Diario y Radio Universidad Chile

Año XIII, 21 de octubre de 2021

Escritorio MENÚ
Hiram Vivanco Torres

El liderazgo de la U. de Chile en la formación de profesores

Hiram Vivanco Torres | Viernes 1 de junio 2012 10:46 hrs.


Vemos con satisfacción que las autoridades gubernamentales y académicas están poniendo de relevancia el problema de la educación que, por mucho tiempo, permaneció relegado a un  segundo plano. Fue necesario que los jóvenes manifestaran su descontento para que la sociedad toda tomara conciencia de que el futuro del país descansa, más que en vistosos índices económicos, en la formación que deben recibir nuestros niños.

Al encarar un desafío como el que enfrentamos, se corre el riesgo de construir sin mirar al pasado que, con buenas y malas experiencias, constituye un acervo que no podemos despreciar.  Es esta consideración la que nos mueve a hacer una breve recapitulación de lo que ha sido la formación de los profesores en Chile.

En nuestro país, la formación de profesores de educación secundaria se inició en agosto de 1889 con la fundación del Instituto Pedagógico en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile. Su verdadero gestor fue Valentín Letelier. Hasta esa fecha los profesores eran personas que poseían conocimientos de alguna especialidad pero no tenían formación pedagógica, situación que en muchos casos aún persiste. A manera de ejemplo, de los 9.056 ‘personas’ que actualmente hacen clases de inglés en la enseñanza media en Chile, sólo 4.671 son profesores de inglés titulados.

Fue el reconocimiento de la necesidad de formar ‘educadores’ lo que motivó la creación de una entidad ad hoc dentro de la Facultad que tenía a su cargo la orientación y la supervisión de la enseñanza.  Al respecto, ante el empleo bastante relajado del término ‘profesor’, que persiste hasta nuestros tiempos, se hace necesario insistir en la distinción entre un ‘educador’ y un ‘instructor’.

La creación de este Instituto Pedagógico incluyó la incorporación de un notable grupo de profesores alemanes de reconocido nivel académico. (Ver Anexo 1).  Varios de ellos realizaron trabajos de investigación a título personal, aunque su misión, que cumplieron con creces, era la formación de educadores.

Paralelamente, los profesores para la enseñanza primaria se formaban en las Escuelas Normales, de las que egresaban maestros de reconocida vocación pedagógica. La primera Escuela Normal se fundó en 1843 bajo el liderazgo de Domingo Faustino Sarmiento. En 1854 se creó la primera Escuela Normal para mujeres.

Por mucho tiempo, el Instituto Pedagógico fue el único centro destinado a este fin que existió en Chile. De él egresaron dos futuros Rectores de la Universidad de Chile, Juan Gómez Millas y Eugenio González Rojas, el Rector de la Universidad Técnica del Estado, Horacio Aravena Andaur, el primer Rector de la Universidad de Concepción, Enrique Molina Garmendia.

Con la creación de la Universidad de Concepción en 1919 surgió otro importante centro formador de profesores. Si bien la Universidad Católica de Chile fue fundada en 1888, su Escuela de Pedagogía se crea en 1943. El año siguiente se forma el Instituto Pedagógico Técnico, dependiente del Ministerio de Educación, que pasó a integrar la Universidad Técnica del Estado en 1947. Su objetivo era formar los docentes para la Enseñanza Técnico Profesional.

En 1948 se comienza a impartir pedagogía en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile de Valparaíso. La Universidad Católica de Valparaíso crea la Facultad de Pedagogía en 1949. En la década de los cincuenta se crean las universidades  Austral de Chile (1954) y del Norte (1956), posteriormente denominada  Universidad Católica del Norte).

En los cincuenta y sesenta la Universidad de Chile extendió su alcance a todo el país mediante una red de colegios regionales, modelo que fue seguido por la Universidad Técnica del Estado y la Universidad Católica de Chile. La matrícula universitaria casi se triplicó: 20.000 en 1957 a 55.000 en 1967. En 1965 había 19 colegios regionales.

La situación cambió drásticamente en 1973. Las Universidades estatales sufrieron profundas reestructuraciones. A la Universidad de Chile se le cercenó uno de sus componentes esenciales y fundacionales, el Instituto Pedagógico, el que se transformó, primeramente en la Academia Superior de Ciencias Pedagógicas (D.F.L. N° 7, 17 febrero 1981) y luego en la actual  Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (1985). También se le amputó otra parte importante de su quehacer (Bibliotecología, Construcción Civil, Trabajo Social, entre otras carreras), el que se entregó a una nueva entidad, el Instituto Profesional de Santiago (IPS), que en 1993 se transformó en la Universidad Tecnológica Metropolitana (UTEM).

Del mismo modo, el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile de Valparaíso pasó a ser la Academia Superior de Ciencias Pedagógicas de Valparaíso (1981) y, posteriormente, la actual Universidad de Playa Ancha de Ciencias de la Educación (1985).

Similar suerte corrió la Universidad Técnica del Estado, transformada en la Universidad de Santiago.  Sin embargo, no se le privó de la formación de profesores.

