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Francisco Brugnoli: “Volvemos a crear una división entre esfuerzos similares”

El director del MAC cuestiona la creación del espacio en Cerrillos y dice que, mientras se invierten miles de millones de pesos, el museo que encabeza sobrevive con “el presupuesto más bajo de todas las instituciones culturales en Santiago”.

Rodrigo Alarcón

  Sábado 28 de mayo 2016 9:10 hrs. 
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“No fue un buen regalo de cumpleaños”, dice el director del Museo de Arte Contemporáneo (MAC), Francisco Brugnoli, cuando tiene que hablar del anuncio que la Presidenta Michelle Bachelet hizo el pasado 21 de mayo: la creación de un nuevo Centro Nacional de Arte Contemporáneo, justo cuando la institución que encabeza celebra su 70° aniversario.

La nueva entidad ocupará el edificio del ex aeródromo de Cerrillos y, de acuerdo a lo que añadió el ministro de Cultura, Ernesto Ottone, contará con una superficie de cuatro mil metros cuadrados, en los que funcionarán salas de exhibición, depósitos para colecciones, una biblioteca, un centro de documentación, una videoteca, un archivo digital y un laboratorio de investigación.

Para eso, el espacio fue remodelado por el ministerio de Vivienda, que invirtió $1.500 millones de pesos, y será equipado con una inversión de 450 millones de pesos.

El anuncio tomó por sorpresa a los directores de varios museos. Según Francisco Brugnoli, “este Centro de Arte Contemporáneo, de acuerdo a su definición, a su estructura, a sus objetivos, es un museo. La definición es la misma con la que nosotros nos planteamos al público, entonces yo lo tengo que ver de la siguiente manera: en vez de complementar esfuerzos, frente a un proyecto como el nuestro, se crean competencias”.

“Además, me tengo que preguntar si era tan necesario en Santiago. No me opongo a que se creen más museos, todo lo contrario, pero en Santiago ya hay un proyecto en marcha importantísimo, como creo que es el nuestro. ¿Qué pasa con ciudades como Rancagua, que está a punto de inaugurar una nueva universidad? ¿Qué pasa con Antofagasta? Tiene una muy buena universidad, un planetario, una gran industria alrededor, hay actividad artística. ¿No sería un lugar adecuado? Realmente me hubiera gustado que tuviéramos una conversación previa respecto de esto, pero nuestra experiencia no fue considerada”, se lamenta.

¿Pero no es bueno instalar un espacio cultural en una comuna como Cerrillos?

Sí, creo que el lugar que se ha escogido es muy interesante, porque hay un proyecto habitacional muy grande en marcha y hace falta una actividad cultural, pero la pregunta es por qué no complementar esfuerzos, porque somos dos organismos del Estado. El problema es la duplicación de esfuerzos en un mismo sentido.

Ese es el punto central de la crítica, ¿no?

Claro, porque si fuera privado no sería lo mismo, pero es la misma plata la que hay que dividirse. Hay una plata destinada a museos y volvemos a crear otra división entre esfuerzos similares. Me hago muchas preguntas, nunca he sido llamado a conversar sobre este tema.

También me llama la atención que la Universidad de Chile no haya dicho nada, porque somos una de sus instituciones -como facultad- más antiguas. Como universidad tenemos la mejor experiencia en museos, no solo por la creación del MAC, sino que hasta 1929 el Museo de Bellas Artes era parte de la Academia de Bellas Artes. Creo que se va a decir algo al respecto. Claro, siempre hay demasiados problemas que atender, pero tiene que ver con la conciencia de lo que somos en cuanto a patrimonio nacional.

Usted dijo que la creación de este centro puede ser una crítica a la Universidad, ¿desde el Gobierno?

No sé si desde el Gobierno o desde los grupos que toman la iniciativa, pero también es una crítica infundada, por eso me habría gustado dialogar más. La Universidad vive una restricción presupuestaria absurda respecto de su historia e importancia. A su vez, divide sus aportes en las facultades y aquí viene un problema más: ¿qué pasa con la Facultad de Artes? El presupuesto que se divide de los aportes a la Universidad, indudablemente, es incrementado en facultades tecnológicas o que prestan asesorías que tienen el carácter de emprendimiento, de empresa. La Facultad de Economía, por ejemplo, o la de Ingeniería, han tenido un desarrollo que hay que aplaudir, pero ¿qué pasa con las facultades que no producimos ese tipo de bienes? ¿Qué pasa con Filosofía, con Artes, con Ciencias, con Ciencias Sociales? La Universidad también tiene que resolver ese problema de una carencia de solidaridad respecto de facultades que son fundamentales para el desarrollo y la pregunta sobre el conocimiento. En el discurso fundacional de la Universidad, Andrés Bello decía que el concierto de saberes está incompleto sin las artes.

