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Año XIV, 3 de julio de 2022

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Ex líder “pingüina”: Al movimiento le hace falta tener conciencia que luchan por lo justo”

María Huerta fue una de las líderes de “La Revolución Pingüina” de 2006. Vivía en Puente Alto y estudiaba en el Liceo INSUCO 2. "Hemos estado más de 70 años en la misma dinámica y es terrible. Creo que no hay movimiento que aguante mantener un petitorio por tantos años y que sea, en el fondo, el mismo”, sostuvo.

Paula Correa

  Viernes 28 de junio 2013 21:24 hrs. 
huerta

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María Huerta fue una de las líderes de “La Revolución Pingüina” de 2006. Vivía en Puente Alto y estudiaba en el Liceo INSUCO 2. Durante las movilizaciones estudiantiles fue la encargada del Comité Político de la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (ACES), donde destacó por su dureza a la hora de plantear las demandas de los secundarios y llegó a ser conocida como “La implacable”.

Finalizado el movimiento con un acuerdo de reforma a la Ley Orgánica de Constitucional de Enseñanza (LOCE), la joven entró a estudiar Derecho en la Universidad Miguel de Cervantes, pero sólo estuvo dos años, hasta que perdió la beca política que obtuvo en su calidad de encargada de formación nacional de la DC. Pese al retraso que esto significó en su desarrollo, afirmó que al final, está agradecida que se la hayan quitado, porque con eso “salió de las tinieblas y volvió a la realidad”.

¿Cómo ves la reactivación del movimiento estudiantil que se dio el 2011? y ¿cómo evalúas su desarrollo?

Tuve la grata oportunidad de poder conocer a los dirigentes estudiantiles secundarios del 86 y creo que, al igual que ellos, hoy en día tengo esa sensación de que esperé por tanto tiempo que alguien pudiera poner en el tapete el tema educacional, y lo pusiera bien, que la gente escuchara y no dijera: ‘¡Hay estos cabros que de nuevo salen a romper las calles, que no quieren estudiar y aquí y allá!’. Entonces cuando veo lo que pasa el 2011 me alegro mucho.

No se puede tachar el movimiento de 2013, 2011 o 2006, porque hay que recordar que en los años 86, 72, 60 y 50, también hubo movimientos estudiantiles potentes, y si analizamos los petitorios de esos años, son extraña y horriblemente parecidos a los de hoy en día. Eso habla de que hemos estado más de 70 años en la misma dinámica y es terrible. Creo que no hay movimiento que aguante mantener un petitorio por tantos años y que sea, en el fondo, el mismo”.

¿Cómo viste el desarrollo del movimiento desde el 2011?

El 2011 marcó mucha trayectoria, aunque, al final, la gente en Chile es un tanto morbosa. ¿A qué me refiero?, a que habían figuras estudiantiles universitarias que llamaban la atención de mucha gente más que el petitorio en sí. Pero, sea por la media y la forma que sea, sirve igual, porque al fin y al cabo igual es importante tener dirigentes estudiantiles que sepan de lo que están hablando y que lo digan de una forma coherente, activa, no contradictoria. Sí, lo único que puedo lamentar del año 2011 es que siempre los estudiantes secundarios se quedan un poco debajo de la mesa, aunque sean ellos los que ganen las batallas o ganen las guerras, pero bueno, es típico también del movimiento estudiantil que los universitarios siempre van a tratar de utilizar más estos medios.

El 2012 estuvo un poco más pausado pero no por ello inerte o no visto. Y hoy día el 2013 creo que hay una gran oportunidad de poder seguir con el tema, ya que estamos en periodo de elecciones, todos están ofreciendo cosas (risas) y por tanto los estudiantes también tienen que ver la forma en la que pueda servirles a ellos en el sentido de poder recuperar espacios o de hacer peticiones que sean útiles.

¿Qué te parece la aparición de nuevas voces en comparación al movimiento de 2006 y el rol que han tomado actores como la CONFECH y el CRUCH?

Hay que analizar que la mayoría de los jóvenes de la movilizaciones del 2006 son los universitarios del 2011, y la persona que no lo quiera ver así o que no lo reconozca es porque no está entendiendo cómo se está moviendo el tema estudiantil.

