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Año XIV, 4 de julio de 2022

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Dios mercado, ciudad condenada

Columna de opinión por Julio Hurtado
Jueves 4 de abril 2013 17:47 hrs.


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En el último cuarto de siglo, desde el termino de la dictadura, Chile ha vivido un notable proceso de crecimiento económico, el cual se ha reflejado, entre otras decenas de indicadores positivos, en que casi se triplicó el ingreso per cápita. También en estos años, hubo un record en inversión urbana, tanto privada como publica, que benefició a gran cantidad de  ciudades chilenas. Sin exagerar, la chilena debe ser una de las experiencias de cambio urbano, en tiempo reducido, más profundas del mundo, o al menos de América Latina.

Las ciudades chilenas cambiaron su perfil, su conformación espacial, sus modos de desplazamientos y movilidad, su cultura, etc. Así lo vemos, además de Santiago,  en  Puerto Montt, Temuco, La Serena-Coquimbo, Viña-Valparaíso, Copiapó y Antofagasta, entre otras. Ciudades en las cuales, pese a los recursos invertidos, en los hechos, se aumentó el caos, la segregación, la congestión, la inseguridad y la contaminación. En resumen, esta bonanza llevó a estas  ciudades al límite de ser inviables.

Paradójicamente,  nunca en la historia de Chile se han invertido tantos recursos en las distintas ciudades, como en los últimos 25 años, sin embargo, como nuca se han presentado tantos problemas, económicos, sociales, y culturales, vinculados a temas urbanos.

Caso emblemático es el de la vivienda social, en que después de una exitosa experiencia en que participan la comunidad, el gobierno, las empresas constructoras, la banca, cuantitativamente se baja considerablemente el déficit habitacional. Sin embargo, al considerar solamente al  mercado como el único asignador de recursos, los problemas sociales vinculados a la vivienda social, se han acrecentado y complejizado.

De esta manera, nuestro país perdió la gran posibilidad de haber construido ciudades más eficientes, hermosas y justas, en un periodo cuyas características de bonanza económica y estabilidad política y social es muy difícil que se repitan.

Para haber conseguido mejores resultados, habida cuenta de la gran cantidad de recursos involucrados, hubiera sido necesario complementar el papel del mercado con algunos grados de planificación urbana y de intervención del Estado. Lo paradójico es que eso se podría haber logrado, sin menoscabar la ganancia de las empresas.

Así habríamos tenido ciudades, con altos niveles de inversión, con menor segregación, respetuosa del patrimonio, con mejor arquitectura, menos congestionadas y menos contaminadas, en cuyo desarrollo y crecimiento, todos hubiésemos ganado.

Sin embargo, se optó por una adhesión ciega al ídolo del mercado, que en el caso de las ciudades ha demostrado ser absolutamente insuficiente, tal como lo refleja el permanente desajuste en el reciente desarrollo urbano de Chile.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.