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Finanzas: ¿confiar en especialistas o en el mercado?

A muchos ahorrantes les cuesta conformarse con la mediocridad de una renta segura, aunque más pobre y emerge esa genética compulsión a asumir mayor riesgo, por un mayor premio. Sin embargo, para años como los que estamos viviendo, parece mejor seguir los consejos del sabio rico.

Roberto Meza

  Lunes 14 de marzo 2016 13:56 hrs. 
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El escándalo detonado por la presunta estafa que afectó a varios miles de ahorristas, llevada a cabo por una firma de comercio internacional de monedas (Foreing Exchange) que operaba por varios años en el mercado local, puso de relieve no solo los problemas de fiscalización y control del Estado sobre esta compleja red del dinero, sino, también, el profundo desconocimiento respecto de los alcances y límites del sistema financiero por parte de buena parte de la población.

En efecto, ¿por qué desconfiar de personas, especialistas o empresas que le ofrecen hacer crecer sus ahorros a ritmos superiores al promedio de la industria, cuando aquellos los operan de modo transparente, en una cuenta on line que uno puede visitar diariamente y observar en directo en qué se están invirtiendo y, a mayor abundamiento, todos los meses, al menos para una parte de los ahorrantes, ver crecer su capital en órdenes del 5%? Pero, ¿puede una persona, especialista o empresa conseguir esas rentabilidades comprando y vendiendo monedas o acciones de diferentes países y empresas?

Potencialmente sí. Aunque, probablemente, los “aciertos” de entradas y salidas de esas compras y ventas tenderán en el tiempo a una media que, entre ganancias y pérdidas, permitirán un aumento de los ahorros a ritmos similares a los que se pueden conseguir con otros modelos más seguros, controlados y menos audaces, como, por ejemplo, los que consiguen las mesas especializadas de AFP, Bancos o Fondos de Inversión en todo el mundo.

“Comprar barato y vender caro”, lema que subyace en estas operaciones, es el sueño de cada operador financiero. Pero, constituye una tarea ciclópea que implica conocer no sólo la conducta de grandes sociedades anónimas en las que habitualmente invierten los gestores de fondos, sino, además, incluir en los análisis otra serie de factores políticos, geopolíticos, sociales, económicos y hasta culturales que hacen oscilar los precios de los papeles y monedas a la velocidad de la luz (gracias a las TIC’s) y la mayor parte de las veces, antes que el operador decida vender caro lo que compró barato y/o tener que aceptar que compró caro y vendió barato, y seguir en la rueda.

¿Cómo una empresa o especialista puede aparecer como diestro operador que siempre compra barato y vende caro, generando utilidades superiores al promedio del mercado? Hasta ahora, mediante contratación de caros analistas y grandes inversiones en sofisticados softwares y sistemas de computación que, cargados con complejos algoritmos, pueden decidir compras y ventas a mayor velocidad y por cortísimos plazos, que las que puede adoptar un gestor humano. Una segunda, es a través de los llamados esquemas piramidales, el primero de las cuales lo realizó un ítalo norteamericano que dio su nombre al timo: el esquema Ponzi. Sin embargo, en el primer modelo, nadie aún asegura el éxito del algoritmo y sus exitosas “entradas” y “salidas” de papeles y monedas transados, y en la segunda, pobre de los que ingresan al final de la pirámide.

Warren Buffet uno de los más ricos y famosos inversionistas del mundo, controlador del holding Berkshire Hathaway que básicamente invierte en empresas que tienen, según su instinto, buen potencial, ha sostenido desde hace años que los “supuestos expertos” que dirigen hedge funds (fondos de alto riesgo) “no valen lo que cobran” y, en 2008, estuvo dispuesto a apostar.

En dicho año, la gestora de fondos Protégé Partners LLC, aceptó el reto de Buffet por un millón de dólares: el multimillonario apostó que los simples índices bursátiles (como el IPSA, S&P, Dow Jones, etc.) son capaces de superar en renta a los mejores fondos de inversión de gestión activa, mientras Protégé Partners apostó lo contrario, pues su negocio se basa en superar al mercado. Buffet estima que los mercados lo hacen mejor que los fondos, mientras Protégé Partners cree en el conocimiento de sus analistas.

Como algunos estudios muestran que los índices por sí solos son mejores que la media de los fondos de inversión, aunque, en el tiempo, algún fondo puede ser capaz de batir a los mercados, la apuesta se realizó para un plazo de diez años, los que se cumplen en 2018. ¿Por qué la apuesta es relevante? Porque hay muchos fondos de inversión que hoy sólo replican los índices, con gastos de gestión más bajos, pues no requieren de tantos especialistas buscando las mejores empresas y conociendo sus modelos de negocio, aunque, por cierto, cobrando también sueldos millonarios.

Protégé Partners eligió una cesta de cinco fondos (no revelados), mientras Warren Buffet, apostó a Vanguard’s 500 index fund, el primero en el mundo que replicó un índice (el S&P 500). Ahora que solo faltan dos años para que la apuesta se dilucide, de Protégé (al no ser pública su cesta de fondos) solo se conocen sus resultados anuales cuando los publican. En 2015, Protégé, tuvo una rentabilidad 1,7 por ciento frente al 1,36 puntos porcentuales del S&P 500. En 2008, año de la crisis y primero de la apuesta, la cesta de Protégé cayó “solo” 24 por ciento frente al 37 por ciento del S&P 500. Pero si se analiza el acumulado de los últimos ocho años, el ganador es por lejos, Warren Buffet. En efecto, el S&P 500 ha subido 65,7 puntos porcentuales frente al pobre 21,9 por ciento de la cesta Protégé.

Es cierto. Durante la “década de oro” (1996-2006) hubo papeles específicos y desplomes y repuntes puntuales de monedas que rentaron a sus gestores tasas muy superiores a la media en el plazo de un año. De allí que el mito subsista. Pero diversos estudios parecen indicar que, en el mediano plazo, los fondos de índices (y su sabiduría del mercado) son mejores: S&P ha rentado levemente sobre el 8 por ciento, contra el 3,65 por ciento de la cesta Protégé. Y hasta los fondos nacionales, como el noruego o el chileno, operados por burocracias estatales; y/o AFP, por especialistas privados, muestran una renta media que no sobrepasa la llave de entre 3 por ciento y 8 por ciento anual. Es decir, 5 por ciento mensual es “sueño del pibe”.

Pero a muchos ahorrantes les cuesta conformarse con la mediocridad de una renta segura, aunque más pobre y emerge esa genética compulsión a asumir mayor riesgo, por un mayor premio. Sin embargo, para años como los que estamos viviendo, parece mejor seguir los consejos del sabio rico. El millón de dólares, que con seguridad ganará Buffet, irá a una asociación benéfica. Como se ve, al final nadie sabe para quién trabaja. Igual que en el sistema financiero.