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Julio Hurtado

Viejos símbolos versus nueva riqueza

Julio Hurtado | Lunes 24 de octubre 2011 17:09 hrs.


Escondidas por las pautas de los grandes medios (que en vez de informar, construyen realidad), varias noticias pasan casi desapercibidas. Esta situación que se arrastra desde hace mucho tiempo, desde que los gobiernos que sucedieron a la dictadura, inexplicablemente, se negaron a apoyar a los medios independientes que jugaron un papel fundamental en el retorno a la democracia.

Hoy el tema es el violentismo, lo cual constituye la noticia uniformemente pauteada en casi todos los medios de comunicación, lo cual tiende un espeso velo sobre la realidad,  que impide ver ciertos hechos que atentan contra el patrimonio en nuestras ciudades.

Es así que en el poblado de Isla Negra, orgullo de los chilenos, por ser el lugar de la más importante y famosa residencia del poeta Pablo Neruda, se construirá un conjunto de edificios, casi rodeando la casa del poeta. Por otro lado, para dar paso a un negocio inmobiliario se demolerá un conocido e histórico restaurant de la calle Providencia, El Parrón, con más de medio siglo de existencia en el mismo lugar, lo cual lo ha llevado a ser una referencia social y cultural de la comuna y la ciudad. También vemos que en la ciudad de Valparaíso, patrimonio de la Humanidad, en el muelle Barón se pretende hacer un mall, rompiendo un paisaje y un lugar tradicional del puerto.

Es curioso lo que sucede con estas iniciativas, ya que su éxito comercial significa la desaparición del bien que estaban vendiendo. El éxito en la construcción de edificios en un lugar tranquilo, hermoso y poético, significa la destrucción de aquellas características. Lo mismo sucede con el éxito del edificio en Providencia y el mal en el muelle Barón, iniciativas que dañaran las características histórico-patrimoniales de esos lugares, que paradójicamente se invocan para hacer el negocio.

Estos casos, destructores de la ciudad, se producen o porque la decisión la toman solo los privados en aras de sus intereses; o bien porque el sector publico no tiene opinión ni capacidad técnica acerca de los valores patrimoniales; o porque las autoridades están absolutamente subordinadas a las iniciativas de este tipo (en función de la dinamización de la actividad económica); o porque no poseen  los instrumentos legales; o quizás, todas las anteriores.

Si nuestra clase empresarial, y elite en general, tuvieran que actuar en una ciudad como Buenos Aires seguramente ya habrían convertido al café Tortoni en una sede bancaria, el obelisco estaría rodeado de letreros comerciales y Caminito estaría rodeado de altísimas y feas torres de edificios. Curioso  comportamiento de nuestras elites económicas y políticas (muy confundidas en estos momentos), ya que con su avidez por la ganancia inmediata, a costa de los valores urbanos y patrimoniales, matan permanentemente la gallina de los huevos de oro.

Quizás la razón de tanta miopía para este comportamiento depredador respecto a las ciudades, esté dada por el hecho que las actuales elites, las más poderosas, no tienen la tradición histórica y republicana. Es la nueva camada de empresarios, surgidos al amparo de la dictadura, a quienes los aspectos culturales y patrimoniales no les importa nada, y a quienes no le preocupa que, debido a su acción, nuestras ciudades sean más pobres patrimonialmente y por lo tanto, mas segregadas.