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Año XIV, 28 de septiembre de 2022

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Instituto Nacional: Amanecer y ocaso del emblema de los emblemáticos

Los resultados del Simce, la reforma a la educación y las tomas de los estudiantes vuelven a poner en la palestra al Instituto Nacional. Del pasado, el presente y el futuro hablan expertos, alumnos y ex alumnos, en un recorrido histórico que pone al descubierto el complejo momento para el emblema de los emblemáticos.

Sandra Trafilaf

  Jueves 12 de junio 2014 11:37 hrs. 
instituto nacional

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Los malos resultados en el Simce volvieron a poner en la palestra al Instituto Nacional. El rector (S), Fernando Pérez, indicó que se debe focalizar la atención no solo en un reforzamiento en el área de lenguaje, sino también “en todos los ramos humanistas”.

La preocupación radica en la baja de 19 puntos en esa área en comparación con 2012. Mientras en el Simce de 2012 los estudiantes promediaron 329 puntos, el año pasado alcanzaron sólo 310. “Tuvimos un descenso significativo, nuestra preocupación es muy alta porque nos damos cuenta de que debemos fortalecer ese ámbito y hacer un plan integral de intervención”, dijo el rector (S).

Eso es sólo el contexto, pero la crisis del colegio va mucho más allá y se entrecruza con el debilitamiento sostenido de la educación pública nacional.

Los expertos que han analizado el tema del desarrollo que ha tenido la educación en el país, señalan que en el contexto de la dictadura, a principios de 1980, los cambios experimentales practicados en distintas áreas, para instaurar el modelo neoliberal, también aplicados en la política educacional, traspasando los niveles de la primaria y secundaria a las municipalidades y convirtiendo la educación superior en una mercancía.

Esta política contempló entre otras cosas, aplicar subsidios estatales portables para los alumnos del sistema escolar, sin importar si asistían a establecimientos públicos o privados, como también el desmantelamiento de los sistemas de supervisión estatal. Luego vino el levantamiento del movimiento secundario que puso en cuestión la educación como una mercancía.

De acuerdo a los especialista, los gobiernos post dictatoriales, incluida la reciente administración de Sebastián Piñera, no representaron cambios profundos a las demandas de los estudiantes, pese a la movilización en ascenso que tuvieron los Liceos tomados durante meses y la disposición incluso a repetir de curso, por una educación gratuita y de calidad, donde lugares emblemáticos, entre ellos, el Instituto Nacional han tenido un rol protagónico.

En 1813, antes de fundar la Universidad de Chile, se creó el Instituto Nacional. Con el objetivo de formar “ciudadanos para la patria, entregar educación intelectual y militar a todo joven, sin importar su origen social ni la condición económica”, nace este símbolo de la nueva república buscando ejercer influencia en la conducta de la sociedad chilena.  Con grandes logros en los resultados Simce, con excepción de la última evaluación, donde no quedó en el ranking de los 10 altos puntajes, y asegurando el ingreso a cualquier universidad, en el Instituto se advierte un ocaso, un espacio que ha dejado de representar la diversidad social del país.

A lo largo de la historia republicana, la institución se ha consolidado como el principal centro de estudios secundarios para hombres en el país, ostentando con orgullo que ha sido un semillero de presidentes de la república, ministros, jueces y personalidades prominentes de la política, las ciencias y las artes, quienes han puesto en el centro del debate el tema de la educación que  necesita esta sociedad.

En la actualidad, los alumnos provienen en un 54 por ciento de colegios privados subvencionados, un 42 por ciento de liceos municipales y un 4 por ciento de colegios privados particulares.  Si se considera el perfil socioeconómico, el 5 por ciento proviene del quintil de menores ingresos y un 11 por ciento del segundo quintil.

Importantes figuras del ámbito intelectual han estado ligadas al Instituto Nacional,  él, entre las cuales destacaron como rectores Manuel Montt, Antonio Varas y Diego Barros Arana.  También alumnos y profesores como  Francisco Bilbao, Benjamín Vicuña Mackenna, José Victorino Lastarria, Andrés Bello y Miguel Luis Amunátegui.

Los postulados fundacionales lo definen como una casa de estudios con un Proyecto Educativo de carácter humanista, científico y laico, promoviendo la formación integral de sus alumnos, lo que se refleja en el desarrollo espiritual, social, cognitivo, artístico, técnico y físico.

Expertos analizan educación del Instituto Nacional

El académico de la Facultad de Educación de la Universidad Diego Portales, Renato Gazmuri, aclara que el concepto de calidad va a depender de la carga ideológica con que se analice. El neoliberalismo lo asoscia  a resultados académicos medibles en pruebas estandarizadas, explica y destaca que es justamente este componente ideológico el que tensiona el surgimiento de cuestionamientos de los institutanos a rechazar la eliminación de la selección, viendo allí un peligro de sus privilegios.

