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Las siete décadas del Museo que releva las artes del pueblo

El 20 de diciembre de 1944 el investigador chileno, Tomás Lago, dio el discurso inaugural de lo que era su sueño: dirigir un museo que valorara el arte popular. Su gestión, más el aporte de importantes actores culturales, levantaron el primer recinto con estas características en la región. Hoy, a 70 años de aquel episodio, el Museo de Arte Popular Americano de la Universidad de Chile proyecta dejar el nomadismo que ha vivido desde sus inicios e incrementar su colección.

Damaris Torres C.

  Lunes 8 de diciembre 2014 9:50 hrs. 
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El ánimo era americanista, pero cómo presentarlo. Esa era la discusión que congregó durante más de un año al académico Tomás Lago y al poeta Pablo Neruda en torno a la exposición que les solicitó la presidenta de la Comisión Chilena de Cooperación Intelectual, Amanda Labarca, para celebrar el centenario de la Universidad de Chile en 1942.

Junto a los escritores Juan Guzmán Cruchaga y Marta Brunet, más embajadores y cónsules, gestionaron la llegada de colecciones provenientes de Argentina, Bolivia, Colombia, Guatemala, México, Paraguay y Perú que se exhibieron en esta importante muestra. Aquellas piezas dieron origen al Museo de Arte Popular Americano Tomás Lago (MAPA) que este mes cumple 70 años al alero de la Casa de Bello.

El recinto tenía el objetivo de albergar y educar acerca del valor patrimonial del arte popular que, según Lago, eran obras “miradas con desdén y prejuicio, tanto por las clases acomodadas como por la academia”, señala la profesora del Departamento de Teoría e Historia del Arte, Constanza Acuña, en su texto Origen y devenir del Museo de Arte Popular Americano.

Hacia la valorización de lo popular

Tomás Lago, fundador y director del Museo de Arte Popular Americano desde 1944 a 1968.

Tomás Lago, fundador y director del Museo de Arte Popular Americano desde 1944 a 1968.

El MAPA se creó en 1943, pero su inauguración se concretó un año después, el 20 de diciembre de 1944. Por su conocimiento y experiencia en el rescate de lo popular, Tomás Lago (1903- 1975) quedó como director de lo que se convirtió en el primer recinto de arte popular en la región.

“Un museo de esta clase tiene una misión que cumplir, es necesario y vital. Hasta aquí los museos como instrumentos de investigación histórica han trabajado siempre de una manera retrospectiva que les ha dado, a la postre, esa cosa inerte que tienen los hechos hace mucho tiempo consumados. Un museo de esta clase aspira a dar mayor perspectiva a nuestra propia época, estudiando su realidad cotidiana con todos los elementos documentales vivos”, señaló el escritor en la ceremonia.

“Lago trató de establecer un itinerario museográfico que, por una parte, rescatara la originalidad del pensamiento que se anidaba en los objetos de la cultura popular y, por otra, se sumara a la discusión que por aquellos años replanteaba el rol del arte en la sociedad y la importancia de la inclusión de los grupos subalternos en la construcción de un proyecto social y cultural que, desde la Universidad de Chile, impulsara también un nuevo tipo de enseñanza”, plantea Acuña en su escrito.

Opinión compartida por el académico del mismo Departamento de la Facultad de Artes, Gonzalo Arqueros, quien junto a la docente realizó un estudio preliminar de la historia de la institución y, por ende, de Tomás Lago, cabecilla del museo por más 20 años. “Lo que me parece atractivo e inquietante es que supo encontrar la dimensión estética y la subjetividad social e histórica de las piezas”, dice.

Según el profesor, “para Lago el arte popular integra la manualidad como una categoría importante porque la mano es la que conecta con la tradición, es decir es la idea del sujeto social, cultural e histórico reflejado en el objeto”.

Con la dirección del folclorista Oreste Plath (de 1968 a 1973) el MAPA se abrió a “otro tipo de expresiones, como el arte carcelario”, detalla el texto de Constanza Acuña. Plath sostenía que “en estos trabajos de libertad de expresión, los que se realizan sin prisa, el individuo se descubre o encuentra su personalidad (…) De envases de hojalata hacen flores, canastillos, locomotoras”.

Terminar con el nomadismo

La investigación hecha por la profesora Acuña cuenta, también, que en 1966 “Lago consiguió a través del Banco Mundial un edificio en José Miguel de la Barra con Monjitas” y que su traslado a una sede definitiva se proyectaba para 1973, pero se vio frustrado por el golpe militar. “La itinerancia ha sido el sino del MAPA,”, afirma la actual directora del museo (a partir de 2008), la académica Nury González.

