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Luis Osorio

El diálogo con el gobierno en tiempo pasado, presente y futuro

Luis Osorio | Lunes 29 de agosto 2011 11:35 hrs.


El movimiento social que ha tenido como componente principal las demandas por la educación, y a la que de manera natural se han ido integrando otras demandas siguiendo una lógica que en lo vinculado con lo social todas las áreas son conexas y no fluyen de manera independiente. En el título se habla de pasado, presente y futuro, sin embargo, la perspectiva más importante es cómo el presente responde al futuro y respecto al pasado se trata de reconocer que las estructuras diseñadas hace más de 30 años son cuestionadas y deben ser transformadas de raíz para atender el tiempo futuro. Esto se argumenta porque en la actualidad son los jóvenes quienes están manifestándose ya que les preocupa su presente y a la vez quieren construir un futuro diferente.

Por otra parte las estructuras hoy vigentes fueron la resultante de la destrucción de un país que concebía un avance importante hacia un Estado de justicia social, que de haber seguido su curso hoy no estaríamos insertos en un Estado de desigualdad aguda.

Además, estos jóvenes que han despertado inquietudes en amplios segmentos de la población de estratos sociales diferentes y de diversas edades, están plenamente consientes del origen de los problemas actuales y además sus padres pertenecen a una generación que dentro de poco tiempo van a ir viviendo las consecuencias de un bajo nivel de sus pensiones, todo un sistema que se construyó entre los años 1973 y el 10 de marzo de 1990 con sus ideólogos que hoy residen en La Moneda.

No hay lugar a dudas, como algo adicional, que el movimiento surge de un descontento con la clase política conformada por los gobernantes actuales y quienes ocupaban el poder hasta casi un año y medio, el motivo es su nulo accionar por producir cambios. La expresión de disconformidad ha sido variada y diferenciada en el tiempo dentro del actual gobierno, haciéndose notar conflictos regionales y nacionales, todos los cuales dejan ver que hay una estructura del país aún enraizada en tiempos de dictaduras y cuidadosamente conservada en virtud de los acuerdos sellados durante 20 años. Tenemos un Presidente que no se puede desplazar muy tranquilo dentro del país.

Lo que se hace presente por tanto no se encuentra a nivel de un pliego de peticiones en el cual si se examina el cumplimiento punto por punto, el conflicto queda superado. Se trata de algo de mayor envergadura que no se puede desestimar y es una visión de sociedad diferente para construirla desde ya y que va en una dirección opuesta a la doctrina de la derecha. Entre otras cosas es el momento en que las acciones efectivas que terminen con la desigualdad se deben efectuar de manera rápida y que esta no sea una mera palabra utilizada en los discursos, tiene que haber claridad que necesariamente un cambio de este tipo repercute en el poder económico ya que no existe otra alternativa de terminar con la concentración de los dineros en unos pocos si realmente se quieren producir cambios trascendentales.

La Educación debe diseñarse de manera coherente con una transformación social que tenga metas bien precisas y algo que también se opone a las ideas de nuestros gobernantes es la necesidad de planear, no sirve dejar las cosas al arbitrio del mercado y navegando a la deriva.

Por años consecutivos, se ha legislado por una cifra de salario mínimo que se sabe que no alcanza para vivir, pero su monto “ayuda” a mantener el negocio de los empresarios pasando a segundo plano la relación normal de una concepción civilizada en que se debe partir por establecer con qué cantidad de dinero una persona puede vivir en forma digna, al momento de decidir dentro de la sociedad actual eso no tiene ningún valor ya que existe la costumbre en los gobernantes de “no casarse con compromisos” provenientes de la racionalidad pues se sabe que todo compromiso que se adopte va de la mano con una exigencia de su cumplimiento.

