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Año XII, 27 de octubre de 2020

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Marco Enríquez Ominami: “No tengo nada que ver con la izquierda conservadora”

El candidato del PRO valora las numerosas candidaturas de izquierda que se han levantado para estas elecciones presidenciales, aunque enfatiza en su experiencia política como el principal aspecto diferenciador. A su juicio, Michelle Bachelet y Evelyn Matthei representan lógicas del pasado, criticando también a la "izquierda conservadora" que lo tildó de díscolo por sus propuestas sociales. "No pienso renunciar a mi rebeldía del '86", asegura.

Oriana Miranda

  Jueves 25 de julio 2013 21:14 hrs. 
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El edificio del Partido Progresista, fundado en 2010 por Marco Enríquez Ominami, se encuentra en uno de los sectores favoritos de Santiago del actual candidato presidencial, en la comuna de Providencia. En su oficina, su hija Manuela juega con un iPad, acompañando con impaciencia a su padre en una de las tantas actividades que ocupan su agenda, a menos de cuatro meses de las elecciones presidenciales.

¿Qué tanto han influido en tu vida y en tu carrera política las figuras de Miguel Enríquez y Carlos Ominami? 

Soy un gran admirador de mi papá. Me sé sus discursos, lo he leído, a este hombre yo lo conocí por fotos y por videos… una cierta pena por no haberlo conocido ni un milímetro, además yo soy padre ahora y me doy cuenta de lo que significa estar o no estar. Siento mucha pasión por la figura de Miguel Enríquez, mucho orgullo. Sobre Carlos, una gran emoción. Este hombre no tiene hijos, yo soy su hijo y es amor honesto, amor incondicional. ¿Por qué estoy a favor del matrimonio igualitario o de la adopción? Yo provengo de una familia considerada ilegítima en Chile, hace diez años atrás. Creo que un niño necesita amor incondicional y Carlos me lo dio. Y eso para mi es… mi agradecimiento eterno a él, amor incondicional.

Yo habría sido mirista cien veces, porque creo que era una forma de entender la política muy fascinante, de mucha lucidez. Yo habría estado con mi papá en la lucha contra Pinochet, a como de lugar. Y estoy seguro de que Miguel habría sido progresista hoy día. Ahora, Miguel encabezó la lucha armada contra una dictadura y yo con eso estoy completamente de acuerdo. Después uno tiene matices sobre las respuestas de la época y las respuestas de hoy, son desafíos distintos, otro lenguaje. Yo creo en el Estado de derecho, creo en la democracia, no estoy por la lucha armada, hoy. Porque no hay dictadura, hay una democracia imperfecta, hay otro camino y creo que la proyección es equivocada. Aun así, los prejuicios son feroces. Gente que considera que soy el hijo insuficiente de un revolucionario. Me llama la atención que la izquierda conservadora me ataque con lo mismo que atacaba El Mercurio a Miguel, que lo acusaba de burgués, de ser “un niño revolucionario del barrio alto”, porque cuando estudió medicina en la Universidad de Concepción era hijo del rector. Pero también pasa lo inverso, gente que considera que soy de ultra izquierda porque soy su hijo. He vivido en el prejuicio y a mi hija le está pasando lo mismo, cada uno a su escala, es muy chica todavía pero le va a pasar.

-“¿Qué?”- pregunta Manuela a gritos desde un extremo de la oficina.

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– “El prejuicio”-, le responde su padre. El prejuicio es muy fuerte en un país pequeñito como el nuestro. Por eso vivo con cierta elasticidad, soy el que soy: padre de dos hijas, un hombre que tiene una familia, un proyecto, no me pierdo en esas inquisiciones. No soy solamente el hijo de Miguel Enríquez, pero me llena de orgullo.

Superarse en el éxito

Fuiste candidato en las elecciones presidenciales de 2010. Desde ese momento han pasado casi cuatro años en los que la sociedad chilena ha ido cambiando. ¿De qué ha servido este periodo, ha sido un tiempo de maduración, de consolidación para la candidatura que presentas hoy?

Yo no pienso renunciar a mi rebeldía del 86, cuando llegué a Chile y me pareció un país clasista. Sigo creyendo que Chile es un país profundamente clasista, que el apellido, el color de piel, el dinero y el colegio son un código de barra. Si eso significa madurar, no voy a madurar. Llegué a los 13 años a Chile y quedé impactado. Eso no ha cambiado, lo veo con mis hijas, cómo existen carreteras para unos y avenidas o calles para otros, es una locura. Por otro lado, las cosas se fueron densificando en un sentido positivo, adquirieron más espesor. Ya no basta con decir “educación pública y gratuita”, hoy día se trata de precisar sobre un conjunto de temas. Las voces de la sociedad son más complejas, hay más información. Entonces sí, hay un nivel de adaptación que probablemente me ha hecho perder velocidad: somos menos impactantes que hace cuatro años, cuando éramos la única candidatura fuera del duopolio, hoy día hay diez. Yo no lo vivo mal eso, mientras más seamos, mejor. Lo que yo quiero es derrotar una lógica, no a una persona. Bachelet representa una lógica equivocada y en la derecha tengo poca expectativa, ellos son el bloqueo al cambio.

