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Año XIV, 30 de septiembre de 2022

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Entrevista a Héctor Pérez, el mejor ciclista chileno 1966-1967

En diciembre de 1966 el ciclista chileno Héctor Pérez fue campeón americano de 50 kilómetros y en febrero de 1967, corriendo en el equipo de la industria Ferriloza, obtuvo el segundo lugar en la “Primera Vuelta a Chile”.

Juan Álvarez

  Sábado 25 de febrero 2017 10:14 hrs. 
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En diciembre de 1966  el ciclista chileno Héctor Pérez fue campeón americano de 50 kilómetros y en febrero de 1967, corriendo en el equipo de la industria Ferriloza, obtuvo el segundo lugar en la “Primera Vuelta a Chile”. Con mi padre, que trabajaba en la industria y conocía a los pedaleros, acompañábamos las carreras de  los “naranjas” en la camioneta de la fábrica ayudando en lo que fuera necesario.

A través de una red social contacté a uno de sus hijos y conseguí el privilegio de entrevistar a Héctor Pérez, cumpliendo finalmente un sueño de niñez. En la calurosa tarde del lunes 6 de febrero me recibió en su acogedora casa de la comuna de San Joaquín junto a su esposa por 48 años quien, sospechando lo que se venía, nos permitió conversar de ciclismo por horas, interrumpiéndonos  solo para ofrecernos una rica uva de la casa, refrescos y galletas.cilismo 2

Grande fue mi sorpresa al encontrarme con Don Héctor, muy parecido físicamente al que recordaba e igual de amable, tranquilo y con la misma modestia con la que en su época recibió sus inolvidables e impresionantes triunfos deportivos. Una foto de mi padre, a quien reconoció de inmediato, allanó el camino para iniciar la agradable conversación y la revisión del baúl de los recortes de prensa y de los trofeos de su destacada trayectoria deportiva.

Héctor Pérez Urzúa nació en Rengo en septiembre de 1944. Su padre se vino a trabajar a Santiago a la textil Caupolicán-Chiguayante y se mudaron a Renca, a metros de la estación del tren y muy cerca de la población de los obreros de Ferriloza donde yo vivía. Después de terminar la educación primaria, y siendo aún un niño, ingresó a trabajar a la textil, donde sufrió una dolencia auditiva que lo acompaña hasta hoy.

Su primera bicicleta fue compartida con tres de sus ocho hermanos. El dueño era su hermano Fernando que se las prestaba cuando no la usaba. A los 14 años, cuando armó su propia bicicleta de un solo piñón, viajaron a Rengo (a 115 kms de Santiago) ida y vuelta en un mismo día. Fernando, que ya era ciclista, entusiasmó a Héctor para que comenzara a competir. A los 16 años debutó como novicio mostrando grandes condiciones.

El “maestro” Escolano lo detectó y lo llevó a trabajar y a correr en la industria CIC, en donde laboraban y militaban los mejores ciclistas del país. En CIC le permitían entrenar dos tardes a la semana como parte de su jornada de trabajo. El “niñito” o “benjamín” comenzó a ganar carreras en la ruta y en el “terródromo” de San Eugenio ascendiendo hasta la tercera categoría lo que le permitió  competir con los consagrados.

En el año 1963, a sus 18 años y con el incentivo de sus compañeros Mario Nicodemis, Manuel Molina y Manuel Guzmán, el “chico” Pérez se incorporó al recién creado equipo de la industria Ferriloza, con Leoniciclismo 2das Carvajal y Juan Vallejos como los líderes y el ex campéon Andrés Moraga como entrenador. Los dirigentes del club  le ofrecieron trabajo en la sección Maestranza, además de los días martes y jueves completos para entrenar y bonos adicionales por publicidad.

En Ferriloza comenzó su etapa más fructífera ganando campeonatos metropolitanos en la pista de San Eugenio y varias carreras por caminos. En septiembre de 1963,  corrió la Primera “Vuelta al Centro de la República”. En la etapa entre Quillota y Viña cogió la escapada que comenzó y le dio el triunfo final al experimentado astro del CIC Isaías Macaya. El “chico” quiso avivarse y ganarle en el embalaje pero Macaya lo encerró y no le permitió. “Eso no se hace” le dijo Don Isaías cuando cruzaron la meta y la lección jamás la olvidó. Terminó 10° en la clasificación final, siendo el mejor ferrilozano aunque estaba en el equipo B.

Por su destacada campaña en los años 64 y 65 fue seleccionado para el X Campeonato Americano que se realizó en diciembre de 1965 con el que se inauguró el velódromo del Estadio Nacional. Fue el mejor de la cuarteta de 100 kilómetros que terminó en el cuarto lugar. Al año siguiente asistió al XI Americano realizado en Mar del Plata obteniendo medalla de bronce en los 100 kilómetros por equipo junto a Orlando Guzmán, Manuel González y Carlos Fernández (los mismos que fueron quintos en los juegos panamericanos de Winnipeg de 1967).