Respecto del tema de las selección, el académico considera que la lectura sobre la defensa de la selección en este Instituto, se puede analizar desde la defensa de los privilegios de poder contar con un grupo de elite de estudiantes para poder hacer el trabajo de formación con ellos, lo que lo pone en una situación incómoda respecto del resto de los secundarios. “Se confunde cual es la defensa de los derechos y la defensa de los privilegios institucionales”

Todas las instituciones grandes o pequeñas tienden a generar una apología de su propia historia, insiste el académico, una mística que muchas veces  traiciona la verdad histórica en función de la empatía emocional, porque para los Institutanos es muy importante ser formadores de líderes, pero cuando eso ocurrió ¿de qué tamaño era la elite de este país y donde se educaba? ¿Cuál era el contexto?, se pregunta.

“El liceo público tuvo en algún momento niveles de excelencia no porque la educación pública tuviese un paradigma de derechos, sino porque la elite se educaba en el sistema público, cuando la elite se empieza a educar en el sistema privado los liceos pierden esa capacidad de generar elite, entonces ahí te puedes preguntar si ese efecto elite era porque estudiaban en el Instituto o era porque  efectivamente pertenecían a la elite del país.  Es decir que esa premisa que históricamente formaron la elite, sí es una constatación muchos personeros de las ciencias, de la política de las comunicaciones salieron del Instituto”, dice Gazmuri.

“Esa premisa que históricamente formaban una elite ¿fue efecto instituto o era porque la elite era más reducida? Es difícil poder asignar causalidades directas, ahora el Instituto no es el mismo de hace 40 o 50 años atrás,  hoy son mucho más de clase media, de mucho mérito académico y que es probable que tengan un buen pasar por la vida tengan éxito profesional, pero no necesariamente acceden a las elites”, explica el académico de la U. Diego Portales.

Juan Pablo Valenzuela, del Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE) de la Universidad de Chile señala que este es un colegio emblemático para todo el país, que hoy enfrenta enormes desafíos debido al estigma de la educación pública, concentrada en estudiantes más vulnerables, y que perdió su objetivo de ser una alternativa para la mayoría de los chilenos.

El Instituto Nacional, es “un recurso, un activo, una luz de lo que debe ser la educación pública para todos los niños de nuestra nación”, enfatiza el investigador, y concluye que sigue siendo un colegio de excelencia que se destaca entre uno de los tres mejores colegios con los más altos resultados de todo el país.

“Este colegio de elite  no estaría en riesgo”, a juicio de Juan Pablo Valenzuela, es un referente para la educación pública, un activo de la nación que debe ser resguardado, apoyado y perfeccionado para estar a la altura de los desafíos que se tienen.

El Integrante de la observatorio  Chileno de Políticas Educativas, Mario Sobarzo sostiene que el Instituto Nacional ha sido afectado, y con un rastreo más a fondo, se podría percatar que el establecimiento  no ha quedado estoico frente a las políticas neoliberales.

“El Instituto Nacional ha sido afectado también por las políticas neoliberales que han confundido lo que es el tema de la libertad educacional con lo que es la selección, ese es un gran problema , que hoy día todavía sigue sin resolverlo, el problema es que ese es un criterio neoliberal que se aplica y se justifica como si fuera mejoramiento de la educación, si bien antes tenía selección eso estaba dentro de un contexto de una educación pública, hoy  estamos hablando de una educación muy privatizada del sistema educativo chileno”, manifestó el investigador de la U. de Chile.

En este contexto, el emblema de los emblemáticos termina por ser otro colegio particular pagado, sin aportes de los particulares, planteando la siguiente interrogante “¿hasta qué punto es una institución que podría considerarse como rasgo de la educación pública? No creo que sea punto de referencia para la educación pública”, concluye.

La comunidad institutana

El vicepresidente de Centro de Padres y Apoderados (CEPA) del Instituto Nacional Jaime Sánchez, dice no estar conforme con la educación que le entregan a su hijo, y aclara que todo es mérito de los padres, de los alumnos y de la comunidad, que el Estado ha dejado a la educación municipalizada sin recursos, abandonando el principio de entregar una buena formación.

“Conforme a la educación que se le está dando a mi hijo en el Instituto Nacional, no estoy conforme, aquí hay mucho esfuerzo de los padres y apoderados, hay algo que no pasa en los otros colegios, aquí al alumno desde séptimo hasta cuarto medio los padres están al lado de él, son capaces de colocar plata para que existan talleres dentro del colegio. Los gobierno de turno no se han preocupado de los colegios”, denuncia el dirigente del CEPA.

