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Año XII, 25 de noviembre de 2020

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Carlos Ominami: “El Congreso no tiene legitimidad para el debate por una nueva constitución”

El ex senador y ministro de la Concertación destaca que “la Nueva Mayoría no fue”, pese a una elección zanjada en primera vuelta. Destaca que la votación de candidatos independientes incluso homologa el porcentaje de Evelyn Matthei, pero que los sectores de izquierda deben “tomarse en serio” y unificar sus propuestas.

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  Jueves 12 de diciembre 2013 10:32 hrs. 
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El ex ministro de Hacienda y ex senador Carlos Ominami, fue entrevistado por Patricio López en el programa Semáforo, donde criticó el rol del Congreso en un eventual debate por una nueva Constitución. Destaca que este domingo se juega algo importante en la segunda vuelta presidencial, pese a que Michelle Bachelet ya ganó en primera vuelta.

Este domingo hay segunda vuelta, en paralelo un proceso inédito de “Marca tu Voto AC”, los candidatos que quedaron en primera vuelta no endosaron el voto. Entonces, ¿qué está en juego el domingo?

– “No da lo mismo si este país es gobernado por Evelyn Matthei o Michelle Bachelet. Hay que tomar en cuenta el 50% de personas que no quisieron participar. Gente que puede votar pero que no se interesa, que siente que el sistema político no tiene nada que aportar. Otro dato importante es que los candidatos alternativos son prácticamente un tercio de la población, sacaron más votos que Matthei. La sensación que tengo es que la Nueva Mayoría no fue. Es un proyecto en construcción, hay que ver cómo se plasma en la realidad a partir de un cambio de gobierno. Esta es una elección con resultado predeterminado, Bachelet ganó en primera vuelta, y que tener expectativa con los compromisos: Nueva Constitución, Reforma a la Educación y Reforma Tributaria. Hay que apoyar, pero ser críticos ante los compromisos”.

Si uno compara la votación a la izquierda de Bachelet, que pasa de un 6 a 18% entre una y otra elección. Tenemos una izquierda fragmentada, ¿cuál es tu interpretación de esto?

– “Es cierto que este país tiene un giro progresista, las grandes corrientes van al progresismo y la izquierda. En elecciones anteriores estaban los temas de la derecha: flexibilización laboral, rebaja de impuesto, temas que se retiran. El tema de la seguridad fue agotado por Sebastián Piñera y vemos que aumentó, entonces hay un giro a la izquierda. Las candidaturas alternativas suman un 18%, entonces faltó capacidad de alianza, articulaciones, para que ese sentimiento que no se veía reflejado en las coaliciones podría estar unido en una sola candidatura”.

Estamos de acuerdo en el diagnóstico, pero falta saber el porqué. En el caso chileno hay problemas particulares para unificar a la izquierda.

– “Son varias cosas, pero una de ellas es que falta tomarse en serio. Si hubiésemos pensado que acá podríamos tener una segunda vuelta con un candidato de izquierda con Michelle Bachelet, era un debate espectacular, a diferencia de lo que vimos el martes por televisión. Ya no es el casi cambio, sino el cambio cambio, no se sintió eso y sólo había interés de marcar testimonio en primera vuelta, nadie pensó en pasar a segunda vuelta. Si hubiéramos conformado una sola opción, podríamos estar disputando el gobierno”.

La alianza PC-PS se rompe con la Concertación y se reconstruye en la Nueva Mayoría, ¿cómo evalúas este momento para ambos partidos?

– “Es un tema complejo, tengo una visión crítica del Partido Socialista, ha perdido su capacidad de transformación. La dirección actual dice que el objetivo es preservar esta alianza de centroizquierda, son garantes de una relación entre la izquierda y la Democracia Cristiana. Pero las alianzas son un instrumento y no un fin.

Con respecto al PC tengo harta esperanza, pero ha llegado tarde a las citas de la historia. Llegó tarde a la salida política del ’89, se lanzaron a una política de sublevación que desconocía la opción de una solución pacífica. Hoy pasa algo similar, pero espero la fuerza de esos seis diputados para incidir en la Nueva Mayoría. El gran dilema de Michelle Bachelet, después de formar su gabinete, es optar entre cumplir el programa tal como se presentó a la ciudadanía, o la unidad de su coalición. Si tenemos un gabinete con gente de distintos lados, equilibrio entre conservador y progresista, uno concluye que el debate se va al gobierno y puede ser factor de parálisis”.

Hay gente que dice que esta coalición tiene desacuerdo en cuestiones básicas, ¿Compartes ello?

