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Embarcaciones con migrantes africanos naufragan el Mediterráneo

Nuevos naufragios aumentan la lamentable lista de fallecidos africanos que mueren intentando llegar a Europa. Las repetidas tragedias generan duras críticas a los países miembros de la Unión Europea, por sus severas políticas migratorias y su posición de doble estándar frente a las naciones del África Subsahariana y el Magreb.

Paula Correa y Diario Uchile

  Lunes 20 de abril 2015 12:19 hrs. 
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Más de novecientas personas murieron en el peor naufragio ocurrido en costas africanas. Con solo 27 sobrevivientes, el accidente se convierte en el más dramático en la historia de los migrantes que buscan dejar África por mar para radicarse en el continente europeo.

La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) habría recibido una llamada de auxilio desde una embarcación en altamar, desde donde se informó que más de veinte personas habrían fallecido, mientras otras 300 esperaban ser rescatadas. Sin embargo, a finales del día se confirmó que más de 400 personas habrían naufragado, sumándose a las miles de víctimas que han fallecido en estas condiciones.

Pero éste no es un fenómeno nuevo. La migración desde estos países viene de hace muchos años atrás y se localiza principalmente en Italia, España y Grecia, convirtiéndose en un problema crónico, complejo y que sigue sin solución. Mientras, se agravan las conductas xenófobas desde las naciones del primer mundo, lo que ha sido cuestionado por diversos actores políticos.

Para el diputado español y líder del Podemos, es “inaceptable” que quienes defienden los Derehos Humanos traten como “animales” a personas cuyo único delito es intentar buscar una vida mejor.

Pablo Iglesias dijo que en su país este ataque contra los migrantes que tratan de alcanzar tierra es “una vergüenza”, por lo que llamó al gobierno a “aplicar la declaración universal de los Derechos Humanos”.

Pero más allá de la situación puntual en países de reconocida fama anti migratoria como España, Italia o Francia, el problema es de alcance continental en el llamado “viejo continente”, donde estas  tendencias ganan políticamente más espacio cada día.

A juicio del analista internacional Pablo Jofré el fondo del problema radica en las políticas migratorias “muy severas, muy restringidas por parte de Europa que, al mismo tiempo, que alientan el cambio político en estos países, no lo hacen con el cambio económico, el desarrollo, la inversión que vaya destinada a desarrollar estos pueblos”. A juicio del profesional existe una “hipocresía” en la forma en que en Europa se busca controlar el flujo migratorio con el único objetivo de impedir que ingreses a sus países.

Fue el propio Papa Francisco quien advirtió de esta hipocresía. Al respecto,  Pablo Jofré indicó que se deben desarrollar políticas económicas internacionales a precios reales y justos, de modo de generar un círculo virtuoso de desarrollo.

Responsabilidad europea

Muchas voces condenan el actuar del viejo continente. Principalmente, por la responsabilidad atribuida a Europa en su rol de gran colonizador de países africanos. Recordemos que en 1882 en la Conferencia de Berlín se repartió el continente entre las distintas potencias: Francia, Inglaterra, Alemania, Italia, Bélgica y Portugal, situación que trajo como consecuencia la explotación indiscriminada de los recursos naturales y humanos del continente negro.

La socióloga de la Universidad de Chile y especialista en migraciones, María Emilia Tijoux, sostuvo que en este caso no se puede perder de vista que estos migrantes veían huyendo de la guerra y la crisis humanitaria que se vive en Libia.

Además, la académica profundizó en cómo los estados se desentienden de los que les ocurre a estas personas: “Estas son personas que no importan, en el sentido amplio. No importan para SUS Estados ni para LOS Estados, no importan tampoco cuando su mano de obra no logra ser capturada completamente por un mercado que tiene nichos particulares para poder explotarlos”

Por ello afirmó que si bien surgen condenas morales a este tipo de situaciones ya cíclicas, los organismos no adoptan fuertes posturas para sancionar a los responsables, ni generan los instrumentos necesarios para  defender los derechos de las personas.

En ese sentido, sostuvo que no sólo se debe condenar la “intolerable pasividad” de la Unión Europea, como han dicho algunos organismos humanitarios, sino que la pasividad de todo el mundo ante una noticia que pasa inadvertida y sin mayor eco en la prensa mundial, reflejando con ello el grado de deshumanización por el que transitamos.