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Año XIV, 29 de mayo de 2022

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Urbanista llama a compartir espacio público en Chile para disminuir la desigualdad

Durante el Congreso del Futuro en Santiago, el urbanista Jeff Risom compartió su visión sobre una ciudad más acogedora para todos sus habitantes, sin diferencias de clase.

Adélie Pojzman Pontay

  Lunes 25 de enero 2016 9:35 hrs. 
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El arquitecto Jeff Risom, de la agencia Gehl Architects en Copenhague, dio una exposición el pasado jueves durante el Congreso del Futuro, en el ex Congreso Nacional en Santiago. Risom es un experto en diseño urbano y ciencias sociales y ha trabajado sobre muchos proyectos, incluso en Nueva York o en Ciudad de México, para crear espacios públicos que integran la experiencia humana.

En la ocasión, el especialista enfocó su discurso en la necesidad de conocer cómo las personas utilizan la ciudad para establecer lo que falta en el espacio urbano. En las últimas décadas, dijo, los proyectos urbanos debían ser grandes, altos, monstruosos, para mostrar la potencia de la ciudad como centro moderno. Sin embargo, criticó la poca reflexión que se ha tenido sobre si esas infraestructuras respondían a las necesidades de sus usuarios y si ellos aprovechaban su experiencia.

Unas de las consecuencias de esto fue la creación de ciudades pensadas para los autos más que para los seres humanos, sin saber quién utilizaba más el lugar. Hasta hace poco, por ejemplo, Times Square, en Nueva York, tenía más espacio para los autos, pero Risom y su agencia hicieron sondeos que demostraron que el 90 por ciento de los usuarios del espacio eran peatones. “Tenemos que pasar tiempo en las calles, en los espacios públicos, con voluntarios de las universidades, para tomar el pulso de la ciudad desde el punto de vista de la vida pública,” explicó.

Luego del análisis, Times Square fue remodelado para que los turistas y peatones aprovechen más su visita. Este cambio incluyó bloquear las calles a los autos, poner bancos, mesas, quitasoles y árboles. Pero para llegar a su ejecución, fue necesario agregar información sobre los usuarios del espacio público: quién pasa por aquella calle, a qué hora, de que clase económica vienen, cuantos años tienen. Eso es una verdadera revolución, pensar las ciudades a un nivel micro, establecer que la calidad del diario vivir sea al centro de la ciudad.

En ese sentido, Risom criticó que: “No tenemos medidas para la vida, tenemos medidas para saber si una cosa queda en el presupuesto o si un edificio se sostiene, pero no tenemos muchas opciones para calibrar si una cosa tiene un impacto positivo sobre la gente”.

Ahora, el experto y su gabinete de arquitectos están conversando con el ministerio de Vivienda y Urbanismo y con las autoridades de Santiago para implementar esta nueva manera de pensar la ciudad en Chile. Dice que hay mucho potencial y una cierta voluntad del Gobierno Regional y municipal y, también, de los grupos ciudadanos y de movimientos políticos comunitarios: “Veo calles dinámicas y animadas, redes de calles peatonales y también muchos servicios de transporte público. Pero también veo mucha congestión, condiciones muy peligrosas para los ciclistas. Hay muchos ciclistas, hombres y mujeres, viejos y jóvenes, y eso es muy alentador”, analizó a propósito de su visita a Santiago.

Para Risom hay que reevaluar las herramientas que ahora existen en el espacio público, como las calles o plazas. Una calle, por ejemplo, no solamente es un pasillo para el tránsito, dijo, sino un precioso recurso donde la gente puede interactuar y relacionarse: “Porque con suerte, el espacio público es un neutralizante donde los ricos tienen la oportunidad de entender y empatizar con los que son diferentes de ellos. También es una oportunidad para los más pobres de ver que los ricos también son como ellos. Hay muchos beneficios para gente de niveles socioeconómicos diferentes al juntarse y compartir el mismo espacio,” explicó.

Eso se hace no solamente al modificar los espacios públicos, sino invitando a exposiciones, eventos y actividades para todos. Una cosa todavía más importante en Chile, el país más desigual de la OCDE.