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Año XIV, 29 de septiembre de 2022

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Tribunal Constitucional: Las pataletas y los acusetes


Martes 12 de abril 2016 18:02 hrs.


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Como si se tratara de un padre autoritario y con favoritismos frente a sus hijos en disputa, cada vez que la derecha no logra aceptar que se mueva un ápice el modelo económico y cultural, que tiene su origen impuesto durante la Dictadura, amenaza y recurre al Tribunal Constitucional. Esta situación se vivió con la píldora del día después, con la reforma educacional y la gratuidad, y ahora con la reforma laboral se repetirá ante los ojos de una ciudadanía y una sociedad ya bastante choqueada ante la calidad de la gran parte de la clase política chilena y asombrada ante los diferentes arreglos para que siempre todo se mantenga como igual. Puesto que se trata de una reforma hace mucho tiempo esperada y sentida por todos y todas las trabajadoras del país, que ya ha sido mutilada en diferentes aspectos, esta dinámica instalada lleva a reflexionar indudablemente hacia esa dirección, surgiendo un sinnúmero de constataciones, entre las que destacan las siguientes por su importancia en un contexto democrático:

-Uno de los actores, que hasta hoy ha tenido una importancia sobrevalorada debido al sistema electoral binominal, no está abierto a cambios o transformaciones.

-Ese actor, que es la derecha chilena, no acepta plenamente las reglas democráticas cuando éstas no favorecen su posición.

-Si no las aceptan cuando no favorecen su posición, significa que no aceptan nunca las reglas democráticas, sistema donde el poder no es exterior a la sociedad en su conjunto y no es de nadie en particular.

-No aceptan que la democracia es un sistema que se construye en la posibilidad siempre presente de la institucionalización en base a la igualdad y libertad políticas.

-Pese a los beneficios de su posición sobrevalorada siempre sienten la potestad de tirar por la borda las discusiones dentro de las instituciones democráticas llamando al todopoderoso Tribunal Constitucional.

-Por tanto no aceptan la discusión y el desacuerdo como parte también de las posibilidades de la política y de los resultados de sus procedimientos. No aceptan las derrotas parlamentarias (¿Malos perdedores?).

-¿Por qué el Tribunal Constitucional tendría que amparar prácticas y normas que contravienen los acuerdos y convenciones internacionales suscritos por Chile en materias de derechos de las y los trabajadores?

-Sin duda, la actuación de la derecha es racional: ocupan todos los medios disponibles para el alcance de sus fines. Ahora bien ¿cuáles son los límites para alcanzar mis fines en una sociedad democrática? ¿Todo tipo de pataleta es válida?

-Lo que nos lleva a preguntar sobre si ¿la existencia de esos medios tal como están diseñados hoy Chile no reparten de forma muy desigual el poder en nuestro país quitándole toda injerencia a los ciudadanos que no ejercen su derecho a ser representantes?

-A la vez esta dinámica empaña aún más la imagen de las y los políticos, que parecen tener una agenda propia según sus intereses para sobrevivir como grupo, más que para respetar la democracia y la igualdad de todos y todas de quienes somos parte de la comunidad política.

-¿Cuál es la solidaridad política y el compromiso democrático de quienes son figuras de distintos grupos políticos para con las y los trabajadores del país al sostener una posición inquebrantable, como si eso fuese un valor en sí mismo?

-Si la información que logra salir a la luz nos muestra que las principales empresarios y empresas que operan en el país obtienen ganancias por sobre lo que serían las de un mercado de libre competencia real, ¿por qué siguen amenazando con lo problemático de la reforma para los empresarios y la economía?

Como un horizonte oscuro que se cierne sobre la igualdad y la libertad políticas de todos y todas, la falta de respeto hacia los procedimientos de la democracia representativa de los actores privilegiados de la política nacional urgen construir una nueva Constitución donde las pataletas y los acusetes tengan límites; y donde no existan padres autoritarios que puedan en cualquier circunstancia dirimir con alcance infinito en el tiempo problemas que ya han sido decididos, sin perjuicio de que se necesitarán nuevas respuestas y decisiones respecto al mismo problema en el mediano y largo plazo.