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Vivian Lavín A.

Los ausentes

Vivian Lavín A. | Martes 25 de mayo 2010 12:21 hrs.


Hace un par de años, nos quejábamos en esta misma tribuna cuando Michelle Bachellet en su discurso presidencial del 21 de mayo, se refirió sólo en 120 segundos en su más de hora y media de alocución al tema de la cultura. En el 2010, en el año del Bicentenario, el actual Presidente Sebastián Piñera sólo dijo la palabra “cultura”, pero no consignó anuncio alguno. Es decir, se refirió al tema no más que un par de segundos. Esto puede hacernos pensar que éste no es un tema de la agenda presidencial, lo que es acertado porque no está dentro de los siete ejes que ha señalado en su carta de navegación. Pero también puede llevarnos a pensar que al recibir esta cartera se encontraron con un panorama tan desordenado que no les ha permitido dentro de las emergencias plantearse cuáles serían las grandes obras a desarrollar durante su mandato. La gestión anterior se caracterizó por investigaciones en Contraloría pero también por la entrada y salida de múltiples funcionarios a cargo del Consejo del Libro y la Lectura, por ejemplo, que terminaron prácticamente por paralizar la gestión de uno de los brazos más determinantes del Consejo Nacional de la Cultura y de las Artes. Si esto lo tomamos como una explicación, se entiende porqué la cultura fue uno de los ausentes del discurso presidencial.

Lo que no logra entender es el otro gran ausente: la omisión a los jóvenes, a quienes ni siquiera nombró. ¿Cómo se puede entender que un Presidente que proyecta sus principales ejes más allá incluso de los alcances de su propia administración, no haya hecho un homenaje a quienes fueron los primeros en reaccionar y partir en ayuda de los chilenos que resultaron damnificados por el terremoto? Las imágenes son más que elocuentes, ya no se requiere de intérpretes de lo sucedido. El video de la ONEMI de la madrugada del sábado es revelador. La confusión total que reinó en las primeras horas en las altas esferas de gobierno y la desinformación y descoordinación que duró durante varios días, son pruebas contundentes. El contraste adquiere ribetes dramáticos cuando se analiza el comportamiento de los jóvenes que llegaron mucho antes que las Fuerzas Armadas a las zonas siniestradas. Sin embargo, para ellos no hubo aplausos ni mención en el último discurso presidencial. No hubo referencia alguna a adolescentes que no superan los 17 años de diversos establecimientos privados y públicos que partieron con lo puesto pero con las manos llenas de energía para ayudar. Mientras, los universitarios hacían lo propio desde instancias más organizadas como la FECH o el techo para Chile, ¿cómo se construyeron las mediaguas sino con su ayuda? Esta es una manera muy dura de enseñarle a las nuevas generaciones lo que ya denominamos “ el pago de Chile” y una muy mala señal para un Presidente que dice ser de todos los chilenos.

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