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Año XIV, 2 de diciembre de 2022

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El cáncer urbano chileno: automóviles y autoridades

Columna de opinión por Julio Hurtado
Martes 16 de octubre 2012 13:21 hrs.


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Se ha anunciado en Valparaíso, que en las plazas O`Higgins y Victoria se construirán estacionamientos subterráneos. Se trata de dos plazas emblemáticas, históricas y bellamente arborizadas, de la ciudad que hace nueve años fue declarada Patrimonio de la Humanidad.

Por otro lado, en uno de los espacios más bellos y republicanos de Santiago, también se están construyendo estacionamientos subterráneos. Nos referimos a la Plaza de los Tribunales de Justicia, en la calle Compañía y que está flanqueada por el edificio del antiguo Congreso Nacional, por el edificio de la Real Audiencia (actual Museo de Arte Precolombino, en restauración), por el antiguo edificio del diario El Mercurio, y por el Palacio de los Tribunales de Justicia.

Cabe preguntarse si ¿Será esta la única manera de restaurar una plaza que es un símbolo de la república? ¿Se debe recurrir a un negocio totalmente ajeno y poco digno? ¿No le parece una vejación, ya que nuestras autoridades están mezclando simbólicamente las instituciones básicas con los automóviles?

También ha sido entregado a los automóviles el rio Mapocho, el cual es símbolo y referencia natural de Santiago, que debería ser el parque de la ciudad de decenas de kilómetros de longitud y de centenas de hectáreas de superficie. Parque que podría haber unido la cordillera de los Andes (desde Lo Barnechea) con la cordillera de la Costa (hasta la localidad de El Monte).

Un parque que podría haber pasado por barrios consolidados y emergentes, por sectores ricos y pobres, por el centro de la ciudad, por zonas urbanas y rurales. Es decir, una maravilla. Pero, nuestras autoridades lo convirtieron en un torrente flanqueado por dos carreteras (negocios) urbanas concesionadas: la costanera norte y ahora, como si fuera poco el daño, la costanera sur.

Por otro lado, en los barrios de las clases medias, las calles y los jardines de los conjuntos habitacionales se han convertido, casi sin excepción, en cementados estacionamientos.

Frente a estas desconcertantes muestras de inoperancia e indiferencia de políticos y técnicos,ante la irrupción cancerígena del automóvil en nuestras ciudades, cabe señalar que  las autoridades no tienen incorporado ni el sentido estético, ni urbano, ni el  republicano, pero si el económico. Es así que ríos, plazas, jardines, se han convertido en carreteras y estacionamientos, en desmedro de hitos simbólicos y de lugares de juego y de recreación.

¿Qué tienen los alcaldes y autoridades en general que son tan permisivos con el automóvil; que son capaces de permitir la degradación de la ciudad para su uso indiscriminado?

Cabe señalar que esto sucede con autoridades de todos los niveles y de todos los colores políticos. Tal vez han visto en esta actitud de complacencia extrema, la posibilidad de reelección permanente o están fomentando un negocio- el de importación de automóviles y concesión de carreteras- que es muy grande, pero que beneficia solo a unos pocos. Mientras que la degradación de las ciudades nos perjudica a todos.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.