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Año XIV, 19 de agosto de 2022

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Militantes DC a 40 años del Golpe

Mariano Ruiz-Esquide: “No veo razón para que la DC deba pedir perdón”

Un grupo de militantes de la DC, entre los que se encuentran integrantes del llamado "Grupo de los trece", presentaron el documento “Lecciones de la historia y desafíos para un tiempo fecundo. La Democracia Cristiana a 40 años del golpe de Estado en Chile", donde se hace una reflexión acerca de lo ocurrido el 11 de septiembre de 1973. “No hay un solo antecedente, un solo documento, un solo testimonio que vincule corporativamente a nuestro partido con la búsqueda, promoción y ejecución del golpe de Estado", sostiene el texto.

Claudio Medrano

  Viernes 6 de septiembre 2013 13:27 hrs. 
ruiz esquide

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Militantes de la Democracia Cristiana, entre los que se cuentan integrantes del “Grupo de los Trece” que recordemos, rechazaron el Golpe de Estado que puso término al gobierno constitucional del Presidente Salvador Allende, presentaron el documento “Lecciones de la historia y desafíos para un tiempo fecundo”, la Democracia Cristiana a 40 años del golpe de Estado en Chile.

En el documento los firmantes recalcan que el Golpe de Estado “no fue un movimiento súbito, precipitado o impensado. Comenzó a fraguarse cuando los chilenos perdimos la capacidad de diálogo, de entendimiento, y de solución pacífica de nuestras diferencias. En el momento en que se armaron los espíritus y las manos y no quedó espacio para la paz”.

El texto agrega que “no hay un solo antecedente, un solo documento, un solo testimonio que vincule corporativamente a la Democracia Cristiana con la búsqueda, promoción y ejecución del golpe de Estado. Pudo haber matices respecto de la política de defensa de la colectividad, acerca de su moderación o firmeza frente al gobierno de la Unidad Popular, o de su mayor o menor proximidad a los partidos de derecha, pero no hay dos opiniones institucionales sobre su irrenunciable compromiso con la democracia y con el régimen constitucional”.

Además, el documento se refiere a la postura que tuvo la DC durante el golpe de Estado “Son conocidas las dos posturas que en este sentido adoptó la colectividad. Una oficial, que explicó la intervención militar argumentando el clima de inestabilidad, inseguridad y amenaza de enfrenta-miento fratricida a que había sido llevado el país, tesis que abrigaba la expectativa de que las fuerzas armadas restablecerían la normalidad institucional a la brevedad; y una disidente, que condenó el golpe de Estado y exhortó a las nuevas autoridades a respetar los derechos y garantías civiles”.

El senador, Mariano Ruiz-Esquide, diputado de la república para el 11 de septiembre de 1973 e integrante del grupo de los 13, sostuvo que la Democracia Cristiana no tiene motivos para pedir perdón.

“No veo razón para que deba pedir perdón como partido político en la producción, en el hecho del golpe y en la forma que se produjo después la dictadura chilena”, afirmó Ruiz-Esquide.

El parlamentario además fustigó la actitud de algunos personeros de la Alianza que han justificado lo ocurrido durante la dictadura militar.

“Los que no podemos aceptar es lo que está pasando con algunos personeros de la derecha… si usted puede hacer un análisis teórico y decir que el golpe era inevitable, pero lo que sí era evitable, fue la torpeza de la dictadura que terminó matando gente y durando 17 años, cuando no había guerra civil, ni ningún motivo para ello”, agregó el parlamentario.

Los firmantes aclaran que “La lucha por el respeto y vigencia de los derechos humanos, por la reconstitución del tejido social, por la democracia y por las libertades, no habría sido posible sin la participación de la Democracia Cristiana que, desde la primera hora, se entregó a este quehacer, como lo acreditan los innumerables organismos de derechos humanos, de estudios constitucionales, laborales, universitarios y poblacionales, que fueron creados y que le correspondió conducir”, agrega el texto.

Los militantes DC además proyectaron este documento pensando en el futuro, incluso más allá del año 2020.

“Para entonces Chile deberá haber instituido un régimen constitucional que sea fiel expresión de la soberanía, autonomía y rica diversidad de sus ciudadanos, mediante instituciones genuinamente representativas, y de controles que limiten el poder y su ejercicio”.

“La mayoría del país desearía que el instrumento de la reforma fuera una Asamblea Constituyente, cuya convocatoria, sin embargo, depende de un plebiscito nacional, el cual promoveremos a través de la movilización reflexiva, responsable y organizada de los chilenos, comenzando por obtener los quórums necesarios para hacer las transformaciones institucionales que la ciudadanía reclama”, finaliza el documento.

