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Trata de personas y explotación sexual: Una realidad a la que Chile recién despierta

En 2011 se hizo pública la miserable situación en la que se encontraban 57 ciudadanos paraguayos que trabajaban ilegalmente en los fundos del empresario Francisco Javier Errázuriz. Este hecho puso en evidencia que la trata de personas en Chile es una realidad patente pero poco conocida. Prueba de ello es que recién en noviembre de 2012 se creó una brigada especializada de la Policía de Investigaciones para investigar y perseguir este delito.

Carolina Blanche Goldsack

  Domingo 10 de febrero 2013 9:02 hrs. 





La Organización de Naciones Unidas define la trata de personas como la captación, transporte, traslado y la recepción de personas, recurriendo a la amenaza o al uso de fuerza u otras formas de coacción. Esto incluye al rapto, al fraude, al engaño o abuso de poder de personas que se encuentran en situación de vulnerabilidad.

Este tipo de aprovechamiento lleva aparejado diversas formas de explotación sexual, trabajos o servicios forzados, la esclavitud o practicas análogas a la esclavitud, la servidumbre o la extracción de órganos.

Según la directora ejecutiva de la ONG Raíces, Denisse Araya, la trata de personas en Chile se sitúa en circuitos muy cerrados, como las víctimas, las policías o del Ministerio del Interior. Es por esto, aseguró, que la sociedad en su conjunto no se ha hecho cargo del problema.

Al respecto, la personera explicó que existen pocos estudios sobre la materia y que uno de ellos, realizado por Raíces, señala que el 74 por ciento de los niños de la muestra son víctimas de la trata al interior de nuestras fronteras.

En relación a la explotación laboral, Araya reconoce que ésta habría registrado un aumento considerable, sobre todo al interior de los fundos del sur donde la explotación se ha trasladado desde los trabajadores nacionales a los extranjeros, especialmente paraguayos, colombianos y peruanos.

Por otro lado, la especialista destacó que de todos los tipos de explotación, la más perjudicial es la de la trata de personas, ya que conlleva la pérdida del vínculo emotivo y territorial. En este sentido, hizo hincapié en que “la más dura es la trata, la que más daño le hace a los niños y a las niñas, porque los desarraigan completamente, los sacan de su lugar y los trasladan a otro espacio, entonces no tiene ya una red”

Respecto de la persecución del tráfico y la explotación tanto sexual como laboral, recién en noviembre de 2012 se creó un equipo especializado en este tipo de delitos. Se trata de la Brigada Investigadora de Trata de Personas de la Policía de Investigaciones (PDI), que aún no cuenta con unidades en regiones. Pese a esto, los 16 oficiales que la integran se ocupan de todo el territorio nacional.

El balance de la BITRAP, por lo tanto, es difuso. Al respecto, la comisario Cynthia Contreras de la PDI señaló que no existen cifras exactas del delito, pero aclaró que se trata de un ilícito que se extiende por todo el país. Al respecto, especificó que “somos una agrupación nueva, que empezamos a funcionar en noviembre. Por lo tanto no existen números aún. Lo que si sabemos es que los delitos afectan de Arica a Punta Arenas. En Arica, Iquique, en el sector norte. Y no sólo la trata de personas con fines de explotación sexual sino que también laboral”

La comisario aclaró que esta última es la menos vista, no porque no ocurra sino porque es menos evidente. Todo esto a menos que, enfatizó, las condiciones de techo y comida de los trabajadores ilegales sean extremadamente miserables y resulten difíciles de esconder.

Legislación y desafíos pendientes

Actualmente rige la Ley 20.503, que entró en vigencia 8 de abril de 2011 y que sanciona la trata de personas con fines de explotación laboral. Pese a esto, la directora de Raíces opina que Chile necesita renovar su política migratoria e instaurar un defensor de la niñez que proteja a los menores que son víctimas de trata y explotación sexual.

A su vez, la representante de la BITRAP de la PDI agregó que una de las tareas a futuro estará orientada a sensibilizar a la población, ya que se trata de delitos basados principalmente en la captación y engaño de personas: “una de las grandes barreras es que la gente no tiene conciencia del tema, y lo relaciona con la prostitución, y en verdad se trata de la vulnerabilidad de las personas” puntualizó.

En este escenario,  Chile se encuentra al debe no sólo en la investigación, persecución y penalización de estos delitos. Es necesario, además, un cambio cultural respecto de los migrantes, tal como concluyó la directora de la ONG Raíces: “Los hermanos que vienen a trabajar vienen a hacer un aporte, hay que verlo así. Y Tenemos que trabajar con la interculturalidad, ver que mapuches, guaraníes, todos estamos metidos en un mundo global, creo que hay que cambiar la visión, porque la verdad, y esto te lo digo muy sinceramente, da vergüenza ser chilena en ese sentido”.