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Año XII, 29 de mayo de 2020

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Plan Nacional de Demencia: la lucha contra una “emergencia socio-sanitaria”

El Ministerio de Salud lanzó en agosto una consulta pública sobre el Plan Nacional de Demencia. Según las cifras de la autoridad, 200 mil personas presentan algún tipo de enfermedad y los más afectados son los adultos mayores. Ante el envejecimiento de la población en nuestro país, se advierte que es “urgente” implementar políticas públicas que puedan disminuir los impactos de este preocupante escenario.

Diana Porras

  Sábado 5 de septiembre 2015 16:08 hrs. 





La Ministra de Salud, Carmen Castillo, aseguró que el Plan Nacional de Demencia es “uno de los compromisos del Programa de Gobierno de la presidenta Michelle Bachelet”. Este trabajo también responde al llamado que hizo la Organización Mundial de la Salud (OMS) a todos los países para enfrentar esta enfermedad.

El Minsal someterá a consulta pública el Plan por 45 días. Esto, luego que la cartera conformara en mayo de 2014 una mesa técnica de expertos que trabajó en el diseño del documento. El texto apunta a la prevención, diagnóstico (en la atención primaria), tratamientos y visibilizar el tema a la población.

En esta instancia participó el Servicio Nacional del Adulto Mayor (Senama), el Ministerio de Desarrollo Social, Sociedades Profesionales y organizaciones civiles.

Un grupo de especialistas de la Universidad de Chile también fue parte de esta mesa que busca implementar con “urgencia” políticas públicas en esta área. Andrea Slachevsky, académica del Departamento de Ciencias Neurológicas Oriente de la Facultad de Medicina, manifestó que “el Plan es uno de los primeros pasos, pero sin un adecuado financiamiento para su implementación será letra muerta”.

“Este tema no es prioritario en la agenda y si uno quiere que este Plan sea realidad, también es muy importante que los profesionales y las organizaciones civiles puedan visibilizar el problema. Además, es necesario hacer un llamado de solidaridad a toda la sociedad porque no es un problema solo de quien vive esta realidad. La pregunta es: ¿Queremos dejar en el abandono a las personas más vulnerables? ¿O queremos como país otorgar condiciones de vida digna?. Es un llamado al poder político y al conjunto de la ciudadanía”, advirtió Andrea Slachevsky.

La emergencia de las cifras

Las autoridades advierten que en Chile “aproximadamente 200 mil personas presentan algún tipo de demencia, de los cuales 99 por ciento son adultos mayores. Las causas más frecuentes son el Alzheimer y las enfermedades cardiovasculares”.

La académica de la Universidad de Chile advirtió que este “es un número que va a aumentar a más de 500 o 600 mil en 2050 debido al envejecimiento de la población. Datos de estudios indican también  que estamos en una emergencia socio-sanitaria que no está siendo atendida adecuadamente. Las personas con demencia están en abandono porque no tienen acceso a una atención de salud adecuada y no tienen apoyo social hacia las familias”.

Además, se registran 3 mil 432 defunciones anuales relacionadas con la demencia. Es la cuarta causa específica de muerte en Chile y ocupa un lugar clave entre las enfermedades causantes de pérdida de años de vida saludable.

¿Qué pasa con el “segundo paciente”?

Andrea Slachevsky participó en el estudio “Cuídeme: Costo de la Demencia en Chile”. La investigación financiada por el Servicio de Salud Metropolitano Oriente y un proyecto Fondecyt (2014) reveló que esta enfermedad en Chile cuesta 6,6 millones de pesos anuales.

En promedio, el 75 por ciento de esa cantidad (casi 5 millones) se relaciona con la labor realizada por los cuidadores informales o los llamados “segundos pacientes”. Éstas son personas que dejan de trabajar o dedican la mayor parte de su jornada diaria a velar por su pariente enfermo.

La especialista advierte que “el dato más importante es que si bien el costo corresponde a un ingreso de países medio alto, la gran proporción del costo basado en cuidado informal alcanza un 70 por ciento. Hay una desproporción entre el costo total y el costo indirecto porque ahí estamos en la línea de los países de ingresos muy bajos”.

Este estudio consideró tres costos: gastos directos (médicos, exámenes y medicamentos), sociales directos (contratación de enfermera, asistente o internación en casa de reposo) y sociales indirectos (cuidador informal).

En este escenario, el porcentaje de costos atribuidos a cuidados informales aumenta a medida que disminuye el nivel socioeconómico.