Desde que abrió las puertas, el recinto cultural ha estado en inmuebles provisorios que no cumplen con lo necesario para albergar a una institución del estilo. Primero fue el Castillo Hidalgo del Cerro Santa Lucía, inmueble que se suponía acogería al museo por un periodo corto, pero pasaron 20 años desde su inauguración, y Tomás Lago se vio en la obligación de publicar en el Boletín de la Universidad de Chile un artículo en el que solicitaba un local adecuado. “No ha habido medio de instalar las cada vez más nutridas colecciones del fondo documental, y continuamos trabajando en las tres salas del hermoso pero decrépito edificio colonial español, instalado en una terraza del cerro”, reclamó el investigador en la época.

Sección Chilena del Museo de Arte Popular Americano, Castillo Hidalgo del Cerro Santa Lucía. c. 1945. Archivo Fotográfico, Museo de Arte Popular Americano Tomás Lago.

Sección Chilena del Museo de Arte Popular Americano, Castillo Hidalgo del Cerro Santa Lucía. c. 1945. Archivo Fotográfico, Museo de Arte Popular Americano Tomás Lago.

Ya entrada la dictadura, el MAPA fue mermado en presupuesto, investigación, extensión y formación, hasta que en 1981 se trasladó a los húmedos subterráneos del Museo de Arte Contemporáneo, tránsito en el que hubo grandes pérdidas, situación que empeoró con las consecuencias del terremoto del ’85 que obligaron su cierre hasta 1990

Ocho años después se instaló en una casona de calle Compañía en la comuna de Santiago que se sigue usando como oficinas y archivo, mientras que la sala de exhibición se encuentra en el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM) desde 2010, gracias a la gestión de la profesora González. Por lo mismo, la docente no duda en decir que “es sorprendente que cumpla siete décadas y que siga funcionando en esas condiciones”.

Sin embargo, hay un proyecto que los tiene con la esperanza puesta en el 2015, pero si no resulta repetirá la historia que ha tenido el recinto desde su origen. Se trata del traslado de las oficinas del museo al campus Juan Gómez Millas de la Casa de Bello, gracias a la Iniciativa Bicentenario que se realiza en dicho lugar. “Tenemos expectativas, ya que creemos que los 70 años es una edad suficiente para dejar de ser nómades”, afirma la directora, para quien sería un gran logro tener un lugar donde las piezas y archivos estén en un sitio definitivo.

Cuentas favorables

A pesar de no tener un inmueble acondicionado, en los últimos seis años el MAPA ha sacado cuentas alegres. “Hemos integrado unas dos mil piezas a la colección y se ha logrado poner al museo en el recorrido cultural chileno”, afirma la docente.

Se añade a lo anterior, que con la llegada al GAM aumentaron cerca de 4 mil por ciento más de público respecto de 2009, cuando asistieron mil 500 personas al año. “Esto ha permitido que nos conozcan y confíen en hacernos donaciones, como la maravillosa colección de recortes de guirnaldas de Concepción que entregó el grabador Eduardo Vilches; o Gonzalo Díaz que pasó una parte de la recopilación de su abuelo, Aurelio Díaz Meza. Junto con eso logramos tener un software de manejo de colección, para hacer un inventario y conocer lo que se perdió entre el ‘73 y el ‘85”, afirma.

Como todo cumpleaños debe tener una fiesta, el museo no quiso pasar inadvertido en sus 70 velas, por lo que el 20 de diciembre inaugurará la muestra Museo MAPA 70 años. 1944- 2014, donde exhibirá fotografías, objetos y reseñas de la exposición que dio origen al Museo de Arte Popular Americano Tomás Lago, aquella que celebró el centenario de la Universidad de Chile y que recuerda a los grandes cultores que hicieron posible este museo que releva las artes del pueblo.

“Hay que festejar porque el MAPA ha salvaguardado un patrimonio de todos los chilenos. Lo que nosotros tenemos son las piezas testigo de esta historia cotidiana, ínfima y muchas veces olvidada de Chile y América Latina”, finaliza entusiasmada Nury González.

*Foto de portada: Exposición “Nuevo acervo del MAPA” que se exhibe hasta diciembre de este año.

*Texto original de la revista Arte en la Chile de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile