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Los jóvenes compositores que estrenarán sus obras con la Orquesta Sinfónica

Sebastián Molina e Ignacio Salvo son los autores de las obras que serán parte de la jornada de clausura del XV Festival Internacional de Música Contemporánea en el Centro de Extensión Artística y Cultural de la Universidad de Chile.

Comunicaciones DMUS

  Viernes 16 de enero 2015 11:32 hrs. 
collage


Sebastián Molina e Ignacio Salvo tienen varias cosas en común: son estudiantes de composición del Departamento de Música y Sonología de la Universidad de Chile, son los autores que serán interpetados por la Orquesta Sinfónica de Chile en el cierre del Festival Internacional de Música Contemporánea y tuvieron un acercamiento más bien accidental con la música.

El primero con El sonido de una noche… y el segundo con Leyendas de los bosques tendrán este privilegio de ser parte de la jornada de clausura del Festival luego de que sus obras fueran escogidas por el Comité Seleccionador entre decenas de creaciones de autores consagrados y jóvenes como ellos.

Molina, de 21 años, escuchó en su colegio a los alumnos del Conservatorio de La Ligua, su ciudad de origen, que iban de gira motivando a los niños a interiorizarse en la música docta. “En mi caso funcionó perfecto”, explica. “Quedé pegado con el cello, dije en mi casa que quería uno de regalo y mis papás se miraban por qué no sabían qué era”. Su familia, en todo caso, tiene variados orígenes musicales, porque es sobrino de Favio Villarroel, flautista ex alumno del DMUS, integrante de Cántaro y hoy radicado en Francia. Su abuelo, además, es parte del grupo Los Jecos, uno de los más importantes en el movimiento tropical de la zona.

Ya con el cello en sus manos, Sebastián Molina dejó un poco de lado la música que lo acompañaba hasta el momento (Silvio Rodríguez, Los Beatles y la cumbia que se escuchaba en su casa) para adentrarse en las obras de Bach para ese instrumento y repentinamente surgieron los atisbos del compositor. “Empecé a improvisar con lo poco que sabía y cerca de los 15 años di con un libro sobre los modos de Messiaen que me abrió el mundo. Le pedí a Franklin Muñoz que me hiciera clases en el Conservatorio de La Ligua y en Viña vi un concierto de música contemporánea que me gustó mucho. Empecé a investigar, hice algunas cositas, unos garabatos musicales, y tomé algunas clases en la escuela Matta 365 que tiene Andrés Alcalde en Viña del Mar”.

Con algunos conocimientos acumulados, el músico dice que no fue tan complejo llegar al DMUS como habituarse a estar en la capital de Chile. “Yo estudiaba harto por mi cuenta, así que acá sólo tuve que mantener el ritmo, el cambio no fue brusco. Pero estar en Santiago fue otro mundo, definitivamente”. En composición es alumno de Andrés Maupoint, de quien celebra “el sentido de artesanía que tiene para componer, en la construcción técnica de la pieza pero sin perder la musicalidad que te hace romper algunos procesos, si es necesario, por lo que la obra requiere. Para mí eso es fundamental, que las cosas formales no entorpezcan a la ‘gran víscera creadora’ que puede pedirte que te salgas de los márgenes”.

En El sonido de una noche… , Molina dice que “lo primero que hago es reflexionar sobre algo, que no necesariamente es filosófico, sino a veces algo superficial, y sobre eso pienso en algún proceso de creación, que no necesariamente es la descripción de algo en lo que pienso, sino una representación bastante personal. Ahí funciona la cocinilla técnica en relación a lo que pensé inicialmente”. Sobre la obra dice que “está hecha con los sonidos que se superponen cuando uno está en un lugar: el viento, la bolsa que se lleva el viento, un pájaro, una conversación distante. Un día, caminando en una noche, puse atención a los sonidos que sentía y vi que había algo cíclico, y por eso construí la obra sin secciones claras, son esa lógica”. Hasta ahora el elenco más numeroso que ha tocado su música es una orquesta de cuerdas de la Orquesta Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE), por lo que la muestra de su obra por la Orquesta Sinfónica es “algo que me pone muy contento pero a la vez muy tranquilo. No quiero imaginar lo que podría pasar si el ego se me sube por esto”.

