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Sin nostalgia, con vergüenza

Wilson Tapia

Las revelaciones acerca de la muerte del José Tohá me provocaron una sensación extraña. Una mezcla de impotencia, rabia, vergüenza y escepticismo. Imaginarlo con su 1,92 m, pesando apenas algo más de 40 kilos, me hizo trasladar a los años setenta. Opté por recordarlo con su sonrisa siempre abierta.  Con su decisión permanente a dialogar.  Con su socialismo de hombre de Derecho atildado. Con su convicción de que el mundo mejor podía venir por las vías institucionales. Con su inclaudicable compromiso con los pobres, con el pueblo.  Sí, ese pueblo que hoy ha sido transformado en “la gente”, porque parece un adjetivo menos peyorativo.

Estaba en eso cuando me bajó la impotencia. Sentí, una vez más, el escalofrío de la derrota. Sobre ello, la tremenda frustración de no haber podido hacer más. De tener conciencia que fuimos arrinconados en una guerra de trincheras en que hasta imaginar la quimera de la victoria era “en la medida de lo posible”. Y me inundó la rabia.

Recordé al personaje correcto que conocí cuando yo era un periodista incipiente y él, director del diario Última Hora, en cuya jefatura de Redacción estaba Augusto Olivares. Pero se sobrepuso la imagen de este ser famélico, torturado, ansioso, recluido en el Hospital Militar.  Allí estaba bajo la mirada del sibilino Dr. Patricio Silva Garín. El mismo que cuando se llevaron a Tohá a la Fuerza Aérea para torturarlo, le negó un valium. “¿Para qué dárselo? -le diría después a su esposa, Moy de Tohá- si al final se le iba a pasar igual el efecto, y los políticos tienen que afrontar toda su responsabilidad”. Este es el mismo carajete que aparece involucrado en la muerte del ex presidente Frei Montalva, su amigo.

Y después me imaginé a Tohá ya desnutrido, siendo torturado, escarnecido por un grupo de truhanes que habían estado bajo su mando de ministro de Defensa, en la administración del presidente Salvador Allende. A quien muchas veces debieron rendirle honores en su calidad de vicepresidente de la República, cuando era ministro del Interior y reemplazaba al jefe del Estado. Creí percibir su angustia, su impotencia frente a la perversidad de sus captores. Pensé en el miedo que deben sentir los torturados ante la inminencia del dolor ya conocido y, por lo mismo, más insoportable. Ante la manipulación del momento de la muerte para que ésta, con su capa de equilibrio, se retrase hasta extraer una última gota de dignidad. Imaginé la saña con que trataban a ese cuerpo esmirriado.  Como montaban una grotesca pantomima de suicidio, cuando las huellas de estrangulamiento manual estaban a la vista. Y ahí empecé a sentir vergüenza.

Pasaron 36 años y recién ahora se exhuma el cadáver para comprobar una verdad que se supo desde el comienzo.  El suicidio oficial había sido, en realidad, un magnicidio. Sentí vergüenza de que en mi país tengamos que seguir creyendo en esta Justicia que es en la medida de lo posible. Y que en esa medida no haya cabido el enjuiciamiento del sátrapa, del principal responsable de tanto crimen. El dictador asesino no pudo ser juzgado porque los dirigentes políticos tuvieron miedo, y los jueces -salvo honrosas y escasas excepciones- estuvieron, y están, más preocupados de su carrera funcionaria que de cumplir con su misión.  Y eso significa sumarse a la sensibilidad política del momento.

Sentí vergüenza de que a Chile lo represente en España el obsecuente servidor de la dictadura Sergio Romero. Y que los nativos de otras tierras deban reclamar por la presencia de tamaño personaje como embajador de una democracia. Sentí vergüenza porque otro funcionario del dictador, Jovino Novoa, haya llegado a ser presidente del Senado. Puesto al cual sólo pudo acceder con el acuerdo de todas las fuerzas políticas.

Soy escéptico de que se pueda lograr algo con las nuevas diligencia que se practicarán al cadáver de José Tohá. Y creo que esto no será sólo la consecuencia del tiempo transcurrido ni de la forma en que funcionan las instituciones chilenas. Es como reaccionan mis compatriotas.  Su memoria frágil resulta proverbial. Su apatía por el dolor que aún no sana es patética. Nuestro paso de una sociedad de ciudadanos a un conglomerado de consumidores es casi una ironía.

La reaparición de José Tohá en la escena noticiosa fue efímera. Más importante que la historia nacional era el fútbol o los problemas ambientales. Como si los triunfos deportivos bastarán para dar solidez a la tradición o los problemas del desarrollo se pudieran enfrentar sin identidad.