Creo que esta alianza con el CRUCH sirve mucho porque hoy hay que tener alianzas con las personas que rigen la educación y quienes, de una u otra forma, ordenan tu casa. Es como las alianzas que también se hacían el 2006 con los directores de los liceos. Nosotros decíamos: ‘Entréguenos el liceo, lo vamos a tener tomado, no lo vamos a destruir, lo vamos a cuidar’. Se trata de ir haciendo alianzas donde uno también vaya cediendo dentro de lo que puede ceder.

A los secundarios hoy se les atribuye más violencia en su actuar que a los universitarios ¿qué opinión tienes de eso?

A los secundarios siempre se les ha criminalizado, además son los únicos que se atreven a salir a la calle sabiendo que no van a tener un resguardo. A pesar que hoy se me podría considerar universitaria, soy un poco más reacia o no me gusta mucho la figura universitaria que se tiene para salir a las marchas. Aunque hoy en día son más arriesgados, en los otros años salían a marchar pero en menos de cinco minutos ya estaban adentro de sus universidades resguardándose.

Además, pienso que el que criminalicen a los secundarios tiene que ver con la presencia del lumpen, ya que, se cree, no corresponde a las características de los universitarios”.

¿Crees que hoy hay más violencia por parte de Fuerzas Especiales que en las marchas de 2006? Te lo pregunto por las denuncias de agresión, secuestro y torturas que se han dado estos últimos años.

Pienso que hoy se denuncia porque es creíble. Antes no se hacía porque ¿quién iba a creer que a un estudiante lo secuestraron por un par de horas? El 2006 a nosotros nos subieron a una camioneta, nos llevaron a una casa. Fue cubierto por casi todos los medios y ninguno se atrevió a decir que fuimos secuestrados, porque a nosotros nunca nos dijeron a dónde íbamos, con quien íbamos a conversar, de quien era la casa… Al parecer la casa era de un cercano de Zaldívar, que era ministro del Interior, pero nunca quedó claro. Eso sí, dentro de las comunicaciones estaba el mismo Zaldívar y estaba mi muy querido, díscolo, Mariano Ruiz Esquide.

¿Qué te parece lo que se está planteando hoy?, ¿crees que se ha tomado algún tema que quedara pendiente de 2006 o que les ha faltado algo?

Los temas han ido teniendo también una transformación, han ido avanzando dentro del análisis. Antes estábamos pidiendo anulación de la LOCE o mejor calidad, pero esos tema han ido evolucionando en la medida que el debate se ha ido asentando. No podemos quedarnos en el discurso de seguir pidiendo LOCE o el petitorio del 2006, porque si el gobierno no quiere avanzar en la conversación, no por eso se va a dejar de avanzar en lo que se quiere.

No creo que les falte abordar ningún tema. Podría no gustarme mucho que no se hable tanto de los problemas diarios de las comunidades estudiantiles, como el tema de las razones alimenticia por ejemplo, pero también entiendo que el movimiento estudiantil tiene que evolucionar y por lo tanto, tiene que hablar de la generalidad, para que en su momento, si se sientan las bases para que se pueda llegar a un acuerdo, esa generalidad también caiga a lo cotidiano.

¿Qué desafíos vez que tiene el movimiento estudiantil en el futuro?

Hoy podríamos decir que el movimiento ha evolucionado. Considero que tiene muchas más habilidades de cómo moverse y entendió muy bien que es lo que tiene que hacer y cómo hacer para poder resolver y recibir de vuelta lo que está pidiendo. Creo que entendió la dinámica en la que tiene que trabajar, pero creo que se van a tener que topar con la criminalización del gobierno, que los está atacando mucho, (cosa que no me sorprende porque siempre lo ha hecho).

Eso sí, al movimiento le hace falta tener la conciencia de entender que por lo que están luchando es lo cierto, lo correcto, lo justo, pero deben apartarse de forma más radical del lumpen, que se aprovecha de las marchas y sale a hacer destrozos a cara cubierta. Lo bueno sería que en una marcha no sólo dos o tres personas salieran a hacerles frentes, sino que la marcha en sí, porque a fin de cuentas, los conservadores y la prensa se aprovechan de este tipo de cosas para deslegitimar el movimiento.

