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Disco es cultura: Libro recopila 363 carátulas de vinilos chilenos

Cuatro autores acaban de presentar "Vinilo chileno", con las portadas de discos editados en el país entre las décadas del '50 y el '80, principalmente. "Da cuenta de la historia de un país", dicen sus creadores.

Rodrigo Alarcón

  Sábado 12 de septiembre 2015 9:44 hrs. 
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Es un recorrido que se inicia con Aquiebracanto, el disco que el dúo Quelentaro publicó en 1985, y finaliza con Basta, el de Quilapayún que muestra a un pájaro muerto en un diseño de los hermanos Antonio y Vicente Larrea. Entre ambos hitos, hay una enorme cantidad de música chilena: Nueva Ola, pop, folclor, rocanrol, Nueva Canción Chilena, neofolclor, cumbias, bolero y hasta marchas militares.

No es un recorrido cronológico: luego de Víctor Jara, por ejemplo, aparece El computador virtuoso de José Vicente Asuar. Al dar vuelta la página está Los pájaros, de Kissing Spell, y a continuación hay una serie de carátulas de Los Jaivas. Más tarde están Lucho Gatica, Hugo Moraga, Eduardo Gatti, Buddy Richard, Los Viking 5 y Capablanca.

Así es Vinilo chileno (Hueders / Felicidad), un libro que recopila 363 carátulas de discos producidos en el país, sobre todo entre los ’50 y ’80, aunque se incluyen algunos pocos títulos editados en plenos ’90. El renacer del formato en los últimos años, sin embargo, quedó fuera: solo un disco, el recopilatorio Muriendo con las botas puestas de La Floripondio, es del siglo XXI.

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“No es necesariamente la música que más nos gusta, además que somos cuatro autores y cuatro criterios distintos. Tampoco es un libro de la música más importante, sino que da cuenta de una historia que tiene todas estas caras distintas, que eran parte de lo que la gente escuchaba en sus casas”, explica la periodista Daniela Lagos, autora del libro junto a la diseñadora Piedad Rivadeneira y los también periodistas Álvaro Díaz y David Ponce.

“Hay gente que solo escuchaba Canto Nuevo, gente que solo escuchaba rock y gente que solo escuchaba la radio y se topaba con estas canciones. Todo, finalmente, es parte de la historia y no hay nada que no merezca estar ahí”, añade.

Esa variedad incluye varios títulos que podrían caber en un apartado de lo extravagante y de gusto dudoso: están los discos de Don Francisco, de Bigote Arrocet, de Enrique Maluenda y del ahora inadvertido cantante inglés Janson, que se adjudicó el tercer lugar en Viña del Mar 1974 con “Mr. music man”; al lado de éste, se ve una carátula insólita de Jacinto Amoroso. También, están las que dan cuenta de la dictadura: los discos de Patricia Maldonado, por ejemplo, o uno editado en 1974 por la Banda de Concierto del Ejército de Chile, cuyo título es elocuente: Libre.

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Colecciones y firmas

La historia del libro se remonta hasta 2004, cuando era apenas una idea de Piedad Rivadeneira. Luego se fueron sumando los otros autores, que se nutrieron sobre todo de discos que coleccionistas entregaron para que sus carátulas fueran fotografiadas. Así, varias de las imágenes incluyen las marcas que ha dejado el paso del tiempo, nombres y hasta autógrafos. La cultura de la basura, de Los Prisioneros, está firmada por Jorge González y Miguel Tapia, por ejemplo.

“Los sellos no tienen ninguna preocupación de tener archivos de discos originales. Si es que existen, porque además muchos desaparecieron. Tampoco hay medios de comunicación que tengan acopios importantes de estos discos”, explica David Ponce. “Existe el Archivo de Música de la Biblioteca Nacional, pero aun así, una fuente súper importante en este caso son los coleccionistas. Es un tema más personal de ellos, hay algo compulsivo de reunir la mayor cantidad posible de música, entonces probablemente eso es más fuerte que cualquier afán institucional o corporativo de guardar esta música porque es importante en términos patrimoniales”.

¿Para qué hacer un libro como Vinilo chileno? De acuerdo a Álvaro Díaz, “la música, los libros, el arte en general, la publicidad también, dan cuenta de un país, no solo lo que te diga un historiador o un libro formal de Historia”.

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En ese sentido, el también creador de 31 Minutos piensa que el libro tiene incluso un valor pedagógico: “Cuando hojeas este libro y te detienes en sus páginas, tratas de averiguar o interesarte. De alguna manera, da cuenta de la historia de un país, son reflejos de una manera de sentir, de vivir e incluso de no vivir, porque hay épocas terribles que muestran cómo se degenera una industria. Creo que si los niños tuvieran más acceso a este tipo de trabajos, se sentirían más estimulados para ellos mismos interesarse y descubrir”, concluye.

En papel y en digital

Vinilo chileno se encuentra disponible en librerías. Parte de su contenido, junto a materiales complementarios, se pueden encontrar en el sitio vinilochileno.cl.

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