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¿Quién se beneficia?

Columna de opinión por Antonio Infante
Jueves 8 de octubre 2009 19:17 hrs.


¿Quién se arriesga y quién se beneficia con el desarrollo de nuevos medicamentos?, particularmente cuando estos son aplicados a poblaciones sanas, como es el caso de las vacunas, por ejemplo, contra el virus que causa el cáncer cérvico uterino en mujeres, hoy promovida por una conocida actriz en nuestra televisión local.


Un reciente editorial del JAMA, una de las más prestigiosas revistas médicas del mundo, propiedad del Colegio Médico de Estados Unidos, alerta respecto a quién se arriesga y quién se beneficia con el desarrollo de nuevos medicamentos, particularmente cuando estos son aplicados a poblaciones sanas como es el caso de las vacunas. Para ello analiza la experiencia de la vacuna contra el virus que causa el cáncer cérvico uterino en mujeres, hoy promovida por una conocida actriz en nuestra televisión local.

Relata cómo esa vacuna fue recomendada por grupos de interés, financiados por la industria farmacéutica, un año antes de conocerse resultados alentadores respecto a su capacidad para prevenir la infección por virus papiloma, el causante de este tipo de cáncer, y mucho antes de conocer la magnitud de los efectos adversos que puede producir dicha vacuna.

En este caso se le recomienda a la población el uso de una vacuna con potenciales efectos preventivos y con una desconocida magnitud de efectos adversos, que podrá conocer su verdadero impacto en 30 0 40 años más, el tiempo que demora en manifestarse uno de estos cánceres.

Se hace la recomendación a población sana que hoy tiene a su alcance métodos eficaces, pero más incómodos para prevenir dicha enfermedad como son el papanicolau o la detección del virus papiloma.

La pregunta que hace la editorial va al centro del asunto. Quién corre los riesgos y quién se beneficia con la aplicación de esta vacuna y la respuesta es obvia. Se arriesga población femenina joven que podría eventualmente tener el cáncer en treinta o cuarenta años más y se benefician en lo inmediato los laboratorios productores de dichas vacunas y los grupos médicos asociados a ellos.

Quiero destacar la relevancia de este caso para nuestra salud pública actual. La estrategia publicitaria del mercado farmacéutico ha cambiado. Las novedades de la industria antes se promocionaban esencialmente a través de los médicos que hacían o no las recomendaciones pertinentes. Hoy las bondades de los nuevos fármacos y vacunas se anuncian agresivamente por los medios de comunicación, reforzando las recomendaciones que hacen médicos fuertemente influidos por los laboratorios.

El costo de estas novedades de la industria es muy alto, sólo al alcance de los grupos más adinerados, pero lo que se persigue es generar necesidades en la población de manera de transformar estas novedades en políticas públicas. En la masificación de las recomendaciones está el gran negocio y eso sólo se consigue generando necesidades a través de la propaganda, disfrazada de campañas de bien público, que difunde sólo los beneficios y para nada los riesgos a los que se expone la población.

Creo que el Ministerio de Salud tiene en este sentido un rol importante. Así como debe estar atento a los problemas de salud  emergentes, tiene que preocuparse de proteger a la población de lo que puede ser una publicidad engañosa, que aprovechándose de la enorme asimetría de información en los problemas de salud, recomiende soluciones que todavía no es claro si reportan más riesgos que beneficios para las niñas chilenas. Lo primero y urgente es regular esta publicidad.

Así como se hizo con el cigarrillo, es esencial que la población conozca los riesgos y beneficios de lo que se recomienda y que no se enfrente ingenuamente a lo que promueve, a través de bellos rostros y pseudos campañas benéficas, una industria que antes que nada quiere maximizar sus beneficios económicos.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.