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Año XIV, 17 de agosto de 2022

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Expertos denuncian que las sectas proliferan por debilidad legislativa

Sin números, así señalan los expertos en la materia. Determinar la cantidad de sectas activas en el país rebasa todos los cálculos que se puedan pensar, aseguran quienes por años han seguido el tema. Además, insisten en que la legislación vigente ampara a cualquier tipo de agrupación sin mediar consecuencias.

Paula Campos

  Viernes 11 de julio 2014 19:15 hrs. 
sectas

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En el recuerdo colectivo están las imágenes que cada cierto tiempo nos avisan la presencia de sectas en el país. Sacrificios con animales, conductas cuestionables e incluso muertes de niños lactantes, han sido parte de las noticias que nos acercan a estas agrupaciones.

Sin embargo, las vigentes en el país sobrepasan diametralmente a las conocidas. Expertos investigadores aseguran que su cantidad es incuantificable y que están repartidas a lo largo de todo el país.

Su hermetismo y reducido número de participantes hace casi imposible localizarlas y fiscalizar su accionar, aseguran.

“No todas son satánicas”, agregan de inmediato, pero reflexionan sobre los problemas que éstas traen para la sociedad.

¿Qué son las sectas?

No todas las agrupaciones son sectas, tampoco son lo mismo que las religiones, detallan los investigadores.

Esta agrupación social, generalmente con pocos integrantes, hermética, exclusiva y excluyente, que siendo de estructuración voluntaria en su origen promociona una misión especial, es dirigida por un líder con ciertos carismas y que afirma ser la divinidad encarnada o la divinidad misma.

Entre las características que definen estas organizaciones se encuentra el secretismo en el que trabajan sus ritos, la verticalidad jerárquica de sus relaciones y que el ingreso y salida no es a libre voluntad de sus miembros.

Es ese último punto la principal diferencia con las religiones, detalla Juan Guillermo Prado, periodista e investigador en la materia. Las religiones, por ejemplo, permiten el libre acceso a sus templos, así como un alejamiento voluntario del culto. Sin embargo, en las sectas el ingreso a templos y la participación en ellas no es libre. Existen condiciones impuestas por los líderes, las que determinan la entrada y, por supuesto, la salida.

El líder

Probablemente es de este personaje del que más se ha escrito en la materia. Son los líderes los encargados de buscar a los miembros, elegirlos e imponer sus reglas de convivencia y participación.

Usa métodos pedagógicos especializados para captar fieles, y medios técnicos (lavado de cerebro, violación psíquica, control mental, etc.) que llevan a los fieles a una pertenencia fanática. Con personalidad carismática, mesiánica y un amplio poder de dominación, son ellos los que llevan al resto de sus seguidores a creer que la verdad absoluta pasa por lo que ahí se profesa.

En cuanto a los miembros, estos también tienen características comunes. Al ser las sectas totalitarias, es decir involucran al todo de un sujeto, quienes participan de ellas deben ejecutarlas con grados de sumisión, sobre todo por la jerarquía de las labores, dice Hugo Zepeda, abogado y teólogo.

Juan Guillermo Prado asegura que las sectas funcionan porque hay gente deseosa de escuchar discursos apocalípcticos. Otros creen más atractivo morir en forma colectiva que en forma particular, lo diferente y las personas que caen por soledad, encontrando en la secta compañía,  son parte de sus fortalezas.

Legislación

Valido sería preguntar por qué las sectas deben ser perseguidas si no comenten ilícitos. Para los expertos el problema son los grados de dominación que el “líder” ejerce en el resto de los miembros.

Suicidios, comprometidas conductas alimentarias, abusos financieros y sacrificios de sangre, son sólo una parte de los problemas en los que se pueden involucrar quienes a ciencia cierta creen en este claro y aprendido discurso.

Es por esa preocupación que hace algunas semanas la Policía de Investigaciones (PDI) hizo un seminario sobre las sectas en el país. Iniciativa se enmarca dentro de la estrategia para atacar este fenómeno, que quedó al descubierto el año pasado con la secta de Colliguay.

Es que para los expertos lo más dificil es el tema judicial. La ley conocida como Libertad de Culto, abre la puerta para que todo tipo de grupo se constituya, por eso piden mayor regulación.

En Chile, son miles las organizaciones religiosas constituidas como personas de derecho público. Humberto Lagos, sociologo y abogado, aseguró en entrevistas que la ley que rige al país es una de las más “permisivas del mundo”, donde incluso las sectas satánicas pueden estar inscritas de manera legal.

Ahí ubica la dificultad Juan Guillermo Prado. No se puede conocer con verdadera certeza cuáles son los fines de estos cientos de agrupaciones porque la ley las ampara y no las fiscaliza.

De esa forma se explican todos los casos que han terminado sin culpables. Centro de Estudios Tibetanos, acusados de trata de blancas, Niños de Dios, Familia y Propiedad, Secta de Vilcún, Comunidad Ecológica Cristiana de Pirque, son sólo algunos de los ejemplos de episodios  que terminaron sin responsables penales.

“Si se está por propia voluntad no se puede hacer mucho”, dijo Rodrigo Reyes de la PDI, cuando investigó el caso de la Comunidad Ecológica Cristiana. Esto porque en Chile no se penaliza la manipulación o abuso mental, sólo se pueden perseguir usando otros delitos para procesarlas.

Otro de las graves dificultades es la defensa por perturbaciones mentales que se hace de los acusados. Ejemplo de ello fue cuando Paola Olcese, líder de la secta de Pirque, fue absuelta del delito de homicio por omisión (2008) por padecer “delirio mesiánico”.

Hugo Zepeda es claro, “el delirio es una condición psíquica con la que viven las personas de estructura psicótica, eso no las hace enfermas”, por ello asegura que es necesario endurecer las penas, con años de cárcel y multas económicas, aplicadas en diferentes grados según la participación de sus miembros.

En cuanto a la ley vigente, Jorge Precht, indicó hace algún tiempo que es necesario fortalecerla, poner requisitos, como un mínimo de miembros por asociación que se legaliza como grupo religioso y también, años mínimos de funcionamiento, un asentamiento legal y tener conocimiento de sus actividades antes de poder inscribirse. Para el estudioso, en ciertos delitos como muerte o fraude, debería ser un agravante el que se cometa “bajo cobertura religiosa”.

Mientras la ley se mantenga sin modificaciones, dicen los entrevistados, podrían aparecer nuevos casos de homicidios o suicidios vinculados a estas sectas. Una regulación efectiva permitiría adelantarse a estos sucesos y proteger a quienes han sido víctimas de estos mensajes mesiánicos.

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