La sociedad actual que está en la mente de los gobernantes en muy sigilosa y egoísta, ya que de modo estratégico dejan planteada cosas para efectos comunicacionales como lo es la postura de una educación de calidad, pero el término queda colgando de las nubes, ya que en ningún momento se quieren comprometer con algo tan trascendente como lo es el detalle de lo que significa calidad, por ende descansan en la ambigüedad. Luego viene el engaño de la creación de una institucionalidad para asegurar calidad y de manera oficial lo único que establecen es la garantía de un estándar mínimo de calidad y que en esos términos no se asocia a la idea de la “igualdad de oportunidades”.

Pero la visión de la necesidad del cambio de la estructura social no parte desde el año 2011, sino que era una aspiración que data del año 1990, las justificaciones de los anteriores gobernantes sobraban para tomar una senda diferente. Muchos de ellos sufrieron en el tiempo una transformación de sus pensamientos a lo cual se suma los cambios mundiales que terminan con el concepto de una sociedad socialista, y se suma los beneficios que les va proporcionando a cada uno en lo individual el modelo creado por la dictadura, en ningún momento se les ocurre la posibilidad de crear una sociedad diferente, no estoy hablando de socialismo pero sí de aquella sociedad alternativa que surge de la creatividad, de el ponerse en el lugar del otro, de considerar la esencia del ser humano como personas que tienen necesidades comunes y del punto al cual nos ha llevado la forma de vida de varios años que es el futuro de las personas condicionado por el medio del cual proviene. En ese estado mental de naturaleza conservadora, logran aunar acuerdos con la derecha la cual se muestra congraciada al ver que sus intereses como poder económico no están afectados. En los tiempos actuales la derecha en el gobierno y sumergida en crisis recurre a culpar a los gobiernos anteriores que sin lugar a dudas la tienen, pero no se muestran leales a los favores que se les concedieron para garantizarles la permanencia de su modelo.

Lo anterior tiene el efecto que va quedando algo latente y pendiente en el país, proveniente de la cualidad de quienes han estado en el ejecutivo y en el parlamento que con una concepción egoísta del ser humano ubican en primer lugar la garantía del bienestar individual y en una categorización inferior el bienestar del colectivo. Cuando se han elaborado políticas de bonificaciones hacia los sectores más vulnerables, se han barajado cantidades que no superan los $1.500 pesos diarios por persona y nunca se han abordado las políticas de manera integral bajo un prisma social atendiendo a la realidad de muchas familias que no tienen vida digna. El promover el endeudamiento no es una figura que dignifique a las personas, es un hecho que genera agobio.

Es aquí donde se empiezan a manifestar ciertos ciclos de movimiento social que surgen en tiempos muy específicos. Si consideramos un supuesto “período de gracia” de la concertación en los primeros 4 años de gobierno por el hecho de venir saliendo de la dictadura, en el año 2006 un niño que había ingresado el año 1995 a primero básico a esa altura ya había salido de cuarto medio y por tanto pasó por toda la vivencia de una educación deficiente. Ese ciclo se encuentra marcado por el movimiento de los estudiantes secundarios. Nunca hubo una discrepancia de ningún sector respecto a que la Educación efectivamente era deficiente. La concertación ya había pasado por un lapso de tiempo suficiente para exhibir logros de mejoramiento en la materia, ya que 12 años es el tiempo ideal para cerrar un ciclo de mejoramiento en la Educación, pero sencillamente no se experimentó ninguna transformación ni siquiera superficial. Sin embargo, lo que sí ocurrió y ello como algo que no admite refutación, es que en todos esos años personas de la concertación tenían ya bastante avanzados sus negocios en ese rubro y por tanto en este tema a esa altura ya se les producía conflicto de intereses, ni más ni menos que con la propia Ministra Jiménez.

En las condiciones anteriores las “soluciones” pasan del ejecutivo al legislativo y dentro del ámbito de los acuerdos entre concertación y derecha. En estos temas y la situación imperante hasta el día de hoy tienen responsabilidades perfectamente equilibradas  ambos sectores, por lo cual el gobierno de Piñera no puede lavarse las manos en estas materias ya que incluso lo obrado en el gobierno anterior nutre su programa de gobierno en la parte sobre Educación.