Las sedes regionales de las universidades de Chile y Técnica del Estado se convirtieron en Universidades Regionales. Posteriormente, la Pontificia Universidad Católica de Chile adoptó la misma medida, separándose de sus sedes regionales, las que devinieron en universidades católicas independientes (con excepción de Villarrica).

Así, las 8 universidades existentes en 1980 se convirtieron en 25 instituciones, mediante la separación de sus sedes. (Consejo Nacional de Educación)

Entre 1981 y 1987 se autorizó el funcionamiento de 5 universidades privadas y 23 institutos profesionales.

Entre 1988 y 1989 se autorizó el funcionamiento de 17 universidades privadas y 34 institutos profesionales.

En los últimos dos meses previos al advenimiento de la democracia, entre comienzos de enero y el 7 de marzo1990, se autorizó el funcionamiento de 18 universidades privadas y 23 institutos profesionales. (Quedaron 6 en trámite).

El número máximo de entidades de educación superior se alcanzó en 1991, llegando a 303. (Como dato ilustrativo, podemos señalar que España tiene actualmente 75 universidades y 47 millones de habitantes, Argentina, 112, con 40 millones). En la página web del Mineduc se señala que actualmente existen 177 instituciones de Educación Superior: 60 universidades, 44 institutos profesionales y 73 centros de formación técnica. (Población de Chile estimada en 17 millones. (INE, CEPAL 2012))

En 1994, por iniciativa de la Facultad de Filosofía y Humanidades, la Universidad de Chile reasumió su responsabilidad histórica de formar profesores de enseñanza secundaria. Se comenzó con un programa algo modesto, dado los limitados recursos de la Facultad, el que, sin embargo, ha crecido paulatinamente y está acreditado por 7 años. De manera innovadora, a diferencia de lo que hacen prácticamente todas las demás universidades, el Departamento de Estudios Pedagógicos (DEP) entrega capacitación docente a quienes ya han obtenido su licenciatura en la Facultad De este modo se garantiza una sólida formación en la especialidad, que constituye un sello propio de los profesores egresados de la Universidad de Chile. Actualmente, también ingresan al DEP licenciados provenientes de otras facultades, principalmente de la Facultad de Ciencias.

De esta manera, la Universidad de Chile ha vuelto a cumplir con un aspecto esencial de su misión institucional, del que nunca debió haberse visto privada.

Nos preocupa la educación de nuestros niños y jóvenes. No queremos que se considere al niño sólo como un futuro engranaje eficiente de la máquina productiva.

Hombres visionarios como Valentín Letelier se preocuparon de esta situación hace ya siglo y medio.  Su pensamiento es retomado por Roberto Munizaga, cuando señala, anticipándose genialmente a lo que ocurre en nuestros días:

“La noción de una educación general ha comenzado a ser criticada en nombre de esa idea tan ambigua de la preparación para la vida que trata de determinarse mejor con el nombre, igualmente ambiguo, de educación económica.  (…)” (Munizaga, 1942: 21)

Frente a semejante posibilidad, la posición de Letelier es categóricamente humanista en el mejor sentido del vocablo.

“Una metáfora corriente, empleada sobre todo en la vida económica, reduce al hombre a un simple  <par de brazos>.  Pero el hombre –también los niños del pueblo, según la enseñanza de Pestalozzi–  son una unidad indestructible de cabeza, corazón y mano…  Digan los industriales, los comerciantes, los agricultores, cuanto quieran decir, en torno al tema de la preparación para la vida –entiéndase vida económica–  que estarán hablando su propio lenguaje y defendiendo sus propios intereses.  Pero el lenguaje de los maestros tiene que ser otro: defender la esencia humana en el niño y en el joven, tanto tiempo como las necesidades de la vida lo permitan.  De manera que la posición humanista de Letelier  –y no la economicista–  es la única que puede honorablemente sostener un maestro que no quiera ponerse en contradicción con la ética de su magisterio”  (Munizaga 1942: 22).  Estas palabras, pronunciadas en 1942, cobran vigencia 70 años más tarde.  Parece ser el sino de las humanidades.  Todos reconocen su importancia en lucidas piezas líricas.  Pero pocos le asignan la importancia que se merecen cuando se trata de llevar a la realidad la implementación de medidas que permitan cultivarlas, desarrollarlas y enseñarlas.

Es nuestro deber traer al primer plano cuestiones que nuestra sociedad actual ha relegado a la trastienda con la consiguiente distorsión de los valores humanistas y las nefastas consecuencias que se aprecian a diario.  Hacer conciencia de esta situación es una de nuestras tareas más difíciles, tanto más cuanto que la escuela no puede enfrentarse a un medio todopoderoso que bombardea a nuestra juventud con mensajes cargados de un mercantilismo pragmático alienante.

Recordemos las palabras de Ortega cuando plantea: “la escuela, como institución normal de un país, depende mucho más del aire en que íntegramente flota que del aire pedagógico artificialmente producido dentro de sus muros”  (Ortega y Gasset, 1930.)

El autor es profesor Titrular de la Facultad de Filosofía y Humanisdades y Senador Universitario.