Diario y Radio U Chile

Año XI, 8 de diciembre de 2019

Escritorio

Lactancia materna: Amamantar en tiempos del neoliberalismo

Un número importante de lactancias se frustran debido a los malos consejos del personal de salud. Otras mujeres deben abandonar la tarea al no contar con una red que las oriente. Desde el mundo médico se reconoce la responsabilidad profesional, por ello llaman a actualizar los conocimientos e incluir los temas de lactancia en las mallas universitarias.

Paula Campos

  Lunes 1 de agosto 2016 14:06 hrs. 
pecho

55 años atrás dijeron a mi abuela en el hospital: “su leche no es buena, por qué no deja de amamantar”. Su porfía pudo más, y a punta de un rústico sacaleche se dio a la tarea de alimentar con su pecho a su hija prematura que permanecía internada por ictericia. Mi madre tomó pecho.

Con el avance de las décadas muchos cambios se han vivido en torno al amamantamiento. En los años setenta llegó el boom de las leches de fórmula: “maternizadas”, las que eran vendidas por los laboratorios publicitado la independencia que éstas suponían para la mujer. El mercado no ha detenido su investigación y hoy son capaces de fabricar suplementos que  imitan en muchas propiedades a la leche materna, pero que jamás la van a poder igualar.

Mucho más que un alimento

Organismos internacionales como la OMS y UNICEF han sido enfáticos en defender la lactancia. Según los parámetros que hoy rigen a las sociedades médicas, lo ideal es amamantar hasta los dos años. De estos 24 meses, los seis primeros con lactancia materna exclusiva.

Los beneficios reportados son múltiples. La leche que las madres le dan a sus crías es más que un alimento: es un acto de apego, de contención, de amor, pero también una decisión política. Sin embargo, y pese a que en la actualidad cada vez más mujeres reconocen que es lo óptimo para sus hijos/hijas, hay que luchar contra profesionales de salud antilactancia y con una impresionante variedad de mitos populares a derribar.

“Hay mujeres que tienen buena leche y otras no. Tú eres una mala lechera”. Esa fue la frase que marcó el destino de Gabriela. La mujer que sentía como abundaba la leche en su pecho, veía frustrada que su pequeño no aumentaba su peso. En frente tuvo a una pediatra del sistema privado de salud, que le regalaba relleno e insistía en que con su leche no era suficiente.

Para Gabriela de Viña del Mar, no hubo asesorías. En su desesperación escribió a grupos de ayuda de lactancia, pero nadie respondió. Su familia estaba lejos, sus amigas tampoco fueron aporte en el proceso. En el interior de su casa nada sabía de crisis de lactancia, de agarres de succión correctos o de técnicas de producción de leche. Seis meses después de la introducción de leches “maternizadas”, su amamantamiento terminó.

Su historia no es la única. Muchas mamás primerizas por falta de información desisten de alimentar a sus hijos. Sistema público y privado, en ambos casos, la suerte está echada: se depende del profesional de salud.

“Mi hijo bajaba y bajaba de peso. Por eso el médico me recomendó la introducción de fórmulas”. Esa es la frase que más se repite entre las entrevistadas. La falta de apoyo y de información agrava el problema. El miedo a la desnutrición penetra en la psiquis y ¡adiós lactancia!

“Mira, todo partió hace 15 días, cuando nació mi pequeña Colomba.. Nunca tuve un acercamiento a lo que era la lactancia, sólo por lo que había visto o escuchado, (pese a ello) le tuve que dar pecho y sólo una matrona me ayudó con el tema del acople, pero más que eso no …es más, en la misma clínica, una vieja que era técnico llegó a retarme porque mi bebé sólo lloraba. Me dijo que estaba deshidratada, que me acostara para darle pecho y agregó: primeriza tenía que ser. Hoy mi bebé está con dos rellenos al día”, con rabia y dolor Nahir relata su experiencia.

La soledad y el machismo de muchas familias tampoco ayuda. Raquel asegura que es de las partes más complicadas de la lactancia, esa y tener que dar explicaciones sobre tu decisión. “Amamantar es súper solo. Mi pareja en las noches ni se despierta cuando mi hija tiene hambre”, agrega Nahir: “siento que nadie más que una entiende que los hijos demandan “ene” tiempo, que hasta ir al baño se hace complicado porque si no es mudar es hacer dormir y si no dar pecho … Lo que por lo menos mi mamá y mi pololo no entienden es que aunque una quiera, el tiempo no da para hacer todo lo que una si quisiera”.

Ruth complementa explicando que “es agotador dar teta. Por eso, no me gusta cuando llegan a la casa y ven todo desordenado y te dicen: ahora la guagua está durmiendo, aprovecha de hacer las cosas”.