Pero en la actualidad el problema es mayor, el movimiento del año 2006 no tuvo respuesta. Los temas actuales no se resuelven con proyectos de ley, ya que se ha puesto en el tapete las definiciones previas de qué sociedad queremos construir para el futuro y que de manera obvia no es la de los últimos 38 años. Se trata de una sociedad que no puede esperar un rediseño para más adelante, ni ir al ritmo de los ciclos eleccionarios. La construcción del futuro debe estar guiada de manera principal por los más jóvenes, ya que cuando en forma genérica los discursos presidenciales reconocen deficiencias en distintas materias, es un signo de mala gestión, no basta estar exhibiendo cifras de transparencia ya que éstas no resuelven los problemas. Cómo vamos a entregar la responsabilidad de construir futuro a quienes son beneficiarios directos de una sociedad marcada por la desigualdad y que durante años si lo hubieran querido podrían haber liderado los procesos de cambios.

Por tanto, la antesala de lo que podría ser un diálogo o encuentro con el Presidente de la República, está precedida por expresiones de descontento que no tienen comparación con movimientos por lo menos de las 4 últimas décadas. Sería una apreciación muy sesgada de la autoridad pensar que ellos son representativos de la mayoría del país y no reconocer que están en los puestos que ocupan por circunstancias históricas especiales en que rápidamente quedaron desacreditados. Se agrega que han ido produciendo junto a la tozudez que los caracteriza, ataques de desprestigio hacia los sectores amplios que se levantan como sus detractores y atraviesan la gran dificultad que no pueden levantar un gobierno fluido porque la ciudadanía tiene orientación diferente.

En lo más reciente el gobierno trató de bajar el perfil de la movilización del día 24 y 25 de agosto dando cifras de adhesión bajas, sin embargo, es conveniente que la autoridad no saque cuentas tan alegres ya que hay muchos chilenos que no pudieron asistir a las movilizaciones, por distintas razones todas legítimas: el temor al despido, la forma de gobernar que propagan el miedo como forma de control y la actitud de someter a los trabajadores a un régimen carcelario en el cual cada cierto tiempo se debe contar a los reclusos por sí no se ha arrancado alguno. Esta es la democracia que estamos viviendo y de la cual la Ministra del Trabajo no se puede vanagloriar.

Se explota mucho la manifestación violenta que en forma minoritaria hacen de estas jornadas de movilización unos pocos y que los medios de comunicación le dan vuelta en forma reiterada para dejarlo grabado en la retina de los ciudadanos. La violencia en sí es realmente es deplorable, sin embargo, nunca hacen un recuento histórico respecto de la evolución histórica que ha tenido la violencia en el país y las causas que las producen.

Sólo por señalar un período de tiempo bien acotado, desde el año 1970 en adelante no ha habido un solo año sin violencia. A la derecha le corresponde el uso de una gran cuota de ésta para conseguir sus objetivos, se trataba de una violencia cuidadosamente planeada y con uso de recursos del Estado, el modelo social que existe en sus principales ámbitos se impone por la vía armada, son las fuerzas armadas las que resguardan su implementación. Esta es la violencia política que da las bases de una doctrina inserta en el actual gobierno y que siempre se ha protegido en un Estado policial que apunta su accionar favoreciendo a un sector bien determinado, se trata de la violencia institucional que utiliza la infiltración y el encendido de chispas cuando lo desean.

La otra mirada de la violencia viene desde un examen a las características del ser humano y su inserción en la sociedad, de características como las que de alguna manera se han ido describiendo a través de este análisis. Así como hay personas que orientan sus inquietudes hacia las ciencias, las letras, el arte, etc. y otras ramas del conocimiento, hay personas que se han formado dentro de conductas agresivas las cuales se traducen en actitudes violentas y que causan daño a los demás. Se puede hablar de una vocación de violencia, la cual se canaliza en algunos casos por el ingreso a las ramas Fuerzas Armadas y policiales. Con esto la presencia de uniformados en la calle, instala de por sí una porción de violencia y de temor en quien no es violento, además de posibilitar que con solo una “pequeña acción” pueda dar lugar a una “reacción” de grupos que ni siquiera están articulados, pero se les produce la “ocasión” como oportunidad de ejercer actos de violencia la cual es una conducta muy maniobrable.