También creo que deben tener un mayor feeling, saber muy bien como jugar con el sentir de las personas que tienen que apoyarlos. Ya que si el gobierno no te apoya, tienes que tener sí o sí la adhesión de tus padres y del conjunto de la sociedad. También tienen que tener mucha atención y tener posturas más unificadas, más transversales. Creo que lo que le sirvió mucho como comodín al movimiento del 2006 fue el tener una opinión mucho más transversal”.

¿Qué te parecen que se haya hablado de nacionalización del cobre, Reforma Tributaria y Asamblea Constituyente?

Yo creo que eso está desde hace muchos años, pero no había sido tan visible. Hay que recordar que en el movimiento del 86 también se pedía la nacionalización del cobre, y que hay trabajadores que han estado siempre apoyando el movimiento estudiantil. Ahora como bandera totalitaria nacional, claro, tuvo una evolución, porque todas las fuerzas sociales llegaron al acuerdo de no tener un petitorio tan sesgado como: ‘hoy lunes marchamos por la educación, el miércoles por el cobre, el viernes por la salud…’ Por ejemplo el 5 de junio del 2006 se juntaron en el IMBA partidos políticos que quisieron apoyar a los estudiantes, trabajadores del cobre, portuarios, ANAMURI, un sin fin de organizaciones sociales. El movimiento hizo una vuelta de mano y dijo que el problema era más allá de la educación, era un problema cultural, aunque nunca se notó o lo quisieron difundir”.

¿Para dónde crees tú que hay que avanzar?

Yo creo 100% en el equilibrio. Nunca hay que perder los problemas u olvidar que tu fin es el tema de la educación, pero si lo sabes que ese es el asunto no puedes negar los otros problemas. Todo confluye”.

¿Y qué pasa con las formas? Se ha cuestionado el giro político que han adoptado figuras del movimiento estudiantil, ya sea en la política convencional clásica, como Camila Vallejo o Camilo Ballesteros o creando nuevos movimientos, como Giorgio Jackson, ¿qué te parece eso?

Los entiendo. Hablo desde lo personal, desde mi vivencia, cuando yo también simpaticé con un partido político lo hice creyendo que era la forma en la cual podría contribuir o aportar en que mis demandas de origen estudiantil, pero que trascendían lo netamente estudiantil, podían ser tomadas en cuenta dentro de un partido político. Los entiendo perfectamente cuando quieren hacer política partidaria y apostar a ella para hacer una transformación. Yo les creo el discurso. Lo que sí, en política hay que aprender que los problemas son políticos y no personales. Eso de que digan ‘yo nunca voy a estar con esta persona, yo nunca…’ A mí en lo personal Michelle Bachelet me cae muy bien, pero políticamente hablando, como la mayor parte de los dirigentes del 2006: ‘Ni perdón, ni olvido’.

¿Y qué pasa con los desilusionados?

Pienso que no hay que ser tan extremista en la vida. Hay que entender. Ellos al igual que yo y muchos chilenos estamos en contra del sistema político, de cómo hoy los partidos hacen política, porque no digamos que los chilenos están haciendo política, los que lo hacen son los partidos y nadie más que ellos, y eso es lo que no nos parece. Por ende, si nos estamos dando cuenta de que son los partidos los únicos que tienen este poder, encuentro totalmente válido que un dirigente estudiantil, un joven, o una dueña de casa quiera meterse allí, ‘donde las papas queman’ o ‘donde se cuecen las habas’, o como quieran decirle (risas). Pero habrá otro que va a estar desde fuera, desde el movimiento social. Por más alternativo que seas, nos guste o no nos guste, los cambios también se hacen desde la política partidaria.

Ahora, si el miedo es que estos dirigentes estudiantiles que dijeron ‘yo nunca, nunca’ y que ahora dicen ‘yo sí creo’ caigan en la máquina política, ese es otro punto. Hay que esperar. Uno nunca va a saber si esa persona se metió en la maquina política hasta que uno lo vea allí. ¡Esperemos que estos sean los dirigentes sociales que tengan la influencia para poder cambiar los partidos políticos desde adentro y no caigan en la máquina. Es lo único que yo espero!”.

