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La guerra fría de Ucrania al ritmo de Rusia y Estados Unidos

Calificada como la peor catástrofe política y económica de su historia, la situación que se vive en Ucrania tiene en alerta no sólo a las nuevas autoridades interinas. También la comunidad internacional ha manifestado su preocupación por el futuro inmediato del país. Desde Rusia, la Unión Europea y Estados Unidos han enviado diversos mensajes respecto de cómo debería desarrollarse el proceso de reorganización. Los análisis y proyecciones de expertos internacionales coinciden en la diversidad y complejidad de la realidad ucraniana.

Fernando Seymour

  Lunes 24 de febrero 2014 22:41 hrs. 
Vladimir Putin y Barack Obama

La situación de Ucrania mantiene las tensiones tanto dentro del país como a nivel internacional.

Con el ex Presidente Viktor Yanukovich destituido por el Parlamento y buscado con una orden de captura por “asesinato en masa de civiles”, las nuevas autoridades interinas trabajan con las presiones de grupos radicales y ultranacionalistas, así como bajo la mirada de potencias como Rusia y Estados Unidos.

De hecho, el recientemente designado jefe de Estado, Alexandr Turchinov, ya fijó algunos plazos para la reorganización del país, partiendo por la necesidad de nombrar un nuevo Gobierno de unidad, lo que se suma a la tarea de preparar la próxima elección presidencial programada para el 25 de mayo.

Para el analista internacional Pablo Jofré, a pesar de los nombramientos transitorios o el regreso desde la prisión de la ex primera ministra Yulia Tymoshenko a la primera línea de la política ucraniana, lo que se enfrenta es un escenario de incertidumbre.

Con un contexto geopolítico que se ha movido entre la influencia de Rusia y de Europa, para el experto, junto con destacar el triunfo de las posiciones más cercanas a occidente por sobre las más afines al vecino país del este, es importante considerar algunos elementos tanto políticos como económicos.

“Factores políticos donde hay tensiones e influencias, donde los rusos y los europeos quieren tener presencia, donde Estados Unidos, a través de sus aliados occidentales también pretenden influenciar, donde los rusos no quieren perder la injerencia que puedan tener en Ucrania”, analiza Jofré.

Asimismo, asegura que “al mismo tiempo existen intereses económicos en una zona donde el tránsito de gas y petróleo tiene una importancia fundamental para Europa”.

Según el analista, no es de extrañar que el destituido ex mandatario apele a un sentimiento más cercano a lo ruso en el este y sur del país, zonas en las que mantiene apoyo y donde el idioma es el ruso y no precisamente el ucraniano.

Por ello, plantea que desde Rusia no reconocerán el nuevo Gobierno transitorio, por lo que no es errado pensar que en Ucrania pudiera surgir algún movimiento separatista, político en principio, para luego pasar a otra etapa de mayor desestabilización para ambas regiones del país.

Mapa de Ucrania

La dificultad para la instalación de un Gobierno de unidad es evidente para la académica Olga Ulianova, directora del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago, lo que se traducirá en un complejo periodo de búsqueda y que no necesariamente representará a la totalidad de las fuerzas políticas ucranianas.

Según la experta en estudios de Europa del Este y Asia Central, desde la Unión Europea y Estados Unidos sobrestiman el peso del partido de Yulia Tymoshenko, al mismo tiempo que subestiman la fuerza de los nuevos grupos de ultraderecha nacionalista, lo que según ella podría asemejarse a lo ocurrido con la Primavera Árabe.

De gran trascendencia, además, es comprender las cercanías entre las etnias y las lenguas rusa y ucraniana.

“A diferencia de otras ex repúblicas soviéticas, donde las lenguas son claramente distintas y donde también las personas pueden ser físicamente diferentes, entre Rusia y Ucrania encontrar esta división es más complejo, es más bien de identificación”, aclara la académica.

En ese contexto, agrega que “por un lado puede ser un factor que podría promover mayor unidad de cercanía, pero por otro complica aún más la instalación de un nacionalismo ucraniano étnico-lingüístico”.

En definitiva, asevera Olga Ulianova, existen en Ucrania dos tendencias que son contrapuestas. Una que apunta a una mayor integración y otra que se caracteriza por una intencionalidad de los grupos ultranacionalistas de actuar contra la lengua rusa por su cercanía y masividad.

Las intenciones de negociar con la Unión Europea y con el Fondo Monetario Internacional por parte de las nuevas autoridades ucranianas es algo que se está dando bajo una verdadera política de shock, tal como lo plantea el analista internacional Raúl Sohr.

Con un fuerte componente de guerra fría, con Rusia y Estados Unidos como protagonistas, para el experto, además de considerar posibles intentos separatistas dentro de Ucrania, particularmente en la zona de Crimea, es claramente posible identificar, al menos en esta etapa del proceso, a los triunfadores y a los derrotados.

“Yo no descartaría un movimiento secesionista por parte de Crimea, e incluso una intervención militar de Rusia para mantenerla vinculada bajo su influencia”, proyecta el analista, agregando que “la imagen de hoy es sin duda una gran derrota para los rusos y una victoria especialmente para Estados Unidos que se la jugó por la movilización y apoyó a esta oposición más beligerante”.

Según Sohr, la situación ucraniana está dada por transformaciones radicales y sin dar tiempo para que la ciudadanía se exprese de manera masiva, donde los cambios están siendo generados, en definitiva, por pequeños grupos.

Y mientras la jefa de la diplomacia europea, Catherine Ashton, visita la capital Kiev para reunirse con las autoridades locales, desde el Gobierno de Vladimir Putin advierten que si Ucrania firma con la Unión Europea el acuerdo de asociación que el destituido Viktor Yanukovich se negó a materializar en noviembre, Rusia aumentará los aranceles a las importaciones procedentes del país en conflicto.

Por ahora, el objetivo del jefe de Estado interino, Alexandr Turchinov, es fortalecer un equilibrio entre las aspiraciones europeas de los ucranianos y la relación con el Gobierno ruso. “Estamos dispuestos a un diálogo con Rusia y también a respetar la opción europea de Ucrania”, ha afirmado en sus primeros días de mandato.