contrario. Eso significa que el Poder Judicial también está encontrando muchas dificultades para operar con claridad, transparencia, ecuanimidad. La reacción de prensa es que este juez lo lideró porque es partidario del Partido de los Trabajadores (PT) (…) Cuando el Poder Judicial es visto como una instancia política, eso hace que las bases de la democracia se vayan socavando. Yo no digo que en Brasil no haya democracia. Hay democracia, se respetan las libertades, hay instituciones, pero hay una cierta crisis de las instituciones que está alcanzando al Poder Judicial.

¿Cómo impacta en Brasil, y más específicamente en el pueblo brasilero, la prisión de su figura más reconocida y más respaldada de cara a las elecciones de octubre?

La respuesta más evidente es la que dan todas las encuestas de opinión: Lula sigue teniendo un respaldo muy fuerte. Es la figura política más apreciada, a pesar de que en Brasil haya un cierto monopolio de la prensa, sobre todo de la televisión -que es controlada por sectores muy conservadores-, que en general es muy anti lulista y anti PT. El bombardeo de opinión pública sobre Lula en los últimos años ha sido formidable. En la principal red de televisión brasilera creo que vi a Lula dos veces en dos años. Y los ataques a Lula eran diarios en todos los noticieros. A pesar de eso, Lula sigue siendo la figura política más popular.

¿La condena le jugó a favor o en contra de su popularidad?

Por lo menos las encuestas que hoy he visto prácticamente no tuvo una incidencia. Los números siguieron siendo más o menos los mismos, quizás un poco mejor, pero no diría que espectacularmente mejor. Lula está en 32 o 33 por ciento en primera vuelta, enfrentado a una docena de precandidatos. En segunda vuelta, que es lo más interesante, cuando pones a Lula contra Bolsonaro, Lula supera a todos por un margen de 20 puntos. No hablamos de los 5 puntos con los que se dijo que había habido una victoria espectacular de Piñera acá en Chile.

En medio de todo el revuelo se ha visto algo de participación de las Fuerzas Armadas. ¿Cuál ha sido el papel que han ocupado en medio de esta crisis?

Desde la transición democrática en Brasil, las FF.AA. se han abstenido bastante de incursionar en política, pero durante este año ha habido un par de manifestaciones inquietantes. Una fue una declaración del Comandante del Ejército, que dio una opinión el día antes de que hubiera un dictamen muy importante de la Corte Suprema. No tenía que ver directamente con Lula, sino que con cambiar la doctrina que la propia Corte instaló para que se puedan comenzar a aplicar las penas después de una segunda instancia. A juicio de los abogados de Lula y de la mitad de la Corte Suprema, las penas se comienzan a ejecutar una vez concluidas todas las apelaciones. El día previo a la votación, un momento sobre el cual había mucha expectación, el Comandante en Jefe del Ejército hizo una declaración que fue interpretada como una apelación para que no se favoreciera a Lula en el dictamen de la Corte. Esa fue primera vez, pues en muchos años no había habido una intervención tan directa de las Fuerzas Armadas en un debate político. Al día siguiente salió una declaración del Comandante en Jefe de la aeronáutica brasilera, en un sentido distinto al del Ejército.

Pero constituyen episodios aislados…

Hasta ahora han sido episodios no más, pero son episodios que deben llamar a la preocupación pública, porque estos asuntos uno no sabe cómo terminan. Esto tiene que ver con una expresión de una cierta crisis de sistema político que no encuentra todavía un canal de superación. La vía de solución que es una elección abierta y legitimada por todos los sectores en octubre genera un nuevo clima político. El gobierno de Temer tiene un apoyo mínimo. En broma se dice que el apoyo está en el margen de error. Tiene 3, 4, 5, 6 por ciento, y una reprobación sobre el 80 por ciento. Es visto como un gobierno que es fruto de un cierto origen ilegítimo. El Congreso que está en funciones, tengo la impresión de que un 30, 40 por ciento de sus miembros tienen algún inicio de proceso con temas vinculados a la corrupción. No digo que sean todos culpables, pero por lo menos están siendo investigados por la Fiscalía y algunos de ellos con petición de apertura de juicio. La crisis política ha sido severa y la elección de octubre debería ser un momento de inicio de superación, pero sin Lula tengo la impresión de que va a ser una elección que muchos sectores verán como ilegítima.