La gran sorpresa se produjo en los 50 kms en pista. Pérez obtuvo la medalla de oro corriendo muy inteligentemente y, contando con la valiosa colaboración de su compañero Orlando Guzmán, superó a los favoritos de Argentina, Uruguay y Colombia.  Sacó una vuelta de ventaja y ganó al puntuar también en el último embalaje, desplazando al uruguayo Etchebarne. Chile no obtenía medalla de oro desde que Exequiel Ramírez ganara la australiana en los panamericanos de Buenos Aires de 1951. Y lo insólito es que se logró sin contar con una pista para entrenar, puesto que el Velódromo del Estadio Nacional, inaugurado en 1965,  solo se pudo volver a utilizar en 1967. De regreso a Chile, en diciembre de 1966, Pérez le ganó estrechamente a Vicente Chancay de San Juan (doble vice-campeón panamericano) en el Circuito de Navidad en la Gran Avenida (que Pérez ya había ganado el año anterior).

Por otra parte, Héctor Pérez tuvo su mejor actuación en ruta en febrero de 1967 corriendo la “Castro-Santiago” (la “Primera Vuelta a Chile”) de 1600 kilómetros divididos  en 11 etapas, la carrera más larga hasta entonces en el país. Pérez terminó segundo a solo 16 segundos del ítalo-argentino Delmo Delmastro, relegando al mendocino Ernesto Contreras al tercer lugar por solo 11 segundos, gracias a los 20 segundos de bonificación obtenidos por llegar segundo en la última etapa. Pérez ganó dos etapas, obtuvo dos segundos lugares, un tercero y dos cuartos, demostrando sus grandes dotes de embalador.  De hecho, ese mismo año ganó la última etapa de la segunda “Vuelta al Centro de la República” donde los ferrilozanos obtuvieron los cinco primeros lugares (Pérez fue 4°).

En 1968, los hermanos Arrigoni contrataron a Héctor Pérez para que se dedicara exclusivamente a correr. En Audax Italiano y cumpliendo una labor de “peón” (de “sangre azul” como lo consignó la prensa de la época) ayudó a llevar al triunfo a Manuel González en la “Copiapó-Santiago” y a Arturo León en la tercera “Vuelta al Centro” (donde Pérez terminó teciclismo 3rcero). Y en 1969 ganó el campeonato nacional por equipos en los 100 kms y la persecución olímpica representando a la Asociación Ñuñoa.

A fines de 1969, su amigo Augusto Silva lo llevó al club Ciclista Carteros. La empresa de Correos y Telégrafos lo contrató como cartero, siguiendo una vieja tradición que se había seguido con los ex campeones Cruz Orellana y José Santibáñez. Y el “cartero llamó más de dos veces” registrando triunfos hasta la temporada 71-72.

Héctor Pérez dejó el ciclismo con mucha tristeza. Representando a Chile en el extranjero quebró su bicicleta y se vio obligado a abandonar la carrera y vender su máquina. De vuelta al país se le negó la ayuda para adquirir una nueva bicicleta de competición. Decidió entonces retirarse del ciclismo activo y terminar sus estudios secundarios como alumno libre.

El balance de la carrera deportiva de Héctor Pérez fue muy positivo llegando a ser campeón metropolitano, nacional y americano en carreras de pista y de ruta, individuales y colectivas, como líder o como gregario. De hecho, me confesó que su prueba preferida era la persecución por equipos, por la depurada técnica que requiere. Su versatilidad le permitió también obtener buenos resultados en competencias de montaña (en la dura ascensión a Farellones fue 2° de Macaya en 1964 y 3° de Kuschel en 1971) y 2° en velocidad en pista (detrás de Arrué en 1967).

Afortunadamente su exitoso palmarés tuvo varios reconocimientos: mejor deportista del ciclismo de 1967 del círculo de periodistas, mejor ciclista de la temporada 1966-1967 de la Asociación Santiago de Ciclismo, una portada principal de la revista Estadio (todo un símbolo del éxito deportivo) e Hijo Ilustre de la Ciudad de Rengo.

Hoy, a sus 72 años, a medio siglo de la cúspide de su carrera deportiva y con la impronta valórica heredada del ciclismo de entonces, Héctor Pérez disfruta una tranquila vida familiar con su esposa, cuatro hijos y ocho nietos. Ya jubilado, continúa manejando su taxi, navegando por Internet  y pedaleando en su nueva bicicleta (“la mejor que he tenido”).

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