En la elección del 2010 conseguiste la importante cifra del 20% de los votos. ¿Cuál es el desafío ahora, capitalizar esa votación?

Nosotros no queremos el 20%, queremos pasar a segunda vuelta. Y si para ello se requiere el 11%, queremos el 11%. Si se requiere el 21%, eso es lo que queremos. Muchos de los candidatos que aparecieron ahora quieren el 20%. Lo han dicho, quieren repetir lo que yo hice, sacan unas cuentas que a mí no me interesan y veo que copian exactamente mi camino, su lenguaje es exactamente lo mismo que yo dije en 2009. Yo ya recorrí ese camino. Batimos un récord, en la historia de Chile nunca un candidato independiente había sacado esa cantidad de votos. Pero no ganamos y no se gobierna con un 20%. ¿A qué aspiramos hoy día?, a construir una mayoría, que es un camino muy distinto y mucho más complejo, de alianzas, de acuerdos, de listas de diputados. Ninguno de los candidatos tiene listas de diputados, senadores y cores, completas, nosotros sí.

¿Crees que lo que propusiste el 2009 fue una lectura adelantada de lo que estalló el 2011 con las movilizaciones estudiantiles y continúa pasando ahora, cuando ya no solo los estudiantes se movilizan y hay masivas demandas de la ciudadanía?

El 2009 Chile no estaba preparado para tener un presidente de 35 años. Eso, para mucha gente, era una locura, era demasiado. Pero creo que no fuimos adelantados, creo que ya el 2009 Chile estaba pidiendo a gritos un cambio, por eso ganó Piñera y no Frei. Piñera era más el cambio que Frei, que era la continuidad. Hoy día la lógica es exactamente la misma, cuando ves que Matthei y Bachelet son dos líderes de lógicas súper antiguas. La lógica de Matthei es la lógica del 88. La sicología del pitbull, morder todo lo que signifique cambio. Y poner a René Cortázar en un comando presidencial, en un rol protagónico en lo programático, es la evidencia más dolorosa de que la Concertación no escuchó el mensaje, de que este va a ser el gobierno de los grandes empresarios, el gobierno de los militares, de quienes entienden mal su rol en la sociedad. Los empresarios tienen que crear riqueza, los militares tienen que defender la soberanía. Pero cuando se meten en política, defienden intereses equivocados. Y en el comando de Bachelet y Matthei, hoy están esos poderes fácticos. Sigo creyendo que la Concertación está entrampada y que votar hoy día por la Concertación es votar por Cortázar, por Escalona.

La izquierda conservadora y el progresismo

¿Cuáles crees que son las principales diferencias entre las candidaturas de izquierda y qué te parece que sean tantas las que se presentan a estas elecciones?

Hoy, eso suma, porque es importante que haya más fuerzas. Sí tengo diferencias, creo que algunas tienen rabia y yo no, tengo indignación. En otros casos veo mucho populismo, de izquierda o de derecha, o candidatos claramente de derecha con una impostura de izquierda. Ya vendrá la hora en que cada uno fije su domicilio. El mío no me pierdo, el mío es el de la ciudadanía, el del cambio, el del progreso.

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¿Ves tu candidatura como de izquierda, considerando que muchas de las personas que votaron por ti en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2009, terminaron votando por Piñera?

Yo creo que el Partido Socialista tiene poco de socialista. Y que la UDI tiene poco de unión demócrata independiente: de unión nada, demócratas poco e independientes cero. En el Chile de 2013 ese es un juego tramposo, porque ¿qué es ser de izquierda en Hidroaysén, en transgénicos, en energía nuclear, en matrimonio igualitario? Somos una generación en la que eso se resignifica. En términos biográficos, mi domicilio es la izquierda. A no equivocarse. Yo estoy contra el golpe de Estado, contra la dictadura, contra partidos confesionales que son voceros de los obispos más que de sus pueblos. Dicho esto, pertenezco al progresismo, que es tratar de repensar una izquierda que no logró su objetivo en América Latina. Yo fui diputado socialista y cuando planteé temas de corrección tributaria, de educación pública y gratuita, de matrimonio igualitario, de derechos sexuales y reproductivos, de la relación con Bolivia, se me acusó de provocador, de extemporáneo y de díscolo. Con esa izquierda no tengo nada que ver, la encuentro tan conservadora como la derecha empresarial.