7 Comentarios

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    avatar Victor Rodriguez O. dice:
    Comprometido con su vocación ha puesto muy en alto el nombre de su profesión al convertirse en la voz de los que no tenían voz, al elevar su clamor frente al momento terrible que se estaba viviendo, al dar testimonio de las tremendas exigencias éticas de la profesión de periodista, muchas veces tan poco comprendida y valorada, por aquello truhanes vende patrias y asesinos que aun pululan como cucarachas.
    Agradezco a Ud. Estimado Wilson, disculpe mi osadía al referirme con soltura a Ud.;pero debo decir que leo sus artículos 30 años a lo menos y otra vez me he sentido impresionado, emocionado y también frustrado por este cruel asesinato del Vicepresidente de Chile don José Toha.

    EL LIBRO DEL CAPITAN
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    avatar LUCIANO dice:
    Porfiadamente la verdad se impone. No es necesario que hagan más procesos leguleyos, todos sabemos que José Toha fué asesinado y la verdad se ocultó burdamente. No es necesario que un Juez confirme lo que todos sabemos en este caso y tantos otros. Por tanto nuestra veguenza es aún mayor, por no haber hecho nada. Habemos porfiados que insistimos en que tanta muerte solo puede ser reparada haciendo realidad el ideario socialista chileno, por el que dió su vida José Tohá. Despierta Pueblo
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    avatar mario dice:
    estimado wilson, realmente cuesta mucho hacer comentarios acerca de tu columna, me encuentro entre aquellos que tubimos la gran suerte de conocer a personajes tan especiales como don José toha, y creeme que al leer tus palabras se me agolparon los recuerdos de aquella epoca cuando los chilenos aún teniamos sueños y creimos en ellos. es tan dificil en estos dís que transcurren con tanta prisa y tanto afan por tener algo , que nadie sabe a ciencia cierta si nos será útil tener o no , recordar a ese hidalgo que fué j. toha , y tener la conciencia de que la vida valia la pena vivirla aunque fuese de una manera austera y carente de riquezas materiales , pues lo importante era la riqueza que cada uno de nosotros llevabamos en el espiritu, espiritu que nos permitió sobrellevar todas las atrocidades de las que muchos tubimos que sufrir, y que con el tiempo hemos sabido superar de una u otra forma , pero que al ver tanta poirquería actual nos hace sentir muy, pero muy mal , pues nos hace pensar en muchos momentos si valió o valdrá la pena el sacrificio por el que tantos pasaron y siguen pasando, no sé cuantos de mis compatriotas recordarán a don josé , yo sé que lo recuerdo y tus palabras me llenaron de alegría al ver de que hay otro que si lo recuerda y algo ha significado para él, gracias wilson por tu columna y espero no abandones la trinchera que has elegido, no estás solo habemos muchos que te acompañamos.
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    avatar Gustavo Carrasco dice:
    Don Wilson, vaya mi gratitud y admiración para usted y mi homenaje a los grandes que cayeron por tratar de hacer de Chile un modelo para un mundo menor. Como siempre su claridad de ideas, su sentido de la sutil ironía y la franqueza con que articula la realidad de nuestro país, me da esperanza de que no todo está perdido en esta sociedad de consumidores alineados. Son tan pocas las voces que aún se alzan en este reino de la desinformación y la oquedad del sinsentido, la superficialidad y la apatía en que se ha convertido nuestro Chile. No deje de iluminar la penumbra en que se ha convertido la prensa nacional.
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    avatar Felipe Valenz dice:
    Un artículo de sensibilidad humana que aporta una prueba mas de la "justicia" vergüenza crónica de Chile. Cuando veo los miembros de los representante gubernamentales del Chile "libre y democrático", dan ganas de vomitar.
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    avatar enrique dice:
    Quieren construir un pais de derecha, sobre los crímenes no resueltos, y aclarados de militantes de izquierda. Lo lograrán?
    La historia es implacable, en ese aspecto.
    Al abrir de soslayo los roperos, nos mostrará los cadáveres que cuelgan.
    Los asesinos reposan en las sombras, preguntandole a sus psiquiatras porque las conciencias se les ha muerto, porque son eso, seres sin conciencia que se desplazan en las penumbras.
    Los hijos de las victimas, votan, se alían, hacen pactos con esta derecha asesina y criminal.
    Dicen que quieren gobernar, nada mas falso, de lo que se trata es administrar este fundo o empresa que se llama Chile.
    Es burla del destino, que los descendientes de la izquierda, traguen las ruedas de carretas que les ponen en las bocas.
    Mucha agua correrá bajos los puentes, antes de que se seque la sangre de las victimas cuyo recuerdo nos clama justicia. Vendrá la justicia en forma de alternativa politica a esta derecha impecable y asesina?.....
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    avatar Michael Madison dice:
    Me parece que el estado de apatía cívica que usted señala, don Wilson, constituye la mayor y más auténtica derrota que ha sufrido el pueblo chileno a manos de la oligarquía y sus esbirros militares.

    Felicitaciones por su artículo.