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Año XIV, 4 de julio de 2022

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Expertos alertan que la sobreexplotación de recursos naturales generan las crisis económicas

La relación que se establece entre cambio climático y crisis económica no resulta sorpresiva. La extracción de recursos naturales es menester en muchas naciones y los resultados negativos ya pueden medirse en los balances financieros. Así lo asegura un estudio presentado en la última Asamblea General de Naciones Unidas que vaticina preocupantes cifras. Académicos concuerdan con la gravedad del asunto, pero advierten que números tan alarmantes podrían no estar dimensionando la complejidad del fenómeno.

Catalina Gaete

  Domingo 30 de septiembre 2012 10:23 hrs. 
sequia

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En julio pasado, la gasolinera ubicada entre las Avenidas Santa María y Bellavista, comuna de Providencia, interrumpió sus funciones regulares de manera sorpresiva: casi una decena de osos polares yacían en el piso. Simulando la muerte, estos activistas de Greenpeace se manifestaban contra la explotación y perforación del Ártico. La escena se repitió en otras ciudades del mundo, completando con alta resonancia mediática una nueva campaña para frenar la destrucción de áreas naturales.

El avance al parecer avasallador de empresas extractoras y distribuidoras de combustible no es casualidad en un modelo de desarrollo basado en los recursos fósiles, incluso ante la advertencia de su pronta caducidad y lo nocivo de su procesamiento para la naturaleza. La convergencia de todos estos elementos vincula de manera indisoluble al calentamiento global con la crisis económica mundial.

Así queda confirmado en el Monitor de Vulnerabilidad Climática, un estudio elaborado por la Organización Humanitaria DARA y presentado en la última Asamblea General de la ONU, en Nueva York. Según el documento, de no tomarse las medidas de mitigación requeridas, las consecuencias del calentamiento global serán desastrosas. Más 100 millones de personas morirían para 2030 y el crecimiento mundial, medido por el Producto Interno Bruto, se contraería en un 3 por ciento.

La relación que se establece entre el sistema económico y el cambio climático resulta acertada para Marcelo Mena, académico de la Escuela de Ingeniería Ambiental de la Universidad Andrés Bello. Al ser los ecosistemas una fuente agotable de productos y servicios,  “cuando los afectas empieza a disminuir lo que puedes producir de ellos. Si hay olas de calor, la cantidad de territorio disponible para producir disminuye, lo que causa que haya un aumento general de los precios”, señala el ingeniero, quien asegura que el ala económica de este conflicto “va a ser lo que causará mayor inestabilidad social”.

Una crisis económica galopante y las consecuencias innegables de la sobreexplotación de recursos naturales no se toman los planes de gobierno, según Mena, por una “falta de liderazgo político, ya que piensan en los próximos cuatro años y luego la reelección. No hay planes a futuro”. Sin embargo, son las “empresas reaseguradoras, las que pagan los seguros de las empresas aseguradoras cuando pasa algo como Catrina, las que saben a ciencia cierta que están pagando más y son los que menos dudan sobre lo que está pasando”, añadió.

El trabajo desarrollado por DARA, que mide en unidades económicas y sociales las consecuencias del calentamiento global y la contaminación, fue comentado también por el profesor René Garreaud, investigador del Departamento de Geofísica de la Universidad de Chile. El académico no entra en pánico con las elevadas cifras, pues “aparecen como muy alarmistas”, asegura.

Y agrega: “hay una gran incertidumbre en las proyecciones a corto plazo y con mayor razón a largo plazo. Entonces trasladar eso a estimaciones de vidas humanas me parece un ejercicio que está al borde de lo posible”, señaló, detallando además que “el sistema físico sobre el cual se sustenta este problema, que es la atmósfera y el océano, es tremendamente complejo y un informe que no reconozca esa incertidumbre ya tiene un sesgo y un problema de fondo en su construcción”.

Más allá de los números que dan cuenta de un futuro poco auspicioso, el calentamiento global, el cambio climático, la contaminación, sequías e inundaciones son acontecimientos del presente. Aunque Copenhague 2009 se comprometió con una lucha mundial para detener las nefastas consecuencias de la naturaleza sobreexplotada, reduciendo las emisiones de carbono, más nefasto resultó el fracaso de esta cumbre. Así, estudios como el Monitor evidencian la inacción que ha caracterizado a los gobiernos y potencias mundiales, algunas ya sumidas en profundas crisis económicas.

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