Así, día a día miles de mujeres dan la lucha dentro de su casa. Las otras labores se acumulan a la espera de encontrar la ayuda necesaria para hacerlas, pero muchas veces no hay una pareja o una tribu capaz de contener, es ahí cuando se debe combinar las extensas jornadas de lactancia con aseo de la casa y atención de quienes quieren ver a tu bebé.

Falta de información

“Clínicamente, solo un reducido número de mujeres tiene escasa producción de leche por tener poca glándula mamaria” explica Heather Strain, pediatra miembro de la Comisión Nacional de Lactancia Materna y presidenta de la rama de lactancia de la Sociedad Chilena de Pediatría (Sochipe). El resto, no lo logran por errores corregibles, que van desde la forma en que la guagua agarra el pezón, hasta fallas en la frecuencia de la mamada.

Sin embargo, en el testimonio de las madres, es común oír que fueron los propios pediatras de sus hijos los que impulsaron el fin de su lactancia, principalmente asustándolas por el escaso aumento de peso de los bebés.

Dennys explica que solo con su segunda hija ha podido vivir plenamente el amamantamiento: “Tuve problemas con la lactancia de mi primera hija. Dudas, falta de información, miedos e ignorancia. Esos factores me llevaron a introducir relleno en el primer brote de crecimiento. Además, de un mal asesoramiento que me hizo creer que no era capaz de alimentarla. Ahora sé y estoy empoderada”.

“Me cambié de pediatra porque el primero que atendió a mi hijo me atormentaba con el tema del peso. Fui a una de la clínica Avansalud, ella me dijo que mi guagua era flaco porque la leche materna después de los seis meses se vuelve agua y pierde su aporte nutricional. Ahí, mi pareja se puso en mi contra y les creyó”, ese es parte del relato de Amanda. Si bien, ella finalmente logró una lactancia exitosa que a los dos años de su hijo sigue en pie, debió cambiar tres veces de médico hasta encontrar uno actualizado en el tema.

“Sabemos que eso ocurre. Nos parece que no está bien. Es un problema que he visto desde el Minsal y Sochipe. En Chile Crece Contigo también se reciben bastantes reclamos de consejos mal dados, tanto en las maternidades como en los consultorios o consultas privadas. Estamos tratando de revertirlo con cursos de actualización en lactancia materna, donde van alrededor de 500 profesionales de la salud al año; por otro lado, desde Conalma, estamos partiendo con el hospital amigo de la madre y del niño, que es una acreditación de calidad que se le da a los centros de salud, para que promuevan la lactancia materna”, explica Heather Strain.

Sin embargo, la profesional es categórica a la hora de reconocer los obstáculos con los que se enfrentan: “En las mallas de las universidades ha costado mucho introducir el tema de la lactancia, pese a que un profesional de la salud debiera manejarlo bien. Lo que se enseña no alcanza para poder atender bien a una mamá con dificultades en la lactancia. Además, otro de los problemas es que los consejos profesionales están teñidos de sus propias experiencias de lactancia, las que en ocasiones no han sido tan buenas”.

“No tengo suficiente leche. Mi hijo/a queda con hambre”

La frase es parte del imaginario común de muchas madres, sobre todo primerizas. Según una encuesta de lactancia realizada en 2013 por el Ministerio de Salud, la principal causa de abandono precoz de lactancia materna (antes de los tres meses) es por percepción de falta de leche.

La información la corroboran desde Amamanta, clínica de lactancia a domicilio dirigido por la enfermera Paola Schultz: “Falta empoderamiento de la mujer en su rol de mamífera”, explica Valentina Cobos, una de las miembros de este emprendimiento. Además, agrega que otros factores que se suman a la falta de confianza son comentarios externos como “tienes el pezón corto”, “tienes mala o poca leche”, uso de mamadera, congestión mamaria y administración de fórmulas.

Los testimonios ratifican el diagnóstico. “El pediatra que veía a mi hijo, me quería obligar a darle fórmula. Me negué”, explica Amanda.

Heather Strain indica que en ese momento, “cuando viene una madre de percepción de poca leche y tiene una guagua que sube menos de lo esperado, es necesario que exista un profesional que sepa de lactancia y pueda guiarla. También es importante que las mujeres sepan que se puede denunciar a los profesionales de salud que regalan rellenos. SI bien en Chile no existe una ley que regule las fórmulas, no se pueden regalar sucedáneos de leche materna”.

Otro de los mitos a derribar es la necesidad de poner horarios a la lactancia: “Es un error súper masivo”, explica la pediatra, quien además agrega que la libre demanda es necesaria para que cada madre e hijo puedan establecer su propio ritmo, que depende del tamaño de la glándula mamaria, del estómago del bebé, de la efectividad en la toma… por todos estos motivos es importante olvidarse del reloj.

