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Año XI, 17 de junio de 2019

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Tomás Moulian: “La conducta del consumo desplaza los valores de los seres humanos”

Para el sociólogo es urgente controlar el consumo. De lo contrario, se seguirá avanzando por la triada del trabajo, dinero y gasto.

Paula Correa

  Miércoles 24 de diciembre 2014 13:03 hrs. 
Moulian

El consumo en navidad, para el sociólogo y cientista político Tomas Moulian, es un fiel reflejo del diseño social y de cómo los sujetos y espacios se transforman y disponen para la compra.

En conversación con Patricio López en Radio Universidad de Chile, se refirió al sentido cultural de estas fiestas, a propósito de su libro “El consumo me consume”.

El problema de esta lógica, explicó, es que con este punto de vista la conducta desplaza valores, sentidos de vida y se modifica, además, el centro de la sociabilidad de las personas.

Para Moulian, “esa instalación del consumo como centro, pasión, como sentido de vida es una de las propuestas principales del modelo cultural del neoliberalismo. En el momento en que el consumo se instala como centro de la vida, que se convierte en su sentido principal, comenzamos a vivir una vida falaz. Una vida donde los valores principales han sido sustituidas por las pasiones del dinero, por una sociedad capitalista que se instala en el centro de la vida”.

Como ejemplo de ello están los grandes centros comerciales, que se han transformado, incluso, en lugares de encuentro. Esto debido a lo que ofrecen a sus clientes, como la seguridad, así como también por lo que ha dejado de ofrecer el espacio público.

“El mall se convierte en la catedral, en el museo, en la plaza pública. A ella acuden los padres con sus hijos y terminan con una serie de compras. Este espacio incita al consumo. Todo está dispuesto para que se convierta en un sentido de vida”.

Pero, a su juicio, este comportamiento condiciona el futuro de los ciudadanos, ya que cuando uno gasta lo que tiene consume el ahorro y cuando gasta lo que no tiene, se endeuda. Esto tiene serias consecuencias en la vida de las personas, que por lo tanto, se focalizan en el dinero, convirtiendo a las personas en seres crediticios y obliga a “volcarse sobre el trabajo para conseguir ese dinero generado para consumir”.

Se forma así una triada completa: el trabajo, el dinero y el consumo, que llegan hasta a relegar valores como la búsqueda de la felicidad y el sentido de comunidad: “En vez de volcarnos en las promesas de la participación lo hacemos en las promesas individualistas de esta pasión desenfrenada”, afirmó.

En ese sentido, Tomás Moulian añadió que “no se trata de eliminar el consumo, sino controlarlo” y apuntó a la necesidad de recuperar la solidaridad, el compañerismo y la vida comunitaria.