A continuación el documento completo
LECCIONES DE LA HISTORIA Y DESAFÍOS PARA UN TIEMPO FECUNDO
La Democracia Cristiana a 40 años del golpe de Estado en Chile

1 El 11 de septiembre de 1973 constituye una fecha trágica para Chile. Un golpe de Estado puso término al gobierno del Presidente Allende, e instaló la más prolongada y oscura dictadura civil y militar, utilizando ideológicamente las instituciones armadas de la Nación. No fue éste un movimiento súbito, precipitado o impensado. Comenzó a fraguarse cuando los chilenos perdimos la capacidad de diálogo, de entendimiento, y de solución pacífica de nuestras diferencias. En el momento en que se armaron los espíritus y las manos y no quedó espacio para la paz. Fue entonces cuando empezaron a derrumbarse las instituciones democráticas, las garantías de libertad y de justicia, y —lo que abrió la herida más profunda de toda nuestra historia nacional y republicana—, cuando, a consecuencia de su planificada y sistemática violación, se inició el desplome de los derechos fundamentales de las personas.

2 Cuarenta años después de aquellos dolorosos sucesos, y enfrentados a la memoria de nuestro propio pasado, queremos sacar las lecciones de la historia y ofrecerle al país un nuevo horizonte de realización. ¿Por qué esta evocación? Porque sin mirada del pasado no hay visión de futuro. Porque no se puede separar el futuro del pasado, el proyecto de la memoria, y el porvenir de Chile de su historia reciente. No, cuando la paz y la conciliación siguen amenazadas por las deudas de verdad y justicia que, arrastradas desde la dictadura, aún permanecen sin ser saldadas. No, cuando los cambios políticos que el país reclama se proponen la reforma de la Constitución que nos rige, la que se originó bajo el régimen de fuerza. No, cuando la actual estrategia de desarrollo —que impide progresar hacia mejores estándares de bienestar, de justicia e integración— fue impuesta por una tecnocracia neoliberal amparada en las armas y en la represión desplegada contra los trabajadores y sus organizaciones.

3 Más allá de los mitos, que afloran para cumplir su función de justificar y de oscurecer las verdaderas responsabilidades en el drama de hace cuarenta años, queremos ser claros acerca de nuestras propias actuaciones. Y tres son las preguntas que la Democracia Cristiana debe responder para contribuir al esclarecimiento de su propio comportamiento político.

Primero, qué conducta tuvo el Partido antes del golpe de Estado. Lo hemos dicho con insistencia: no hay un solo antecedente, un solo documento, un solo testimonio que vincule corporativamente a la Democracia Cristiana con la búsqueda, promoción y ejecución del golpe de Estado. Pudo haber matices respecto de la política de defensa de la colectividad, acerca de su moderación o firmeza frente al gobierno de la Unidad Popular, o de su mayor o menor proximidad a los partidos de derecha, pero no hay dos opiniones institucionales sobre su irrenunciable compromiso con la democracia y con el régimen constitucional.

Segundo, qué conducta tuvo el Partido durante el golpe de Estado. Son conocidas las dos posturas que en este sentido adoptó la colectividad. Una oficial, que explicó la intervención militar argumentando el clima de inestabilidad, inseguridad y amenaza de enfrenta-miento fratricida a que había sido llevado el país, tesis que abrigaba la expectativa de que las fuerzas armadas restablecerían la normalidad institucional a la brevedad; y una disidente, que condenó el golpe de Estado y exhortó a las nuevas autoridades a respetar los derechos y garantías civiles. Los hechos habrían de demostrar que la experiencia de la dictadura no sería un paréntesis sino una larga pesadilla en la vida del pueblo chileno.

Y tercero, qué conducta tuvo el Partido después del golpe de Estado. La lucha por el respeto y vigencia de los derechos humanos, por la reconstitución del tejido social, por la democracia y por las libertades, no habría sido posible sin la participación de la Democracia Cristiana que, desde la primera hora, se entregó a este quehacer, como lo acreditan los innumerables organismos de derechos huma-nos, de estudios constitucionales, laborales, universitarios y poblacionales, que fueron creados y que le correspondió conducir*. Y lo que resultará aún más crucial para Chile y su destino: fue esta experiencia de colaboración común la que selló la identidad y la vocación nacional y popular de la Democracia Cristiana y la dispuso al perdón, acto por el cual el ofendido libera al ofensor del daño que causó y éste reconoce y repara lo hecho.

* Algunos de éstos fueron la Comisión Chilena de Derechos Humanos; la Comisión de Estudios Constitucionales; la Coordinadora Nacional Sindi-cal; la Comisión de Derechos Juveniles; el Comité Reorganizador del Movimiento Estudiantil; y la Vicaría de la Solidaridad. 2

4 Es a partir de la identidad forjada durante estas cuatro décadas de aggiornamento que la Democracia Cristiana puede proponerle hoy al país un nuevo desafío, uno que ha de iniciarse en el próximo gobierno de la Nueva Mayoría, pero que debe trascender y prolongarse más allá del año 2020.

Para entonces Chile deberá haber instituido un régimen constitucional que sea fiel expresión de la soberanía, autonomía y rica diversidad de sus ciudadanos, mediante instituciones genuinamente representativas, y de controles que limiten el poder y su ejercicio. La mayoría del país desearía que el instrumento de la reforma fuera una Asamblea Constituyente, cuya convocatoria, sin embargo, depende de un plebiscito nacional, el cual promoveremos a través de la movilización reflexiva, responsable y organizada de los chilenos, comenzando por obtener los quórums necesarios para hacer las transformaciones institucionales que la ciudadanía reclama.