¿Cómo ves el panorama político en la Alianza y la Concertación, que se niegan a hacer primarias parlamentarias, que tienen candidaturas que suben y bajan, que pelean públicamente por los cupos?

Yo creo que ambas coaliciones representan lógicas del pasado, creo que lo de la derecha es la crónica de una muerte anunciada. Todo partió mal, nominaron a un candidato no porque tuviese una visión, sino porque había participado en un rescate y había subido en las encuestas. Una construcción mediática vacía, que cayó a pedazos porque nada que no tenga sustancia puede sostenerse. Después ponen a Longueira a último minuto, que era el candidato de los empresarios. Le pasó una tragedia, no sabemos todavía su alcance, y de la noche a la mañana tuercen la primaria y ponen a una candidata que no tocó un ápice el Código del Trabajo mientras fue senadora y ministra. Eso no va a terminar bien electoralmente, no tiene cómo. Y al frente, una Concertación que tiene a Cortázar, como operador de los grandes empresarios de las AFP, en el comando. Yo veo malo el escenario para ellos, pero depende de ustedes.

¿Crees que perjudicó a tu candidatura el tema de las firmas y la falsa inscripción en partidos políticos, como el PRO?

Creo que fue un momento complicado pero, para ser justos, se dio vuelta el caso, porque nunca más la Concertación y la derecha hablaron de esto. Se descubrió que eran más casos los de ellos que los nuestros. Nosotros tenemos 1400 casos de personas que no pudieron firmar por el partido porque estaban inscritos en la UDI o en el PS. Y en nuestro caso, tenemos vistos, hasta el día de hoy, seis inscripciones. Y fuimos los primeros y los únicos en ir a la Fiscalía. ¿Por qué no fue ningún otro partido? Yo estoy convencido, y en eso no tengo duda, que hubo una articulación desde el comando de Bachelet para dañarnos con eso. Y después se quedaron callados, lo divertido es que nunca más hablaron. Es bien impresionante, silencio total.

La mayoría social

¿Cuál es tu relación con los movimientos sociales? ¿Es posible encausar estas demandas que movilizan a la ciudadanía en una candidatura?

La mayoría social no siempre es mayoría electoral. Yo me he reunido con la mayoría de los dirigentes, es más, me reuní al inicio de las protestas del movimiento estudiantil, en marzo de 2011, con casi todas las Federaciones. No me pierdo, tengo relaciones de máximo respeto. Marché junto a ellos, sin prensa, para pasar piola, para no molestar, para acompañar y me dicen que no se supo. Pero si hubiese hecho prensa, me hubiesen dicho que traté de utilizarlos. Fui a cuatro marchas, callado la boca. No me atormento. Fui, me conecté, caminé sin guardaespaldas con cada uno de los movimientos sociales y hace poco fui a la marcha por el matrimonio igualitario.

¿Tu apoyo a las causas sociales se expresa, por ejemplo, al apoyar públicamente las candidaturas parlamentarias de los ex líderes estudiantiles Francisco Figueroa y Gabriel Boric?

En esos casos, le he pedido a mi partido que nos omitiéramos. Maya Fernández es la nieta de Allende. Su mamá era la mejor amiga de mi padre y ahora ella es candidata en Ñuñoa. Pero ahí va Francisco Figueroa, que es dirigente universitario, que ha sido lúcido y que no está conmigo, ni quiero que lo esté, no se preocupen. Quiero que le vaya bien a él y por eso me omití. No me reuní con Boric ni con Figueroa. No nos hemos escrito, nada. Es una cosa de principios. Porque representan un cambio, lo hemos leído, lo hemos respetado y nos parece que han sido coherentes.

A propósito de los movimientos sociales, tú presentaste un proyecto de ley de aborto terapéutico y este jueves hubo una marcha exigiéndolo, ¿cuál es tu visión respecto de la interrupción voluntaria del embarazo?

A mí me llama la atención que los liberales lo sean solamente para lo económico. Les gusta la libertad de elegir un banco, elegir AFP y no les molesta que una mujer embarazada, violada, tenga amenaza de cárcel. A mí no me gusta el aborto. Pero yo aspiro a jefe de Estado y la pregunta es si el Estado te mete presa o no. Para el Estado de Chile, esas tres niñas violadas por los padres o padrastros deben ser madres, para mi deben ser niñas. Cuando sea Presidente, promulgaré una ley para derogar la cárcel. Es una hipocresía de la Concertación y de la derecha no reconocer que no están defendiendo el derecho a la vida, están defendiendo el derecho sobre tu cuerpo.