Sin embargo, esta “sabiduría popular” parece ser una situación propia de nuestra cultura, al menos así lo explica Raquel. Ella, española, asegura que nunca antes escuchó tantos comentarios a cerca del amamantamiento, situaciones que muchas veces ponen en jaque la lactancia: “yo tuve dos experiencias súper distintas. Con mi segunda hija amamanté porque me había quedado el bichito, pero con mi primera guagua fue una experiencia muy difícil”.

Tampoco hay un momento “adecuado” para poner fin a la alimentación con leche materna. El destete solo tendría que ocurrir cuando la guagua lo deja o la madre no está dispuesta a seguir dando pecho. Las profesionales de la salud entrevistadas en este reportaje son categóricas en explicar que este alimento nunca pierde sus propiedades nutricionales, ni a los seis meses, ni al año, ni a los cuatro años de vida. Siempre aporta calidad.

A nivel institucional también hay prácticas necesarias de erradicar, una de ellas es el protocolo de separación madre e hijo: “Mi hijo fue extraído de mi vientre a las 11:36, lo envolvieron y colocaron al lado de mi rostro por aproximadamente 5 minutos, tras ese tiempo fue llevado a las mediciones y protocolos de la clínica acompañado tan solo por la mirada de su padre. No tengo claro cuánto tiempo transcurrió, solo sé que fue demasiado”, explica Gabriela de Santiago. La arquitecta agrega que “en la clínica, lo traían temprano en la mañana, lo colocaba al pecho cada vez que podía, intentaba animarlo a que tomara todas las veces posible y en la noche se lo llevaban. Nunca me cuestioné que pasaba en la noche, solo meses después, tal vez un par de años, vine a pensar en que estaba solito en esas cunas de clínica, tomando relleno…”.

El problema del alejamiento de la madre con el recién nacido es que interferiría en el imprinting o reconocimiento primario de la puérpera con su cría. De permitirse el apego, se establecerían más lactancias exitosas, según explica Heather Strain.

La tribu de apoyo

“En nuestro país casi ninguna mujer ha visto amamantar a otra. Eso es súper decidor de nuestra cultura”, explica la pediatra, dando a conocer un problema social: el individualismo y encierro hacen que disminuyan los contactos entre mujeres puérperas.

Todas las experiencias positivas de lactancia pasan por mantener una buena red de soporte. “Mi madre me ayudó a no decaer en mi amamantamiento. Ella me dijo que me sacara mi leche y se la diera a mi hijo con mamadera, así lo alimenté hasta los dos meses, cuando se pudo acoplar bien”, explica Amanda.

Rayen también lo corrobora: “Mi pareja y su familia son prolactancia. Ellos siempre me han ayudado. Con su ayuda he podido llevar una lactancia exclusiva sin problemas”.

Paula va más allá. Ella agradece la existencia de grupos de apoyo virtual que es una compañía para las madres que estás solas o desinformadas en este proceso: “Con mi primera guagua me dolían comentarios como que amamantar en la calle era flaite. Ahora me informé y empoderé en mi rol, y me da lo mismo sacar la teta en cualquier lugar. Por eso, y con el apoyo de mi familia, también, digo que lo fundamental es la información. Ahora si un pediatra me dice algo, yo tengo con qué rebatirle”.

“Me sentía una pésima mamá. Me encerraba en el baño a llorar, pedía que sacaran a mi hijo de mi lado porque yo era mala, no lo podía alimentar”. El testimonio de la viñamarina relata una realidad repetida. Para ella, no poder dar pecho fue signo de demorar en el desarrollo del apego con su hijo, más cuando hubo mujeres que le dijeron que ser madre no signicaba parir, sino amamantar.

Por eso este apoyo es aun más necesario en los casos de mamás que, queriendo, no han podido amamantar. En este sentido, Heather Strain es enfática: “El apego se puede generar de otras maneras. Cuando una madre no puede amamantar yo le digo que tenga harto regaloneo con su bebé, que lo masajee, que lo ponga piel con piel, que vayan a natación juntos, que lo porte en un fular…Es súper poderoso lo que pasa en una mamá que quería y no pudo amamantar. En estos casos es importante la reparación. Todo el contacto aumenta la oxitocina, el amor y el enamoramiento con tu guagua”.

Así y pese a los mitos y al desconocimiento profesional, el llamado es a alimentar con leche, no sólo por el aporte nutricional, sino por el aporte emocional e inmunitario que reciben los bebés. En la semana mundial de la lactancia materna, organizaciones de todo el mundo se suman a la misión de promover los beneficios. El desafío de la sociedad es reconocer la lactancia en toda su extensión, abriendo los espacios públicos y privados para que las mujeres sean libres de tomar una informada decisión.