Aunque se trata de un segmento mínimo de la población que tiene estas características, los resultados se aprecian en situaciones de violencia intrafamiliar, en acciones de tipo delictivo con uso de métodos violentos, en eventos deportivos de concurrencia masiva, y, se adosan a manifestaciones donde se expone el descontento hacia estructuras sociales que plantean transformaciones profundas. Se añaden elementos que exacerban estas conductas como lo son el alcoholismo y la drogadicción. Una característica común de estas personas es que por lo general son jóvenes, postergados socialmente, provenientes de grupos que siempre han sido marginados y de bajo o nulo nivel educacional. Actúan aprovechándose de ocasiones donde pueden dar “rienda suelta” a sus impulsos sabiendo que no van a perder nada, pueden constituirse como lumpen a favor de intenciones premeditadas por aparatos represivos o bien actuar de manera independiente en el contexto en que se produce una aglomeración personas.

Otra forma que lleva a las conductas violentas pero que no han sido parte de los movimientos sociales actuales, es la existencia de grupos armados de tendencia política y eso en estricta respuesta a la forma en que los sectores de derecha se aprovechan de una protección y ejercen la represión con uso de los organismos armados de tipo institucional y que no tienen un actuar de tipo neutral. Mientras las fuerzas armadas y policiales estén alineadas con la derecha, no hay nada que impida que surja esta corriente violentista, sin embargo, no veo que esta sea una alternativa de estos tiempos porque el movimiento lo lleva de manera principal una generación que sencillamente quiere lo mejor para el país.

Al momento de oponerse a la violencia, no se pueden dejar de tener en cuenta todos los elementos expuestos. También una vez más entra a ser determinante el rol de la Educación y la transformación social. La Educación debe tender a una sociedad justa, en que no se incentive la vocación violenta y las causas que la producen; una sociedad sin desigualdades que no incentive frustraciones; una enseñanza que ponga en crisis el interés por la vocación violenta; esto es parte de lo que se llama el cambio de paradigmas.

De esta forma me parece una lección importante de los sectores que impulsaron el movimiento social por la Educación, estudiantes y profesores, de aceptar la concurrencia a La Moneda, pero también el gobierno tiene que entender que lo que está en juego es futuro, a partir de un presente muy especial que reivindica aspectos trascendentes para la historia y que  pone en entredicho toda la institucionalidad vigente desde la época de Pinochet. Se escucha a nivel de gobierno sugerencias por esperar las próximas elecciones, sin embargo, hay momentos en que no se debe ir tanto por lo formal y es preciso dar vueltas las páginas de la historia en forma más rápida, con ello no estoy hablando de un pueblo alzado en armas, sino que de una salida totalmente pacífica producto de un proyecto que ya demostró que es inadecuado y otro que se quiere levantar desde ya. El gobierno tiene que evaluar si se hace cargo de una visión que no le pertenece o como he dicho en otras oportunidades, prepara el terreno para el paso al costado. Esta es la fórmula de la vuelta a la normalidad amparada en el reconocimiento de una clase política que ya cumplió su ciclo. En concreto será una Asamblea Constituyente, una elección anticipada, la convocatoria a un grupo de impulsores de una nueva institucionalidad, etc. por ahí va la solución, a esta altura el futuro no puede tener cimientos en el pasado y en marcos legales conservadores, seguir legislando en aspectos trascendentales que son partes de un conflicto no significa proyección a futuro sino ocupar tiempo en cosas que van encaminadas a desaparecer.

Se debe tener en cuenta que en el Chile del futuro la clase política actual ya no va a existir, pero los jóvenes que en estos momentos se preocupan de una patria mejor tampoco quieren que la autoridad de ese tiempo sean los herederos de esta clase que hoy se le identifica como nefasta. Esto es lo que debe entender el Presidente de la República y sus acompañantes.