Aspiramos asimismo a que dicho régimen constitucional se base en el reconocimiento pleno de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales, y en las garantías explícitas que se proponen satisfacer tales expectativas de derechos, para, de este modo, avanzar sin demoras hacia una sociedad más justa, más igualitaria y más cohesionada. Como se ha confirmado en las grandes movilizaciones sociales de la presente década, las principales prioridades de dichas políticas públicas con enfoque de derechos deben ser la salud, la educación y la previsión social.

Propugnamos un cambio estructural que afecte la inequitativa distribución del ingreso, mediante reformas tributarias progresivas, el restablecimiento de la potestad de Chile sobre sus riquezas y recursos nacionales, el fortalecimiento de la posición negociadora de los sindicatos, y una participación activa de las políticas públicas en la protección de las familias más pobres y vulnerables. Ello exige dotar de apoyo y legitimidad a las transformaciones, fomentando instituciones y organizaciones de participación y diálogo democrático.

Anhelamos una actividad política al servicio del pueblo y, por lo tanto, transparente, autónoma de poderes fácticos, y sometida al permanente escrutinio de los ciudadanos. Por eso, promovemos la reforma de los partidos políticos, así como de sus vínculos con las instituciones representativas y con los representantes populares. Para vigorizar la búsqueda de este objetivo contribuiremos desde ahora al debate, elaboración y difusión de ideas de cara al Sexto Congreso de la Democracia Cristiana que se realizará el año 2014. Para nosotros, ese momento ha de signar la irrupción de una fuerza política imbuida del nuevo humanismo que peregrina por América, y cuya esperanza de futuro despierta el Papa Francisco.

5 Hacemos un llamado a todos los militantes y adherentes de la Democracia Cristiana a firmar y a difundir esta declaración, expresando con ello su compromiso de llevar a cabo las tareas políticas señaladas, y de concurrir a la generación de un amplio e inclusivo movimiento de opinión.

Septiembre de 2013, a cuarenta años del golpe de Estado en Chile
1. Renán Fuentealba Moena
2. Mariano Ruiz-Esquide
3. Belisario Velasco
4. Ignacio Balbontín
5. Jorge Donoso
6. Florencio Ceballos
7. Alejandro Calderón
8. Alejandro Carril Rojas
9. Alejandro González
10. Álvaro Delgado Martínez
11. Álvaro Marifil
12. Ana María Correa
13. Andrés Aylwin A.
14. Andrés Palma I.
15. Bernardo Barría
16. Bessie Saavedra
17. Carlos Almanza
18. Carlos Aparicio
19. Carlos Raúl Gil
20. Claudio Hernández
21. Cristian Lazo
22. Cristian Morales Salvo
23. Diego Calderón
24. Enzo Pistacchio
25. Esteban Sanhueza
26. Felipe Cubillos
27. Felipe Vallespir
28. Francisco Vásquez
29. Gabriel Eduardo Palma
30. Gabriel Madrid
31. Giovanna Flores Medina
32. Graciela Bórquez
33. Héctor Barría
34. Héctor Gárate
35. Hernán Kohnenkampf
36. Hugo Muñoz Sandoval
37. Ignacio Pérez
38. Irene Celis Ramírez
39. Jaime Correa Díaz
40. Jaime Hales
41. Jeanette Soto
42. Jorge Consales
43. José Miguel Serrano
44. Juan Andrés Kloker
45. Juan Díaz Berrios
46. Juan Guillermo Espinosa
47. Juan Manuel Sepúlveda
48. Juan Miguel Jara
49. Juan Pablo Marchant
50. Juan Pablo Morales
51. Manuel Tobar L.
52. Marcel Young
53. María Antonieta Escobar
54. María Carolina Inostroza
55. María Soledad Lucero
56. Mario Tapia
57. Marta Canto
58. Mauricio Mass
59. Miguel Ángel Botto
60. Myriam Verdugo
61. Nicolás Gutiérrez Herrera
62. Nicolás Palacios
63. Noé Miranda
64. Nolberto Díaz
65. Omar Cortéz
66. Óscar Ramírez Romero
67. Osvaldo Verdugo
68. Pablo Silva
69. Patricio Argandoña
70. Patricio Huepe
71. Paulina Fernández F.
72. Pedro Concha
73. Pilar Mallea Araus
74. Raimundo González
75. Ramón Mallea Araus
76. Ramón Mallea Santibañez
77. Raúl Burgos Pinto
78. Raúl Donckaster
79. René Lues
80. Ricardo Halabí
81. Ricardo Hormazábal
82. Roberto Cano
83. Rodolfo Fortunatti
84. Rodrigo Poblete
85. Rodrigo Vega
86. Sara Campos
87. Sebastián Latorre
88. Tamara Jorquera
89. Valentín Zuñiga
90. Verónica Mallea Araus
91. Víctor Torres
92. Yuri Muñoz

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