– “Uno revisa la opinión de estos dirigentes, y la idea de una Nueva Constitución no es de consenso, hay quienes se plegaron a esta idea, sabiendo que al ser gobierno es una cuestión distinta. Michelle Bachelet dijo que enviaría un proyecto al Congreso, pero de ahí no sale una Nueva Constitución, salen reformas, quizá importante, pero el Congreso no tiene legitimidad para llamar a un debate, entonces este compromiso puede terminar con una salida aguachenta, como pasó el 2005, donde no se toca el sentido neoliberal. Falta una legitimidad al sistema político, pero por la vía que plantea Michelle Bachelet, no hay legitimidad y se mantiene la diferencia entre lo que ocurre en el Congreso y lo que pasa en la calle. La calle se moviliza y ha logrado imponer su agenda, entonces vamos encaminados a un cuadro de ese tipo.

Hay un debate por desaceleración de la economía y relación con las propuestas de Michelle Bachelet. Más allá de eso, no se discute el crecimiento económico, que sigue siendo la vara para medir el desarrollo. ¿Cuál es tu mirada sobre ese tema, cuánto debe pesar la economía al evaluar el crecimiento?

– “Es una variable, pero no toda. Las propias Naciones Unidas calculan un índice de desarrollo humano que considera otros factores. Hay un crecimiento que es contaminante y excluyente, la gente no está mejor y eso está claro. Hay un porcentaje mínimo que disfruta este crecimiento, y una parte importante está igual o peor, y está sufriendo los efectos de la contaminación. Está el caso de los mineros, que tienen bono de término de conflicto, pero hay gente que vive en zonas mineras, no tiene esos ingresos, y viven el lado negativo, afrontan precios altos, y no reciben estos beneficios. El indicador económico es limitado. Se habla de Chile desarrollado con per cápita de 25 mil dólares, pero hay países árabes con per cápita de 30 mil dólares de países monoproductores, con pésima distribución de ingreso. Se echa de menos una reflexión más de fondo por parte de las grandes coaliciones, de la Nueva Mayoría, por qué entendemos por desarrollo”.

Hay una derrota ideológica de la izquierda, ¿cuándo esta se levanta en estas elecciones?

– “Falta aún, estamos arrinconados. Tengo una visión optimista de lo que viene hacia adelante. Antes uno se veía interpelado por la convocatoria de la derecha de reducir impuesto, hacer privatizaciones, terminar con las regulaciones, pero todo eso pasó, y se abre paso a una etapa distinta con temas cualitativos del desarrollo. Se han hecho esfuerzos, el tema ambiental tiene una dimensión mayor a 10 años atrás. Tenemos un candidato ecologista que no le fue mal, ideas que se abren paso, y los jóvenes tienen algo que decir, han mostrado sensibilidad en nuevas temáticas. Se está rompiendo el contexto por miradas distintas, conciencias diferentes”.

Uruguay

Hay un tema en la contingencia internacional que te interesa mucho, respecto de la legalización de la marihuana en Uruguay, política pública que rompe lo que se ha venido haciendo en América Latina.

– “Tengo buena opinión, es una iniciativa que busca poner por delante la salud de las personas. Si un joven va a consumir, que lo haga de manera protegida y en circuitos legales. Si uno tiene un hijo o hija, debe evitar que un higo caiga en drogas, pero si consume, que no tenga riesgos, no tenga vínculo con el narcotráfico, que es lo que conlleva a un circuito donde hay drogas duras. Me parece bien lo que hace Uruguay, es el país donde impera un mayor nivel de tolerancia en el continente, pionero en otros ámbitos. Tengo la sensación que la ONU podrá patalear, pero esto es incontenible. En Estados Unidos hay dos estados que legalizaron, y se discuten proyectos de ley en la misma dirección. En México hay dos estados donde se discute a nivel tricameral, y se apunta en la misma dirección. Esto tiene que ver con la prohibición del alcohol, donde los principales beneficiados eran los delincuentes, Al Capone, entonces los adversarios hoy son los traficantes que les perjudican el negocio”.

Cómo abordar la política de drogas. ¿Sólo despenalizar el consumo, o despenalizarlo todo y combatir los problemas a nivel de salud?

– El consumo de marihuana no está penalizado en casi ninguna parte, el consumo privado, eso no es delito. El problema es la ley hipócrita porque dice que puedes consumir, pero conseguirla es un delito. La ley presume un tráfico, y es el problema de la Ley 20.000. Hay que hacer una diferencia entre drogas blandas y drogas duras, y ser combativo respecto a la pasta base y ese tipo de drogas.