¿Cuál es la crítica que tú le haces a los partidos?

Estuve en las escuelas de formación de la DC, fue encargada de formación nacional durante dos años. Después me fui, no me gustó el partido. Hoy no me gustan mucho los partidos políticos. Decidí que lo mejor para mi sanidad mental y mi forma de ser era irme de allí.

Lo que más me incomoda es que siempre están hablando desde la filosofía, desde esta verborrea casi intelectual o pseudo intelectual, la cual la mayoría de las personas no entiende, me molesta mucho la brecha lingüística que existe hoy en día entre los partidos políticos y la gente. Esa brecha pasa a ser de índole personal, de cómo tú vez el mundo, de cómo te planteas frente a él y ésta pseudo intelectualidad los separa mucho de cómo la gente ve el mundo, o sea, pueden estar diciendo exactamente lo mismo de formas, totalmente diferentes, pero el hecho de que ellos se manejen en una lingüística que no entiende la mayoría de los chilenos, afecta mucho la política, afecta mucho en lo real, en lo que estamos haciendo y estamos construyendo hoy en día.

Lo segundo que más me molesta es el hecho de los caudillos, siempre los caudillos políticos, el que diga que no hay caudillos es que, o no ha estado, dentro de un partido político partidario o no entiende lo que está pasando allí, una de dos. Por lo tanto, siempre se eligen a los familiares de o a estos niños pseudo intelectuales que hablan de la misma forma que ellos y se manejan en los mismos códigos que ellos.

Y lo tercero es que, al final y al cabo, vivimos con una política partidaria que no entiende lo que está pasando en el país, no lo entiende. No entiende que hay gente que se tiene que levantar a las cinco de la mañana para tomar micro o ir al consultorio, no entiende que hay que llegar a las seis u ocho de la tarde a la casa porque tus vecinos, la mayoría, son drogadictos y te cobran peaje, no entienden un sin fin de cosas. Creen que no existe o piensan que es alardeo de la mayoría de los chilenos para argumentar la revolución, que los que remarcan eso son ‘comunachos’ y los tildan de un montón de cosas que no son. Esas son las tres cosas base que no me gustan de los partidos políticos”.

¿Y te tocó vivir mucho de esto en la DC?

Afortunadamente no me tocó tanto porque tuve la suerte de, primero, conocer a la DC por ‘los colorines’. En ese tiempo estaba Zaldívar, del que me llevé una muy buena sorpresa, porque su núcleo en sí no es tan clasista o cerrado y, a pesar de lo fachos que yo los consideraba. Hacen críticas bastante fuertes, aunque al momento de ejercerlas en la realidad no pasa nada, que es un punto importante.

Luego de eso, ya cuando entré a ser la encargada de formación, entré por ‘los chascones’, que es el grupo extremo de la DC, por lo tanto no me tocó sufrir mucho el clasismo donde yo participaba. Pero si, si, si, muchas veces me sentí discriminada porque otros se referían a mi como ‘ultrona’, ‘roja’, ‘comunista’ o como ‘la cabra chica que no sabe nada’, y puede que sea verdad, puede que mi postura frente a la de ellos haya sido mucho más izquierdista, o sea, hay que reconocer que dentro de la DC hay posturas que son bastante de derecha.

Y pese a tu visión de la política ¿crees que los movimientos sociales pueden cambiar ese escenario?

Yo he visto transformaciones. Hoy en día hay movimientos sociales como el ANDHA Chile, comparta o no su postura, que está haciendo un cambio político-social en el tema de vivienda. Cristián Cuevas en el cobre, por ejemplo, está influyendo el avance hacia mejorías para los otros trabajadores, no sólo del sector. Las movilizaciones estudiantiles tienen descolocados e histéricos a los personajes del gobierno y buscando llegar a acuerdos de buena o mala manera. Si la gente no lo ve, no está dimensionando los cambios que generan los movimientos sociales en nuestro país.

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