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Políticas del Libro y Lectura: ¿es efectivo el diálogo?

La actualización de la política del Libro y la Lectura fue una de las promesas del programa de gobierno de Michelle Bachelet. Actualmente, el Consejo del Libro está realizando mesas de discusión con el objetivo de modificar las políticas vigentes para "hacer de Chile un país de lectores y lectoras".

Camila Dentone

  Sábado 6 de septiembre 2014 10:48 hrs. 
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En la cuenta pública del 21 de mayo, la presidenta Michelle Bachelet anunció la idea de modificar la política actual del libro y lectura, comunicando dos medidas: la creación del Plan Nacional de Lectura y una Política Nacional del Libro:

“Pondremos un énfasis importante en el fomento y el desarrollo de la lectura, que es fundamental para los aprendizajes escolares en todas las áreas y para acceder a la cultura, desarrollar habilidades y descubrir nuevos espacios. Para ello, crearemos el Plan Nacional de Lectura y una Política Nacional del Libro que haga de Chile un país de lectores y lectoras desde la primera infancia”, declaró la Presidenta.

La intención quedo establecida en el plan de gobierno y se alzó como una promesa de campaña.

El 31 de julio se realizó la primera mesa de discusión presidida por el Consejo del Libro para actualizar la Política Nacional del Libro y la Lectura. Desde entonces se han efectuado tres jornadas de diálogo, la última llevada a cabo el 4 de septiembre. Las mesas separadas por temáticas como Educación y Lectura, Creación, Industria e Internacionalización y Patrimonio, han contado con la participación de diversos representantes del sector público y privado de la cultura: editores, distribuidores, académicos, instituciones que tienen como objetivo fomentar la lectura, entre otros.

La secretaria ejecutiva del Consejo Nacional del Libro, Regina Rodríguez, declaró que este proceso de diálogo que comenzó el 31 de julio, tiene como objetivo desplegar un plan a largo plazo. “Queremos que las tareas que se consideren no sean un listado del supermercado, sino que sean acciones enmarcadas en una política que busca objetivos estratégicos. Es importantísimo destacar que en este esfuerzo está involucrado todo el Consejo del Libro, en cada mesa hay un consejero y un representante de la Secretaría Ejecutiva, además de expertos de cada temática”, aseguró Regina Rodríguez a través del sitio oficial del Consejo.

Hasta el momento se han realizado cuatro reuniones y la sesión de cierre de las mesas está agendada para el 7 de octubre. Guido Arroyo, vocero de la Cooperativa de Editores de la Furia y director de Editorial Alquimia, quien ha participado del diálogo en la mesa de Creación, cuenta que la discusión se ha centrado principalmente en efectuar un diagnóstico más que apuntar al diseño de una política concreta. 

“En general las mesas están apuntado a hacer un diagnóstico sobre el estado crítico del libro y buscando aunar posiciones para que se generen ciertos planteamientos que puedan ingresar a la política. El problema que yo visualizo en eso es que hay más estado de diagnóstico que propuestas políticas claras, entonces muchos tenemos la percepción de que no se va a lograr mucho con el debate.”

En esa misma línea, Marco Antonio Coloma, editor y coordinador de la campaña “Libros sin IVA”, comenta que asistió a la primera reunión, pero decidió bajarse de la mesa debido a que a su parecer, antes de hacer un llamado a discutir, es necesario que el Consejo presente medidas concretas.

“A propósito del programa de gobierno de Bachelet, en ese plan menciona dos políticas: crear una Política Nacional del Libro y también un gran Plan de Fomento Lector. Nos dimos cuenta que esas dos propuestas eran vacías, titulares, porque no hay una política detrás. Se llama a esta multitud a evaluar y diagnosticar, pero no hay una política que oriente ese titular de crear un Plan Nacional”.

Coloma también agregó que esperaba que el Consejo del Libro en vez de realizar una mesa multitudinaria, convocara a expertos que estudiaran la política anterior para levantar una propuesta nueva que fuese coherente y aterrizada, ya que las ideas que se han dado en las mesas de diálogo no tienen el piso político o presupuesto para efectuarse.