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Análisis económico: Vientos de nueva crisis económica

Chile es un país altamente dependiente de sus exportaciones a China (alrededor del 30 por ciento), y al mismo tiempo, se vincula con otras economías que dependen de la salud del gigante asiático, generando así una doble correa de transmisión ralentizadora que se está expresando en la fuerte depreciación del peso frente al dólar, el que a inicios de la semana abrió por sobre los 730 pesos, mientras que el cobre rompió la barrera de los 2 dólares la libra física. De allí el llamado de alerta que hizo el ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, ante un mayor gasto público.

Roberto Meza

  Martes 12 de enero 2016 17:36 hrs. 
24289 (1.12.98) CONSTRUCCION DE PISOS EN DIAGONAL MAR, BARCELONA. ©MANOLO S. URBANO


El multimillonario inversionista George Soros dijo recientemente en un foro económico en Sri Lanka que la situación actual con China le recuerda mucho a la pre-crisis de 2008, añadiendo que la caída de la principal economía asiática podría transmitirse al resto del mundo mediante una previsible devaluación del Reminbi, justo cuando el FMI acababa de darle el estatus de divisa de reserva.

Junto a Soros, el Banco Mundial ha advertido que la economía internacional podría estar acercándose a una nueva crisis global, al tiempo que el ministro de finanzas británico, George Osborne, ha afirmado que el Reino Unido se encuentra “ante un coctel de amenazas”.

Junto a China, que presenta problemas para redireccionar su economía desde su anterior papel exportador a una de mayor demanda interna, las esperanzas puestas en las potencias emergentes integradas en el grupo de los llamados BRIC (Brasil, Rusia, India, además de China) se han ido derrumbando ladrillo a ladrillo: Brasil y Rusia ya no son los poderosos motores que hace un par de años rugían como vehículos F1 y las expectativas sobre su papel han terminado lastradas por el peso de la realidad.

Hasta hace unos meses, luego que China sufriera su primer crack bursátil, las ilusiones del mundo se habían desplazado hacia la India. Las recientes caídas de Shanghai y otros parques de la potencia asiática, ponen ahora en duda la capacidad de India de impulsar el crecimiento del área. Otro país emergente con perspectivas era México, gracias a su ventajosa posición geográfica, cerca de EE.UU. y Canadá. Pero la caída del precio del petróleo también ha limitado sus ingresos y perspectivas.

Mirando el vaso medio lleno, varios economistas estiman que China podría conseguir finalmente un “aterrizaje suave”, estabilizando un crecimiento promedio para los próximos años del orden del 6 por ciento, cifra que, siendo alta, no es comparable con las de la década en que la potencia crecía sobre dos dígitos, gracias al dinero barato que, de paso, la endeudó con más del 120 por ciento de su PIB. Ajustar su crecimiento potencial al 4 o 5 por ciento -que analistas estiman es la cifra real- afectará inevitablemente a sus múltiples socios comerciales.

En Occidente, la evolución de las grandes economías de Europa y la revitalización del Japón luce más lenta de lo esperado, augurando, en el mejor de los casos, un 2016 similar al año pasado. La economía de EE.UU. es la única que muestra signos de un mayor dinamismo, lo que permitió que la Fed iniciara el retiro de los estímulos monetarios, medidas que ni el BCE ni el Banco Central de Japón, están en condiciones de materializar por ahora.

¿Cómo nos afectan estas condiciones globales? Chile es un país altamente dependiente de sus exportaciones a China (alrededor del 30 por ciento), y al mismo tiempo, se vincula con otras economías que dependen de la salud del gigante asiático, generando así una doble correa de transmisión ralentizadora que se está expresando en la fuerte depreciación del peso frente al dólar, el que a inicios de la semana abrió por sobre los 730 pesos, mientras que el cobre rompió la barrera de los 2 dólares la libra física. De allí el llamado de alerta que hizo el ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, ante un mayor gasto público.

Otro impacto observable ha sido el comportamiento de la bolsa chilena, la que ha seguido la tendencia a la baja de los grandes parques mundiales, no obstante que agencias de información como Bloomberg, estiman que Chile es de las economías con baja probabilidad (5 por ciento) de entrar en recesión, en un entorno mundial en que Venezuela se contraería 3,3 por ciento, junto a caídas en Brasil, Grecia y Rusia, mientras Argentina se debate en un 60 por ciento de probabilidades de decrecer. Otras economías en peligro, según la agencia, serian Taiwán y Ucrania.

Y a pesar de la coyuntura de petróleo barato, sus eventuales efectos anti-recesivos también tienen costos derivados, en especial para aquellas naciones que viven del crudo: Arabia Saudita ya presenta un déficit público del 15 por ciento, lo que la obligará a recortar subsidios sociales en agua y luz. Consultado el príncipe Muhammad bin Salman -el poder detrás del trono del rey Salman- sobre si el país avanza hacia una revolución Thatcheriana, este respondió que sí, augurando un lapso social convulso y de contracción económica en una de las principales economías de Medio Oriente.

Entre las reformas previstas por bin Salman está la privatización, parcial, mediante una salida a bolsa, de Saudi Aramco, la gigante petrolera estatal del reino. Sus reservas de petróleo son diez veces las de Exxon Mobil, la mayor petrolera privada del mundo, hecho que la transforma en la empresa más valiosa del orbe. Llevada a su privatización, “la joya de la corona” quedará al alcance de prácticamente cualquier inversor, en momentos en que, adicionalmente, la dinastía saudí se encuentra en una dura lucha de poder e influencia con Irán, su archienemigo regional. Un cuadro como para temer una extensión de la guerra en Medio Oriente, luctuosa posibilidad que, empero, podría tener el paradojal efecto de hacer subir el precio del crudo.