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Año XII, 3 de agosto de 2020

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Proyección económica 2016: más actividad con mayor inflación

En las perspectivas más pesimistas, es decir, aquellos operadores que creen que la inflación terminará 2016 por sobre el 4%, seguramente hay más desconfianza sobre el crecimiento del PIB (que para éstos podría ser menos de 2%); prevén un tipo de cambio alto, en torno a los $710 promedio, el que estará presionado al alza por el bajo valor del cobre (menos que el promedio estimado por la autoridad) y, por tanto, precios de bienes importados y nacionales (sustituidores de importaciones) más altos, dada una menor oferta (por menor actividad) y demanda débil, debido al alza en las cifras de desempleo.

Roberto Meza

  Lunes 28 de diciembre 2015 12:32 hrs. 





La inflación es considerada por todas las escuelas económicas como un impuesto que grava con mayor peso relativo a los sectores de menores ingresos, debido a que el IPC hace perder poder de compra a los salarios -que no se reajustan mensualmente- y, además, porque éstos gastan una mayor proporción de sus entradas en productos alimenticios, los que, habitualmente, tienden a subir más que otros bienes, debido tanto a alzas de demanda, cuando hay más personas consumiendo o tienen más dinero; o bajas en la oferta, cuando los productores ven que sus precios de venta se acercan, por la competencia, a sus niveles de costo.

En Chile, el fenómeno de la inflación es un factor que no ha tenido relevancia en las últimas décadas, sino en situaciones puntuales, gracias a la vigencia de un modelo de Banco Central autónomo del poder Ejecutivo. Merced a aquello, la autoridad política no puede ordenarle al Central decisiones que afecten su misión de mantener el valor de la moneda, hecho que el instituto consigue mediante la fijación de la tasa de interés de política, equivalente al precio del dinero al que se prestan entre los bancos, y que debe reflejar la abundancia o escasez de circulante.

Pero en los últimos meses, la inflación ha vuelto a ser noticia en los análisis debido a que, desde hace varios trimestres, aquella se ha conducido sistemáticamente por sobre el techo de lo que se denomina “banda” del Índice de Precios al Consumidor (IPC) y que, de acuerdo al Banco Central, debe oscilar entre el 2% y el 4% anual, con una media de 3% en 12 meses.

Recientemente, el instituto emisor dio a conocer su último Informe de Política Monetaria (IPoM) de 2015, en el cual estimó que la inflación anual se mantendrá por sobre el techo del rango meta (+4%) durante gran parte de 2016, para cerrar el año en 3,8%. No obstante, en la última Encuesta de Operadores Financieros, en la que se consulta a operadores sobre este tema y otros, los pronósticos apuntaron a un IPC que cerraría en 3,4% en 2016.

La inflación es un fenómeno que resulta de la conjugación de múltiples variables, partiendo del hecho que, para medirlo, se busca una media entre 321 bienes y servicios contenidos en una “canasta” y que, con diversas ponderaciones según la importancia en el consumo de las familias, recoge los cambios de precio mensual en varios puntos del país, llegando luego al guarismo de crecimiento o decrecimiento promedio global: el IPC.

De allí que, para efectos de las previsiones, los especialistas analizan el impacto que tendrán los cambios de precios de bienes y servicios producidos en Chile, pero también los importados, por lo que, el tipo de cambio peso-dólar, sus alzas y bajas, es relevante. Por cierto, la estimación dependerá de las perspectivas que estos tienen sobre el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) del país, pues de ello depende cómo se comportará la oferta y demanda por los bienes incluidos en la canasta del IPC.

En las perspectivas más pesimistas, es decir, aquellos operadores que creen que la inflación terminará 2016 por sobre el 4%, seguramente hay más desconfianza sobre el crecimiento del PIB (que para éstos podría ser menos de 2%); prevén un tipo de cambio alto, en torno a los $710 promedio, el que estará presionado al alza por el bajo valor del cobre (menos que el promedio estimado por la autoridad) y, por tanto, precios de bienes importados y nacionales (sustituidores de importaciones) más altos, dada una menor oferta (por menor actividad) y demanda débil, debido al alza en las cifras de desempleo.

Para los más optimistas, que estiman un IPC de menos del 4% (3,1% a 3,5%) la ecuación seguramente contiene un crecimiento del PIB en torno a las predicciones de la autoridad monetaria y mayor uso de las brechas de producción, con sustitución nacional de importaciones más activa, producto de importaciones con un tipo de cambio en el orden de los $700, gracias a un cobre que no romperá su actual piso de US$ 2 la libra y un precio del petróleo promedio más bajo (US$ 45 el barril), con su positivo efecto sobre el valor de las gasolinas, energía y, por tanto, en el IPC. Estos esperan, también, cierta mantención de la demanda, con un nivel de desempleo similar a 2015, que no se verá afectado por la caída de la minería, pues el sector es poco intensivo en mano de obra a nivel agregado; por una oferta normal de empleo en la producción manufacturera, construcción, OO.PP., electricidad, agricultura, turismo y administración del Estado, y por alzas de remuneraciones, como efecto de la reforma laboral.

Sus estimaciones están, por lo demás, apalancadas en las declaraciones presidente del Banco Central, quien en el último IPoM, dijo que la entidad mantendrá un sesgo expansivo y continuará reduciendo el actual estímulo a un ritmo “pausado”, pronosticando dos alzas de 25 puntos base en la segunda parte del próximo año y situando la tasa en 4% para enero de 2017, es decir, a igual nivel del techo de la banda inflacionaria de los pesimistas. Esto implica, en la práctica, que el ahorro no será rentable -el costo del dinero sería igual a la pérdida de su poder de compra por la inflación esperada- lo que estimula el gasto o, mejor aún, la inversión, y hace suponer un ritmo de demanda interna superior a la de 2015, aunque un IPC cercano o sobre el techo de la banda.