En tanto, Xavier Opazo presidente del Centro de Alumnos del Instituto Nacional, asegura que su establecimiento es hoy un ejemplo de la educación pública de calidad y gratuidad, al mismo tiempo demanda que la calidad que se imparta no sea solo un privilegio, sino que  sea algo propio de la educación para el resto del país.

Xavier Opazo explica que “yo creo que hoy en día la educación pública carece de un proyecto, carece de un valor agregado que uno pudiera buscar, generalmente hoy en día la educación pública está haciendo la opción cuando no me alcanza para la educación particular subvencionada, entonces la educación pública hoy día no está teniendo un factor que darle a la sociedad, no está diciendo aquí vamos a construir gente con valores republicanos, aquí vamos a construir gente con educación cívica, aquí vamos a educarnos al plan artístico, a la educación integral delos alumnos, aquí no hay una definición sobre cómo va a apuntar la educación pública hacia el resto”.

El Instituto continua siendo una especie de oasis dentro de la educación municipalizada, de acuerdo a los expertos los factores son muchos, es un colegio con historia, tradiciones, y gran exigencia, que puesta en tela de juicio cuando el estudiante Benjamín González, leyó su discurso de despedida.

“Desde el primer día que pisé este colegio, sentí como todos los dardos y las acciones van dirigidas a un solo objetivo: el éxito. El éxito no como un instrumento para un fin mayor y más noble (la felicidad, por ejemplo). Sino como la meta final de la vida. Un éxito aparente eso sí, un éxito centrado sólo en lo económico: ser puntaje nacional, estudiar una carrera tradicional, casarse, escalar lo más alto posible en la empresa, comprarse una camioneta para pegarle la insignia del instituto en el parabrisas.”, decía parte del discurso que leyó en medio del desconcierto de muchos.

Los egresados

El economista, ex senador, ex ministro Carlos Ominami de entrada recalca ser un gran agradecido de su casa de estudios, considerando que es imprescindible que siga existiendo porque representa “lo mejor”, no de los jóvenes que tienen dinero sino lo mejor de los jóvenes talentosos que quieren servir al país.

Ominami declara que es un establecimiento que está por sobre el promedio de la educación pública, pero lamenta el pobre estado de  la educación municipal, responsabilizando de ello a la dictadura y también a “los gobiernos de la Concertación por su falta de compromiso con la educación pública”.

Recuerda que en la época que estuvo era un colegio de clase media, hijo  de profesionales y de gente muy adinerada, que sentían la necesidad que sus hijos estuvieran en el Instituto Nacional “hoy día es muy difícil encontrar jóvenes que provengan de Plaza Italia hacia arriba. Es más bien un colegio de clase media, yo diría clases medias más bien pobres, entonces creo que en eso el Instituto perdió transversalidad social, perdió esta característica de ser relativamente un buen reflejo de la diversidad social de Chile, pero con todo ha logrado resistir”, detalla como crítica a la falta de diversidad.

Respecto de la reforma educacional aplicada al Instituto Nacional, Ominami explica “quiero creer que esto va a ser una solución para que el Instituto pueda mantener estas características de ser un establecimiento superior en materia de educación pública, yo así lo espero, cuando se planteó el término de la selección puramente muchos reaccionamos defendiendo el Instituto Nacional, yo creo que eso hizo que el Ministerio reconsiderara también sus posiciones y se abriera a este mecanismo de selección republicano sobre la base del talento”.

José Manuel Latus, es otro egresado del Instituto Nacional, cuenta que proviene de un colegio particular, y que sigue observando que su establecimiento continua con el aporte de buenos elementos a la Universidad y al país.

“El instituto nacional como liceo público es un ejemplo de lo que debería ser la educación pública en Chile y fue una importante marca en mi vida, en lo que es mi futuro”, dice José Manuel Latus.

“El Instituto Nacional me marcó de una manera muy importante, lo primero es que me ayudó a insertarme en una sociedad más real de lo que yo estaba viviendo, que era colegio particular viviendo en un barrio más de clase alta y fue muy importante para salir de esa burbuja e insertarme en una realidad que me tocó vivir y conocer desde que entré al Instituto Nacional”.

Latus reconoce que no fue ningún alumno destacado, pero académicamente también lo ayudó, pues con la formación que tuvo me fue suficiente para después batirse por sí mismo.

En ese escenario, en medio de la crisis de la educación, de las interrogantes que plantea una reforma educacional que no profundiza en lo medular que es eliminar el neoliberalismo como práctica y política en la educación, el Instituto Nacional pareciera no ser el espacio de encuentro, el espacio de la diversidad intelectual y económica.  Un ocaso que tiene que ver con el impacto en el sistema educativo, del cual no se ha podido desentender el principal semillero de presidentes de la república.

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