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Recaredo Gálvez C.

Sistema de AFP y sus galanterías con los dueños de Chile

Recaredo Gálvez C. | Jueves 16 de junio 2016 8:51 hrs.

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La propaganda para afianzar el modelo de AFP se ha inclinado insistentemente a mantener la discusión sobre pensiones en los marcos impuestos por la dictadura. Dicho marco, en el ámbito legal, se expresa en el D.L 3.500 que funda el sistema de AFP, y en lo teórico e ideológico, se funda en la capitalización individual y la financiación de lo que antes era un derecho (pensión).

Esto trae un efecto material concreto, que es poner en la ruleta del circuito financiero y las posibilidades de ahorro en cuentas individuales el resultado de las pensiones pagadas, es decir, elimina el carácter colectivo del sistema de pensiones y lo individualiza.

La voluntad política del actual gobierno ha ido en la senda de mantener dicho modelo y continuar con modificaciones que implican el fortalecimiento de un Estado subsidiador de los privados. De esta manera, el gobierno ha levantado con más fuerza la idea de una AFP Estatal como posible solución al paupérrimo panorama de las pensiones que paga el actual modelo de AFP.

No obstante, el problema de las AFP no es que sean públicas o privadas, sino que no están diseñadas para pagar pensiones suficientes.

De la mano de quienes defienden la idea de la AFP Estatal, el Estado aparece como una figura sólida que buscará proteger los fondos de los cotizantes, empero, es necesario advertir que el fiasco de las AFP privadas para financiar pensiones suficientes, es una realidad de la que la AFP estatal S.A no podrá escapar.

¿O acaso esperaremos 35 años más para ver un nuevo fracaso?

El gobierno señala en relación a los objetivos de la AFP Estatal que  “Trabajadores independientes, personas con menores rentas o trabajadores alejados de centros urbanos no son parte del interés prioritario de las AFP privadas, quedando a la deriva en cuanto a su previsión. Una AFP Estatal permitirá aumentar la cobertura hacia esos grupos.” Es decir, dicha AFP se enfocaría en un segmento definido por aquellos contribuyentes que no son atractivos para las AFP privadas.

Además, se ha llegado a plantear la AFP Estatal como un primer paso en la senda hacia un sistema solidario. Pero pensar en la AFP estatal como paso táctico para un sistema de reparto u otro, es muy similar a las viejas fórmulas de política de transición, que finalmente terminan siendo el tanque de oxígeno de un modelo en crisis. En el caso del modelo de AFP el problema no es el distanciamiento del Estado, de hecho, el Estado ha tenido un rol activo para mantener operando el esquema de capitalización individual y fortalecerlo, es decir, para generar los espacios y garantías suficientes de la mano con seguir destinando recursos focalizados a quienes quedan excluidos del modelo de AFP, conteniendo de esta forma la desastrosa realidad del de las pensiones pagadas por las AFP.

Uno de los aspectos en los que ha operado con fuerza la propaganda de las AFP es el de descartar de plano un sistema de reparto solidario, para esto no han estado ausente los técnicos que han dicho de todo, menos que un sistema de reparto es una solución para financiar pensiones suficientes ahora, es decir resolver un problema actual de bajas pensiones.

Lo anterior no implica una suerte de “pan para hoy y hambre para mañana” por el contrario, implica poner sobre la mesa un tema fundamental que consiste en priorizar el pago de pensiones dignas para la vida luego de la jubilación. Sin duda elsupuesto “debate de fondo”de AFP privada o Estatal, le viene como anillo al dedo a la Asociación de AFP, pues puede moverse con confianza y sin ir más allá de su zona de confort, en lugar de abordar el problema de fondo que tiene que ver con la imposibilidad del esquema de AFP de financiar pensiones suficientes.