La recreación medieval de Salvo

El otro joven creador que será parte de la jornada de clausura en los instrumentos de la Orquesta Sinfónica de Chile es Ignacio Salvo, con su obra Leyendas de los Bosques, basada en cuentos de la Europa Medieval.

Salvo, de 19 años, cursa el segundo año del ciclo básico de composición con dos importantes académicos del DMUS: Edgardo Cantón y Andrés Maupoint. Su relación con la música partió a los cinco años, por un teclado que había en su casa, aunque en su familia nadie tenía conocimientos musicales. Su madre, sin embargo, fue importante porque le desarrolló el gusto por la música docta. “Me mostraba cassettes de compositores clásicos y lo pasábamos muy bien, compartíamos bonitos momentos juntos”.

En el Liceo Nacional de Maipú, su comuna de origen, decidió entrar al coro y su profesora de música le instó a estudiar violín para que fuera parte de una orquesta juvenil.

Sin embargo rápidamente notó que tenía más interés por la creación que por interpretar, lo que hizo que hiciera un arduo trabajo de aprendizaje sin los conocimientos elementales. “Me dediqué a escuchar mucha música y a establecer relaciones entre sonoridades a través de la dinámica de ensayo y error. Al comienzo no tuve a nadie que me pudiera corregir o que hiciera observaciones a lo que componía. Tuve que nutrirme de mucha observación de partituras, analizándolas más allá de lo técnico”.

A los 16 años, Ignacio Salvo estaba decidido a estudiar composición y, por eso, se contactó con dos creadores extranjeros, Esteban Benzecry de Argentina y Fazil Say de Turquía. A través de internet les mostró algunos de sus trabajos, los que fueron muy bien considerados e incluso ambos le otorgaron cartas de recomendación para postular a composición, lo que sin duda fortaleció su decisión profesional por la música.

En todo caso, agrega, siempre ha pensado en el sonido. La música estaba en su cabeza al punto de que no siempre podía sacarlo por la escritura. “Esos sonidos que estaban dentro de mí trataba de traspasarlos a la partitura y muchas veces no pude. No salía lo que yo quería”, dice.

De la obra que se escuchará en el cierre del Festival Internacional de Música Contemporánea, comenta que ”es el resultado final de mi proceso como músico autodidacta” y que, pese a que no tuvo tiempo para mostrarle la obra concluida a sus profesores, siempre lo alentaron a participar del proceso de selección.

“Leyendas de los Bosques” posee tres movimientos interconectados, que no tienen pausa entre ellos. La idea de representar la obra a través de los sonidos de la Edad Media, es para Salvo la mezcla perfecta entre sonoridades e historia, un concepto que tenía incubado hace mucho tiempo.

Los tres movimientos son descriptivos. El primero se llama “Rituales, noche de aquelarre” y se basa en la Inquisición en Europa, por lo que se caracteriza por la fuerza instrumental. El segundo es “Festival popular”, que representa la danza y las festividad de los pueblos y su visión mágica sobre el universo, entre lo místico y lo cotidiano. Aquí se pueden apreciar instrumentos solistas como el clarinete y la tuba, que representan una banda que conforman el sentido del carnaval. El último movimiento corresponde a un nocturno, “Las aves y las constelaciones”, que está representada por instrumentos de viento imitando pájaros en la noche.

Para el compositor de 19 años, el haber sido seleccionado fue toda una sorpresa, sobre todo por ser tan joven y “con poca trayectoria musical en relación a otros compositores consagrados, por eso es que aún no lo creo”.

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