Es sabido que uno de los problemas de los museos es el presupuestario, mientras para este Centro de Arte Contemporáneo se invierten millones de pesos. ¿Cómo leen esas cifras?

Los museos en Chile están muy mal atendidos y se prefiere demasiado a los centros de eventos. Celebro el GAM, es un gran aporte y fue pensado así incluso en el gobierno de Allende, pero los museos guardan memoria, son centros de estudio, centros de investigación, de confrontación entre lo que está sucediendo y lo que ha sucedido, por lo tanto, también son lugares de proyección.

Es una cifra lógica para habilitar ese edificio, que además es muy valioso patrimonialmente, pero claro, nosotros tratamos de sobrevivir con un presupuesto anual de 200 millones de pesos, el más bajo de todas las instituciones culturales que hay en Santiago. En transparencia está el presupuesto de la Galería Gabriela Mistral, que prácticamente es una sala de exposición. ¿Cuánto es el presupuesto de Matucana 100 o de otros organismos autónomos, como el Museo de la Memoria? No critico esos presupuestos, ni siquiera creo que sean altos, pero el problema es que nosotros subsistimos gracias a un equipo con una capacidad de empuje sorprendente y un afán de sobrevivencia y creatividad asombrosa. Creo que no hay ninguna institución que haga mayor cantidad de actividades en el plano cultural, hablando de las que hacemos nosotros, entonces no hay correspondencia entre nuestra asignación presupuestaria y nuestras tareas.

Otro tema es que desde este centro se proyectará una Política Nacional de Artes Visuales. ¿Han participado de eso?

No, nada, eso también nos asombra. Yo siempre he tenido un problema respecto de organizaciones culturales de carácter gubernamental, sobre todo en un país donde los gobiernos cambian cada cuatro años y a veces eso comporta un cambio ideológico muy grande, que busca remecer las cosas hasta los cimientos. ¿Puede estar sometida la cultura a una política de gobierno, en cuanto a la generación de políticas culturales? Es una pregunta que también me hago respecto de la creación de un ministerio de Cultura. Pienso que las universidades del Estado sí tienen capacidad de desarrollo cultural y son autónomas de los gobiernos, tienen la capacidad de trabajar con equipos idóneos y crear proyectos pluralistas.

Entonces no le parece tan buena idea esa política.

Creo que no debe venir de un gobierno, a no ser que sea crear infraestructura o el apoyo a instituciones como las universidades.

Si lo invitan a participar, ¿irá?

Encantado, si a eso he dedicado mi vida. Estoy disponible, pero parece que los dados ya están totalmente tirados, así que a lo mejor mi opinión sería bastante inútil.

Otro problema del MAC y el Museo de Bellas Artes es que comparten edificio y les falta espacio. ¿Sigue la idea de tener un edificio propio?

Los dos museos estamos en una camiseta que nos queda estrecha. Este edificio fue proyectado cuando Santiago no tenía ni 500 mil habitantes y hoy tenemos más de siete millones, pero seguimos en el mismo edificio, que fue el más monumental construido para el Centenario de la República. ¿Cuál es el edificio cultural que se construyó para el Bicentenario? ¿Qué emblema entregó el Estado en ese concepto de proyecto país? Este edificio se construyó para la Academia y el Museo de Bellas Artes, es algo que te vuelve loco.

Ha habido proyectos, se habló de comprar el edificio a la universidad y dijimos que no lo venderíamos, pero sí podíamos hacer un cambio con un edificio que sea un aporte a la ciudad, que tenga un carácter patrimonial de arquitectura actual y que cumpla los requisitos de lo que un museo de arte contemporáneo hoy requiere. Se han hecho proyectos a requerimiento del Gobierno, hemos mostrado factibilidades, se han hecho presupuestos,  pero seguimos empantanados en lo mismo.

Yo estoy a punto de buscar la puerta de salida, pero tengo dos frustraciones: una, la sustentabilidad económica del museo, porque jamás he logrado crear la sensibilidad para que esto se entienda como un proyecto del país; lo segundo es la cuestión del edificio.