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Economistas advierten que en Chile la crisis financiera se usa para evitar reformas

Estrategias comunicacionales y situaciones para generar más incertidumbre y negativismo de lo que efectivamente entrega la evidencia objetiva. Incertidumbre, aseguran, que es propia de los ciclos que ofrece el sistema económico. “Una década perdida para el capitalismo”, explican.

Fernando Seymour

  Viernes 19 de febrero 2016 17:09 hrs. 
Economía

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Entre 2008 y 2009 se generó una importante crisis económica de alcance mundial, consecuencias que incluso hoy podrían percibirse en algunos sectores. Complejidades económicas que por supuesto generaron repercusiones en distintos ámbitos.

Por ello, el que siete años después se hable nuevamente de una crisis o recesión, inevitablemente enciende las alarmas entre las autoridades.

Así se viene escuchando a nivel de Gobierno y entre los empresarios, con bajos precios del cobre que afectarán a Codelco y, en consecuencia, a los ingresos que pueda recaudar el Estado.

De hecho, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) redujo la proyección del crecimiento mundial, mismos ajustes que ha realizado el Fondo Monetario Internacional.

Sin embargo, cuando se habla de los impactos a nivel nacional, las advertencias apuntan hacia otros escenarios.

“Si bien es difícil asegurar que se producirá una recesión global, afuera hay una situación de incertidumbre y de turbulencias”, explica el economista Andrés Solimano, quien agrega que “algunos bancos de inversiones en Estados Unidos asignan una probabilidad entre 15 y 35 por ciento a que ese país, entre 2016 y 2017, caiga en una recesión, lo que podría arrastrar a la economía global”.

Una situación frágil, si se considera que se trata de la economía capitalista más grande del mundo, con alrededor del 30 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) mundial.

“China también es importante, con el 16 por ciento del PIB mundial, pero afecta más a los países en desarrollo, como América Latina, producto de los precios de los commodities”. En consecuencia, aclara Solimano, una economía global que no se afirma, a siete años de la crisis de 2008 y 2009.

“Partimos con un problema, que es esta inestabilidad financiera que estamos observando. Esa es la principal preocupación visible de la situación económica que vivimos”, aclara por su parte el también economista Víctor Salas, aunque con una advertencia.

“El estado de la economía no está tan deficiente. Más bien lo que tenemos es una especie de stand bye, en la que la economía está comenzando a operar, mientras que las economías de los países avanzados no están creciendo lo suficiente”.

Así lo ejemplifica con el caso de Estados Unidos, que en vez de crecer 2,5 se estima que lo hará en 2 por ciento. Lo mismo que Europa, que en general, como detalla Salas, se estima que disminuirá su ritmo de crecimiento.

Escenario que se suma a otros datos. “Lo que se observa, en términos de perspectivas de la realidad productiva, es que los países están creciendo. No al ritmo que se esperaría, pero sí al ritmo suficientemente adecuado como para decir que la economía seguirá expandiéndose en este periodo”.

Mensajes de incertidumbre para frenar las reformas

Según datos publicados por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), durante 2015 distintas zonas del país experimentaron un importante crecimiento en cuanto al Indicador de Actividad Económica Regional. De hecho, las mayores alzas, en comparación con cifras de 2014, las presentan las regiones de Arica y Parinacota, O´Higgins y La Araucanía, las que crecieron un 8, un 5,3 y un 4,8 por ciento respectivamente.

Solo la Región de Los Ríos presentó una leve contracción de su actividad económica, con un 0,2 por ciento.

En ese contexto, las advertencias sobre la inminente crisis económica generan diversos reparos. “Puede ser una lectura –plantea Solimano– para que el Gobierno realice un ajuste fiscal y reduzca el gasto y congele las reformas, que no le gustan a los grandes medios de comunicación y a los gremios empresariales. Por eso es que están en esa línea, creando una situación de más incertidumbre y más negativismo de lo que la evidencia objetiva permite afirmar, dada la incertidumbre que obviamente existe y sus predicciones. Un intento de asustar, sacar dividendos políticos y culpar al Gobierno y forzarlo a que no siga adelante con temas que incomodan”.

El mismo economista añade que de todas maneras Chile sigue creciendo más que el promedio de América Latina. “No podemos hablar de una situación de pánico económico para el país. Sí de un ciclo, como funciona toda economía capitalista, con periodos mejores y otros peores”.

“Es un factor muy nacional esto de las expectativas negativas del sector productivo empresarial –complemente Salas– respecto de las reformas que se están desarrollando en el país. Reformas sociales básicas para reconocer derechos sociales de la ciudadanía”.

Y es que para el economista “hay interés en proyectar la idea de que efectivamente vamos encaminados hacia una gran crisis y situaciones de ese tipo. Pero eso es comunicacional. Yo diría que en general los empresarios y productores están haciendo negocios”.

De hecho, asegura que durante el año pasado en el país existió un crecimiento respecto de nuevos proyectos e inversiones, con expectativas para seguir creciendo este año.

“Estamos en un proceso de recuperación en el que los mismos empresarios se han dado cuenta que si los negocios están ahí, tienen que hacerlos. Si uno reclama que tiene que haber una economía de mercado con empresas privadas, tiene que hacerse cargo de hacer la tarea. En la actividad empresarial siempre hay riesgos e incertidumbres”, advierte el propio Salas.

¿Repercusiones en el cobre y en la economía local?

Frente a periodos de crisis internacionales, es habitual que a nivel local las miradas se centren en las posibles consecuencias para Chile respecto de las variaciones en el precio del cobre. “Esto parte por haber concentrado tanto su estructura productiva y no haber diversificado la economía. Hoy tenemos un sector manufacturero que representa solo el 10 por ciento del PIB, la cifra más baja desde la década del ’30, antes de que se creara la Corfo. Entonces, todas estas lamentaciones por cómo nos afecta la situación internacional en parte son culpa nuestra”, lamenta Solimano.

En esa línea, también Salas se detiene sobre este punto. “Son los efectos negativos que tiene la situación de ajuste de este mediocre crecimiento del mundo. Ajustes que se relacionan con los precios de materias primas, como cobre y petróleo, los que terminan afectando a las empresas y países que producen esos comoditties”.

“Obviamente que a Codelco le afecta por la caída del precio del cobre –complementa Solimano–, pero no sé si la mejor medida es despedir tanta gente. Codelco tiene el 65 por ciento de gente subcontratada. Cada vez reduce más su planta de personal estable, entonces le es más fácil despedir gente”.

Su argumento apunta a que las grandes pérdidas que ha tenido Codelco se deben a su mal manejo financiero y especulativo en cuanto al precio del metal, así como a las ventas a futuro, más que por costos laborales. “Aunque también estos deben ser controlados, pero a todo nivel y no solo respecto de obreros y empleados”.

Por ello, su mensaje a no tomar decisiones tan aceleradamente. “Lo que ha pasado es que en la economía chilena la variable de ajuste siempre es despedir gente. Los ajustes son siempre sobre el sector trabajo”.

“En Codelco tienen una actividad de reducción de costos desde hace cuatro años”, agrega Salas, agregando que “los países seguirán creciendo, aunque no a la velocidad en la que lo estaban haciendo antes, por lo que sí habrá demanda de cobre, lo que supone que los precios no bajarán tanto”.

Su explicación también se centra en que en el pasado “hubo una intención de solo guardar los mayores beneficios que estaba dando el alto precio, pero no intensificar procesos tecnológicos que pudieran transformar y generar nuevas industrias alrededor del cobre, en Chile, lo que habría significado que el Estado pusiera muchos de esos recursos en esas aventuras empresariales”.

Una década perdida para el capitalismo

A nivel mundial, la nueva crisis que se anuncia podría tratarse de una consecuencia de la anterior de 2008 y 2009, así como de la forma en la que se trató de salir de ella. Para Andrés Solimano, por ejemplo, “en muchas economías desarrolladas aún no se pueden bajar los coeficientes de endeudamiento, además de mantener una política fiscal relativamente restrictiva y empeorar la distribución del ingreso, con políticas monetarias que no han resultado”.

Además, anticipa que probablemente se trate de “una década perdida para la economía del capitalismo desarrollado maduro, parecido a la década perdida de los ’80 para América Latina. Problemas de desequilibrio que tiene el sistema capitalista global que no ha podido resolver, con un excesivo cuidado por defender los intereses de los bancos comerciales más que del sector real de la economía”.

Desesperación y preocupación que se observa, según Víctor Salas, por el efecto que esto tiene sobre las expectativas de los agentes financieros internacionales, “lo que hace que comiencen a mover sus capitales de un país a otro buscando mejorar los resultados”.

“Una inestabilidad que la tendremos de manera permanente durante este año. Pero en términos de efectos, tal como lo que ocurrió con la crisis de 2008-2009, no visualizo que estemos nuevamente en una etapa en la que pudiera caer la producción”, sentencia el economista.

Incluso, advierte que a nivel nacional el crecimiento del PIB se mantendrá en alrededor de un dos por ciento, “lo que dependerá de lo que ocurra en términos de demanda interna”.

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