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Los conflictos laborales que agitan los pasillos del Centro Cultural Gabriela Mistral

Problemas en las condiciones laborales y salariales denunció el sindicato de trabajadores del GAM. Despidos injustificados y una amplia brecha en las remuneraciones son algunos de los puntos que plantean los funcionarios de uno de los centros culturales más importantes del país.

Rodrigo Alarcón

  Miércoles 24 de septiembre 2014 20:05 hrs. 


“Problemas de clima laboral” fueron los que diagnosticó la Dirección del Trabajo en el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM), luego que una trabajadora que prefiere mantener su identidad en reserva acudiera al organismo por diversos problemas con sus superiores.

La funcionaria había vivido una sucesión de conflictos, los que además habían afectado su estado de salud, pues padece de enfermedades crónicas que hasta entonces mantenía controladas.

En ese escenario, presentó los antecedentes ante la Dirección del Trabajo en marzo de este año. Luego de un periodo de investigación, la entidad concluyó que de la denuncia se desprenden dificultades en el clima laboral y ofreció una mediación voluntaria para solucionar los conflictos.

Esto, según un informe fechado el 25 de julio de este año, en el cual además se advierte “la necesidad de fortalecer el departamento de Recursos Humanos, para que tenga una participación protagonista y concreta en la relación de los trabajadores entre sí y para con la empresa, acorde a lo esperable en una Corporación de estas características y exigencias de profesionalismo”.

La trabajadora se negó además a firmar su despido, por lo que se mantiene en suspenso. De hecho, en los primeros días de octubre debe asistir a un comparendo que definirá su situación.

Según el Sindicato de Trabajadores, que agrupa a 48 de los 76 empleados del GAM, este es el último de una sucesión de episodios que dan cuenta de condiciones de trabajo que no son adecuadas.

Francisca Peró, presidenta del sindicato, asegura que “hay poca o nula regulación de los recursos humanos. No hay políticas de desarrollo organizacional y no hay claridad sobre las políticas de contratación y desvinculación”.

La dirigenta subraya que el GAM cumple con el pago de sueldos y cotizaciones, pero dice que el sindicato quiere ir más allá: “Somos súper comprometidos con el proyecto en el que trabajamos, hemos logrado tres millones y medio de visitas en cuatro años, lo que es fruto de nuestro trabajo, y lo que queremos es ser no solo un modelo en la cultura, sino también en el trato hacia los trabajadores. No queremos que en el GAM se replique el modelo de desigualdad con el que opera la mayor parte de las instituciones del país. Quisiéramos ser un lugar diferente, un referente no solo en las artes, sino en el trato hacia las personas”, explica.

En ese sentido, Francisca Peró apunta también a la brecha salarial que existe en la institución, de más de 20 sueldos entre las personas que reciben más y menos dinero. Por ejemplo, un asistente de producción puede recibir un sueldo base que supera por poco los 300 mil pesos, mientras que la directora ejecutiva, Alejandra Wood, registra más de nueve millones de pesos en el mismo ítem, según información disponible en el sitio del Senado.

Ante esto, la misma Alejandra Wood responde que “lo justo sería hacer ese comentario con información sobre cualquier otro tipo de organización en Chile, no solo del ámbito de la cultura. También tiene que ver con los grados de responsabilidad y con el tipo de personal. Nosotros tenemos una composición de colaboradores amplia y compleja, al manejar teatros, bibliotecas, atención a público, etc. Es justo comparar con otros sectores y no verlo como un caso aislado”.

Asimismo, la directora ejecutiva del centro cultural relativiza los problemas de clima laboral: “Tenemos protocolos de selección de personal y de contratación y tú comprenderás que ninguna organización tiene protocolos de desvinculación. Tenemos contratos de trabajo con 76 colaboradores y nos atenemos a toda la normativa en esos contratos. Pueden haber percepciones respecto del clima laboral al interior del GAM, lo que es relativo y parte del punto de vista que se puede tener sobre distintas situaciones que se dan en el devenir de una organización. Todas las situaciones las hemos enfrentado en el espíritu de construir un buen lugar de trabajo, en conjunto con el sindicato”, afirma.

Para el sindicato, la situación se explica en gran medida por la naturaleza del GAM, una corporación privada que hoy recibe un 65 por ciento de financiamiento estatal. En 2014, esa cifra alcanzó los dos mil millones de pesos.

Por esto, los trabajadores no tienen derecho a negociación colectiva, pues el artículo 304 del Código del Trabajo establece que las instituciones que son financiadas en más de un 50 por ciento por el Estado no pueden implementar el mecanismo.

“Somos un sindicato de una empresa privada, pero sin derecho a negociación colectiva. Al final, somos un grupo de trabajadores que nos juntamos a tomar el té. En el fondo, dependemos de la buena voluntad de la contraparte, la que se abrió ahora como reacción a nuestra manifestación pública”, dice Francisca Peró.

Para la dirigenta, el esquema de financiamiento del GAM “deja a los trabajadores con lo peor de cada sistema, porque no tenemos trabajadores de planta, como puede tener el Gobierno o las instituciones estatales, y tampoco tenemos los beneficios a los que puede llegar un trabajador del sector privado, por ejemplo”.

Alejandra Wood, en tanto, declina entregar su punto de vista, pero hace una salvedad: “Cuando llegué, sabía el tipo de organización en el que me estaba empleando y cada persona, cuando firma un contrato, tiene la misma responsabilidad. Es fuera de mi ámbito tener una opinión al respecto”, dice.

Se espera que en los próximos días el sindicato presente un petitorio que apunta especialmente a las políticas de contratación, desvinculación, trabajo a honorarios y pago de horas extras, entre otros puntos.

Esto, justo cuando el centro cultural acaba de cumplir cuatro años y se prepara para iniciar su ampliación. En octubre se pone en marcha el proyecto de su segunda etapa, con una inversión que supera los 60 millones de dólares, y contempla la construcción de una sala para dos mil espectadores, cuya puesta en marcha está prevista para 2017.