La misma propaganda ideológica que sostienen los defensores del modelo de AFP, se ha encargado de difundir la supuesta retirada global de los sistemas de reparto, cuestión que no responde a la realidad mundial donde podemos constatar que existen tan sólo 9 países que no poseen un sistema de reparto solidario activo en sus sistemas de régimen contributivo de pensiones. Esos países son: Nigeria, Malawi, Kosovo, Hong Kong (división administrativa especial de China), Australia (con una renta básica de US$959 dólares por paridad de poder adquisitivo.), República Dominicana, Israel, Maldivas y Chile.

Un verdadero debate de modelos de pensiones, debe poner sobre la mesa cuales son los fundamentos que la sociedad considera centrales para el financiamiento de pensiones suficientes. Como ya lo señalamos, este debate nos acerca a modelos como el de reparto solidario, el cual supuestamente sería problemático para un Chile que envejece. Eso está alejado de la realidad y se ha esparcido como un mal chisme.

Utilizando las proyecciones de CELADE y tomando consideraciones de parámetros básicos, un sistema de reparto resulta viable para Chile, lo que fue planteado técnicamente ante la Comisión Bravo y apoyado políticamente por un amplio grupo de organizaciones sociales y sindicales. En la arena técnica, la derrota de las AFP ante los sistemas de reparto, para cumplir el objetivo de financiar pensiones suficientes, se hace explícita al mirar los resultados reales que las AFP han otorgado y su “quiebra” ante la opinión social. La propia Comisión Bravo plantea en su informe final que bajo el actual esquema de AFP el 50% de los chilenos que hayan cotizado más de 33 años (400 meses) jubilarán con una tasa de reemplazo inferior a 38,9%. Según la información disponible a mayo de este año en la Superintendencia de pensiones, el 91,6% de las pensiones pagadas por las AFP (modalidad vejez edad retiro programado) están por debajo de los $155.441, algo así como un 62% del salario mínimo. Para despejar las dudas respecto de la cifra, podemos observar qué ocurre al agrupar por sexo a quienes recibieron pensiones de vejez edad,pagadas por las AFP, durante el último tiempo. El resultado de este ejercicio nos entrega los siguientes datos: por un lado, el 94,6% de las mujeres recibe una pensión igual o inferior a $155.441, mientras, por otro, un 87,5% de los hombres reciben ese monto o menos.

Esto nos demuestra que, tanto para el caso de ser hombre como de ser mujer, al jubilar en Chile bajo el modelo de AFP, las pensiones serán escuálidas. Es evidente, además, que las mujeres resultan ser las que en mayor proporción reciben bajas pensiones, cosa que difícilmente podría resolverse aumentando sus años de cotización e igualándolos con los de 65 años de los hombres. Basta con mirar los resultados que ellos obtienen en sus pensiones y por lo demás, el hecho de que una solución de ese tipo deja totalmente fuera a quienes ya se encuentran jubiladas o quienes lo harán prontamente.

Debemos entender que las soluciones planteadas dentro del esquema de AFP son en gran medida especulaciones que dependen de los resultados de las inversiones en un contexto de crisis globales que se presentan con una periodicidad cada vez más estrecha.

Con las AFP, los hombres, pese a cotizar más años que las mujeres o no tener las “lagunas” relacionadas con maternidad, obtienen resultados muy poco favorables en sus pensiones, por ende, también se puede cuestionar que un mero ajuste del parámetro de edad de jubilación pueda resolver el problema de las bajas pensiones en un modelo de capitalización individual, pues el eje central de dicho modelo es la inversión de las cuentas individualesbajo riesgo.

El hecho de que exista una diversificación de la inversión no implica que el riesgo, es decir, la posibilidad de perder parte de los ahorros, no exista.

