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Gabriel Salazar: “La clase política ha negado la ciudadanía en tanto que ejercicio de soberanía”

Gabriel Salazar, profesor del Departamento de Ciencias Históricas y Premio Nacional de Historia 2006, presentó su más reciente libro "La enervante levedad histórica de la clase política civil (Chile, 1900-1973)".

Cristian Vergara /Fac. de Filosofía y Humanidades U. de Chile

  Jueves 13 de agosto 2015 16:03 hrs. 





En la voluminosa obra, publicada por el sello Debate del grupo editorial Penguin Random House,  Gabriel Salazar recorre la historia de la clase política como clave para pensar el problema de la ciudadanía. “El libro, en segunda voz o en el reverso de la medalla del libro, es la historia de la ciudadanía. Es una historia triste, trágica, de pura negación que ha conducido al país a tener una pobreza ciudadana”.

Para Gabriel Salazar, podríamos contar la historia de Chile en función de la emergencia y borradura de una serie de brotes de sinergía social, humana, ciudadana y popular.

En la presentación dio cuenta de algunos de estos momentos en la historia de Chile como la movilización de las clases populares en los años 30 bajo la consigna “pan, techo y abrigo”, lema que tomó forma de utopía, liberación y que los llenó de mística, como explica Salazar. En ese contexto triunfó Pedro Aguirre Cerda y el Frente Popular.

Otro episodio es el que representa la figura del sacerdote jesuita Fernando Vives quien luchó para que los católicos aplicaran la encíclica Rerum Novarum de León XIII, la que apoyaba a los trabajadores y explotados. Salazar cuenta que su figura quedó grabada profundamente en discípulos como Clotario Blest -quien junto con crear la CUT y la ANEF planteaba que son los trabajadores quienes debían hacer política, y no a través de los partidos políticos- y Alberto Hurtado Cruchaga, quien luchó contra la jerarquía de la iglesia con “espíritu cristiano de acción social” junto a los trabajadores y que hoy está reducido a la figura de la caridad.

Asimismo, el Premio Nacional de Historia 2006 destaca el año 1957 con la toma de La Victoria: “Violando la ley, quedándose ahí, desafiando la autoridad, obligando a reconocer y legalizar lo ilegal. Y se quedaron en el campamento hombres, mujeres y niños defendiendo contra los pacos lo que habían conquistado por la fuerza”. En definitiva, se trata de la historia de la energía desechada del poder popular, el reverso de la clase política.

Según Gabriel Salazar, la clave de lectura del libro está en el segundo epígrafe al comienzo del libro, en una cita a Luis Orrego Luco: “En nuestra ilusión no nos dimos cuenta que no tuvimos ciudadanos verdaderos”.

De esta manera explica la historia de fraudes, compra de votos y el robo de urnas en las elecciones. “Los actos electorales eran un chiste, una alucinación de la clase oligárquica”, sostiene Salazar, agregando que hay que considerar que recién en 1934 votaron las mujeres para las municipales, en 1949 para las parlamentarias, en 1952 para las presidenciales y que sólo en 1957 se estableció la cédula única. “La clase política gobernaba haciendo fintas con su propia sombra en la pared”.

A ello suma que se debe considerar un perspectiva político-filosófica del voto. “Votar como individuo es el ideal del Estado capitalista y del Estado liberal capitalista porque lo que ha hecho el capitalismo en el mundo es hacer prevalecer los derechos individuales, no los derechos de la comunidad, los derechos colectivos”.

Es así como para Salazar el voto individual no significa soberanía, pues para considerarla como tal tiene que haber una voluntad colectiva constituida en base a una razón colectiva. “El ejercicio de la soberanía exige deliberación y para que haya deliberación tiene que haber comunidad. Si no hay comunidad y hay solo individuos no hay deliberación, no hay soberanía”, explica.

“El capitalismo destruyó las comunidades y proclamó los derechos individuales”, sentencia Salazar.