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Capellán de Gendarmería: Informe sobre cárceles devela “dolorosa realidad”

Luis Roblero, sostiene que el documento de la Corte de Apelaciones muestra la cara más dura de la desigualdad, aunque advierte que las condiciones de los internos no son muy distintas a la que enfrentan sus familiares en sus poblaciones.

Raúl Martínez

  Miércoles 3 de febrero 2016 12:42 hrs. 
Luis Roblero

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Todas las cárceles de la Región Metropolitana, incluyendo la concesionada Santiago I, tienen problemas de infraestructura y para mantener a la población privada de libertad. Un ejemplo es la Cárcel de Alta Seguridad, aledaña a la ex Penitenciaría, donde se registró la inutilidad del sistema contra incendios. Esto a pesar de los largos debates e incluso recriminaciones que se provocaron a raíz del trágico incendio en la cárcel de San Miguel donde en diciembre de 2010 murieron 81 presos.

Pero hasta ahora las condiciones de los internos no han cambiado. El propio informe de la Comisión Visitadora de la Corte de Apelaciones da cuenta de condiciones “inhumanas” en los penales y que afecta también a los funcionarios a cargo del resguardo y la seguridad de estos recintos.

Para el capellán de Gendarmería, Luis Roblero, el informe “tiene un valor enorme porque vuelve a poner por escrito una realidad que es bastante dolorosa y genera condiciones de indignidad humana enormes”. Todo esto en un país que aspira al desarrollo y a estar en el club de las naciones desarrolladas, pero que tiene “espacios de exclusión que permanecen y eso es bastante grave”.

Pero cada vez que se conocen informes de este tenor, las autoridades emiten declaraciones donde reconocen una deuda en esta materia, la que sin embargo, Roblero recuerda que es de carácter ideológico. “Por eso se mantienen. Por debajo del tema delictual está la pobreza, el abandono, la marginalidad, la precariedad. Si uno se asoma a los barrios de donde vienen los presos, las condiciones de habitabilidad de un preso en la cárcel no son tan distintas a las condiciones de habitabilidad de sus familias afuera”, sostiene al precisar que conoce esa realidad porque en su labor le corresponde también visitar a los cercanos de los internos.

El jesuita apunta a la falta de acceso a la educación, salud y trabajo que si bien no puede justificar la delincuencia, sí puede ayudar a comprender lo que hay debajo del problema.

Además, criticó la legislación que busca penalizar siempre a un sector de la población, es decir, a los más pobres. “Ahí volvemos a la ideología. No estamos hablando de Caval, de Penta, de las farmacias, de los supermercados, de los pollos, etcétera. No le deseo la cárcel a nadie, pero me parece terriblemente injusto que sólo persigamos el delito asociado al mundo pobre”.

Roblero agrega que no sólo se persigue a la gente más pobre y marginada desde una perspectiva penal, sino también salarial, del tipo de educación y los servicios de salud a los que pueden acceder. “Entonces uno dice que aquí hay un modelo de sociedad y la manera de comprenderla es que hace agua por todas partes. Porque perseguimos al pobre que delinque, no a los ricos que delinquen. El otro día vimos entrar a los 13 formalizados (en el caso Caval) ahí en Rancagua, y entraron caminando y todos sabíamos que iban a salir caminando. Yo creo que ahí hay temas ideológicos que hacen que esta situación carcelaria de condiciones infrahumanas se mantenga por décadas”.

El capellán sostiene que para los internos de las cárceles chilenas las condiciones tan precarias de privación de libertad las tienen asimiladas, por lo que es probable que ni siquiera les llame la atención, a diferencia de los maltratos por parte de los funcionarios de Gendarmería que se mantienen en algunos casos.

Lo mismo pasa con los niveles de violencia, “porque toda esta precariedad y pobreza engendra niveles de violencia en nuestras poblaciones y nuestras cárceles impresionantes. No se puede imaginar lo que uno ve en la Penitenciaría y en Colina, donde no muere más gente porque están los gendarmes en medio. Pero son relaciones interpersonales extremadamente violentas que están totalmente naturalizadas en sus vidas”.

Para Roblero, el 2015 fue un punto de inflexión para Chile, en particular por el desapego de un valor que a su juicio se ha ido postergando hasta dejarlo también en la marginalidad, que es el bien común. “Como que nos dimos cuenta de que cada uno estaba cuidando sus privilegios. El 2015 nos dejó en evidencia que lo que tiene que ver con todos y con lo mínimo indispensable para todos está muy en entredicho”.

De todas formas, sostiene que es posible generar una sociedad distinta, por ejemplo mejorando el sistema educativo y permitiendo que los sectores más postergados tengan acceso gratuito a la educación superior, a pesar de la torpeza con que a su juicio se logró avanzar con esa ley.

“¿Mejorando la educación vamos a combatir la delincuencia? Absolutamente de acuerdo. ¿Con mejores salarios, repartiendo mejor la riqueza que tenemos, vamos a combatir la delincuencia? También, de todos modos. ¿Con mejor competencia y transparencia entre las empresas? Yo creo que sí. Tiendo a creer que la delincuencia tiene mucho que ver con esa violencia primera ejercida en la cuna de mucha gente pobre que no tiene lo mínimo para vivir. Es una deuda pendiente, pero honestamente tengo la esperanza de que estamos empezando a doblar el gallito para el otro lado, tengo ilusión que el país tome un rumbo distinto en esa materia”, puntualiza Roblero.

 

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