Según el último informe de la OCDE en materia de pensiones, Pensions at a Glance 2015, la edad legal de jubilación para las mujeres en Chile es de 60 años, lo que no debería ser una sorpresa, pues la ley es conocida, no obstante, en dicho informe también se ha calculado la edad promedio efectiva de Jubilación, la que para el caso de las mujeres chilenas es de 67 años, superior a la edad promedio efectiva de jubilación de las mujeres en OCDE. Las bajas pensiones pagadas por el modelo de AFP y el planteamiento de aumentar los años de cotización para aumentar el monto de pensión, podrían explicar este asunto, donde las mujeres chilenas en promedio, jubilan 7 años después de la edad legal y reciben pensiones bajísimas.

Respecto del aporte del empleador a la pensión del trabajador, en el esquema de cuentas de capitalización individuales, es poco lo que realmente puede transformar el precario resultado de la pensión final, no obstante, resulta vergonzoso recordar que, en nuestro país durante ya más de 35 años de AFP, el aporte del empleador para las pensiones de vejez ha sido de cero pesos.

Otro informe de la OCDE (2015), enfocado en el panorama de las pensiones en América Latina y el Caribe, señala que las tasas de reemplazo para las mujeres en Chile, son entre 10 a 13 puntos más bajas que las tasas de reemplazo de los hombres. El informe destaca que estas brechas se producen en diversos países de la región, pero en menor medida que en Chile. Por otro lado, para las mujeres la tasa de reemplazo bruta promedio, según el cálculo de la OCDE, es de 38,2% lo que deja a nuestro país dentro de los 4 con el resultado más bajos de la región para este indicador.

Como hemos mencionado, se debe tener en cuenta que las AFP realizan una propaganda enfocada a su defensa corporativa, la cual hasta ahora ha sido bien respaldada ya sea directa o indirectamente por quienes mantienen el debate en la capitalización individual y por quienes obtienen los reales beneficios (o “galanterías”) que otorgan las AFP, es decir, grandes capitales donde se invierten los fondos.

Si se sigue la ruta de la inversión del dinero de los afiliados y cotizantes en la actualidad, llegamos a horizontes muy diversos. Por un lado, 7 empresas del grupo Luksic reciben más de $4,35 billones en inversión desde las AFP gracias al ahorro de los trabajadores. Otros grupos que se pueden mencionar son el  grupo Angelini, que recibe sobre $1 billón de pesos en inversiones y el de Matte que recibe sobre los dos billones. Pero no solo los grandes capitalistas chilenos sacan cuentas alegres: del total de fondos de pensiones, un 42,6% se invierte en el extranjero, un poco más de tres cuartos de ese porcentaje se invierte en la zona de países desarrollados, donde Estados Unidos es el país que recibe el mayor volumen de inversión llegando a un monto de US$24.774 millones de dólares, a este país le sigue Japón, con una inversión de US$7.184 millones de dólares desde los fondos de pensión chilenos.

Otra dimensión que nos muestra las galanterías reales de las AFP hacia el gran capital, es la que se desprende de las ganancias que obtienen las empresas dueñas de las AFP. Éstas, en gran medida gracias al pago obligatorio de comisión por cada trabajador o trabajadora cotizante, lograron ganar más de $1.558 millones de pesos al día y la rentabilidad del sistema para sus dueños fue de 22,4% sólo en 2015.

Por último, podemos señalar que el 75% de los fondos de pensiones se encuentran en manos de empresas estadounidenses, cuestión que no debe ser utilizada para azuzar el nacionalismo, sino para tener en cuenta el carácter global de un ciclo de acumulación que por diseño beneficia a los dueños de Chile y que éstos no están dispuestos a modificar.

En fin, no hay que dejar de preguntarse a quiénes les conviene que se mantengan las bajas pensiones como excusa para presionar a los adultos mayores a reingresar al mercado laboral con bajos sueldos o adquirir deuda para lograr subsistir. De seguro eso no le conviene a quienes viven de su trabajo, sino a quienes viven del trabajo de otros, a los mismos que les conviene seguir recibiendo el capital fresco de las inversiones de fondos AFP.