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Las raíces chilenas de Rachael Young, la mujer que dirige a la Sinfónica esta semana

La directora neozelandesa conduce a la Orquesta Sinfónica en conciertos que contemplan un fragmento de "Cascanueces" y la "Sinfonía Nº 7" de Dvorak. En esta entrevista anticipa esas presentaciones, habla de ser mujer en un puesto dominado por hombres y de sus antepasados nacidos en el sur del país.

Rodrigo Alarcón

  Miércoles 21 de octubre 2015 16:38 hrs. 
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Hace dos años, Rachael Young llegó por primera vez a Santiago para trabajar como asistente de Leonid Grin, quien se haría cargo de la batuta de la Orquesta Sinfónica de Chile. Era su primera visita al país y fue especial por un motivo anterior a su vocación musical: “Tengo una bisabuela que nació en Concepción”, cuenta.

“Sé que su familia se fue a Australia y luego a Nueva Zelanda. Su apellido era Montecinos y no sé mucho más. Mi bisabuelo nació en Nueva Zelanda. Obviamente ellos eran distintos a mí, mis tíos tienen un aspecto diferente. Mi padre ha hablado de ella como una mujer muy cariñosa, una gran abuela para él”, relata.

Por eso, parece haber algo más que diplomacia cuando esta directora, nacida en Nueva Zelanda, iniciada como intérprete de chelo y hoy establecida en Londres, habla sobre lo que ha visto en Santiago: “Me encanta, la gente disfruta mucho la vida. Sé que hay muchas dificultades, puedo verlas en muchas partes, pero aun así las personas tienen la capacidad de disfrutar, reírse y eso me encanta, porque donde yo vivo no es así”, dice.

“Además, yo vengo de Wellington, donde hay montañas, así que siempre me siento en casa si puedo ver montañas. Allá no son tan impresionantes como las de acá, pero se me hacen familiares”, añade.

Rachael Young lleva algunos días en Santiago, adonde llegó invitada por su ex profesor y actual director titular de la Orquesta Sinfónica, el ruso Leonid Grin. Cada día ensaya junto a la agrupación para preparar el repertorio que interpretarán este fin de semana: la suite del Acto II de Cascanueces, de Piotr Ilyich Tchaikovsky, y la Sinfonía Nº 7 en Re menor, op.70, del compositor checo Antonin Dvorak.

“Cascanueces es uno de esos raros casos que tiene tremendo atractivo para todos. El público lo ama, es música muy bella y rica en términos sinfónicos y, además, es muy satisfactorio de interpretar para los músicos. Yo estudié ballet e hice estas producciones de Navidad para la escuela, así que conozco muy bien esa música. Es música maravillosa”, señala sobre el programa.

“De Dvorak, para mí, es la más expresiva y dramática de sus sinfonías. Discutí el programa con Leonid Grin y es una pieza muy emocionante, así que está bueno tocarla. Leonid fue mi profesor, así que él conoce bien mis capacidades y también las de la orquesta. De ahí viene todo”, detalla.

Todavía es poco frecuente ver mujeres dirigiendo a una orquesta, ¿qué se puede hacer para solucionarlo?

No sé cuál es la solución, solo sé que las personas de diferentes orígenes y situaciones deberían poder representar a las comunidades en las que viven. En política, en música, en artes, en todos los aspectos de la vida, es mejor si nuestra comunidad está bien representada. ¿Por qué debería considerarse que un grupo selecto tiene las mejores cualidades para hacer determinadas cosas? Pienso que es importante que la gente tenga las oportunidades para dar lo mejor de sí al mundo. De este modo, hombres o mujeres, jóvenes o viejos, de tal o cual color de piel, eso no es lo importante. Lo importante es el talento, la integridad y la calidad humana. No veo por qué una mujer, por ejemplo, no puede dirigir. En la vieja forma de hacer las cosas puedo entenderlo, porque había una visión en que se asociaba a características masculinas, pero afortunadamente eso ya se ha superado.

En ese sentido, ¿cómo ha sido su experiencia?

Puedo pensar en un par de casos en que me han dicho simplemente que las mujeres no deberían dirigir ni publicar sus propios discos. En esos casos, no hay nada que hacer. Ni importa lo que hagas, nunca los vas a convencer. Pero honestamente, me he sentido muy apoyada, no es un tema para la gente con la que trabajo. Quizás en las orquestas hay personas que sienten que podrían hacerlo mejor con un hombre, pero de nuevo, ¿qué puedes hacer? Es algo personal, todos somos distintos y creo que es mejor enfocarse en lo que puedes hacer.

En realidad, he tenido más dificultades por el lugar del que vengo. En mi país no hay una tradición de apoyar a directores jóvenes. En el último tiempo las cosas han comenzado a cambiar, pero no hay una cultura de apoyar a los directores jóvenes. Para mí eso fue más difícil que ser mujer. Y además, no venir de una familia que pudiera apoyarme, tuve que hacer mi propio camino. Esas cosas fueron más desafiantes que ser mujer.

¿Qué recuerda de su primera visita a Santiago?

Vine para asistir a Leonid Grin y ahí conocí a la Orquesta. Estuve en los conciertos y recuerdo que la Orquesta tocó con gran compromiso, eso me encantó. También me gustó la atención del público y su amor por la música, fue grandioso, disfruté mucho estar acá.

¿Y qué significa para usted dirigir ahora a la Sinfónica?

Como dije, esa vez quedé muy impresionada por el compromiso y la apertura de los músicos. Pienso que si tienes que elegir una cualidad de los integrantes de una orquesta, es esa. Que la gente muestre sus cualidades significa mucho para mí. Hay orquestas del más alto nivel donde todo es impecable, todo está en su lugar, es increíble, pero al final, la música no dice mucho. Para mí es muy importante que la música hable.

¿Cómo recibió la invitación a dirigir en Chile, de donde emigró su bisabuela?

Fue increíble. Cuando Leonid Grin me invitó a venir fue una coincidencia muy extraña. Bueno, la vida es extraña, nunca sabes lo que puede pasar.

Coordenadas

Los conciertos se realizará el viernes 23 y sábado 24 de octubre, a las 19:40 horas, en el Centro de Extensión Artística y Cultural de la Universidad de Chile ( CEAC). Las entradas tienen valores desde $6.000 y pueden adquirirse en las boleterías del CEAC o a través del sistema Daleticket.