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Año XVI, 22 de julio de 2024


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Querellante caso Cheyre: “Él tiene las manos manchadas igual que muchos militares”

Hugo Toledo conversó con Radio y Diario Universidad de Chile sobre la querella que interpuso en la Corte de Apelaciones de La Serena en contra de Juan Emilio Cheyre y quienes resulten responsables de las torturas que sufrió. Además, de exigir un careo con el ex oficial, Toledo espera que Cheyre pase a la historia como violador de los DDHH.

Gonzalo Castillo

  Sábado 3 de junio 2017 11:30 hrs. 
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El 20 de mayo pasado, el ex militante socialista Hugo Toledo presentó una querella en contra del ex comandante en jefe del Ejército Juan Emilio Cheyre y quienes resulten responsables, por las torturadas que sufrió mientras estuvo detenido en dos ocasiones en el regimiento ‘Arica’ de La Serena, primero entre septiembre y octubre de 1973, y luego en diciembre de ese año.

Toledo conversó con Radio y Diario Universidad de Chile sobre las motivos que lo llevaron a presentar esta demanda, la cual –asegura- busca que se establezca la verdad y la justicia sobre la figura de Cheyre, tanto para la sociedad como para la que pasará a la historia, y que quede claro que está lejos de ser una ‘blanca paloma’, como se ha querido mostrar.

El ex militante socialista, que trabajara como químico en la Empresa Manufacturera de Neumáticos Sociedad Anónima (Manesa) apunta a la responsabilidad del ex comandante en jefe del Ejército, a quien sindica como oficial del grupo de torturadores del regimiento, y también a la del comandante de la repartición, Ariosto Lapostol Orrego.

¿Qué lo lleva a presentar esta querella tanto en contra de Juan Emilio Cheyre y quienes resulten responsables de las torturas que recibió en el Regimiento Arica de La Serena?

Lo primero es que quiero establecer la verdad, porque se ha mentido mucho acerca de lo que ha pasado con el caso Caravana de la Muerte y el ex comandante Juan Emilio Cheyre, y alguna vez muchas personas no se atreven por dos razones: tienen temor y otra que faltan recursos para hacer la acción legal. Eso me motivó enormemente y siempre he creído que desde que me salvé del pelotón de fusilamiento estoy viviendo un día de más.

¿Cuál es tu opinión respecto de la situación judicial que ya está atravesando el ex comandante en jefe del Ejército? ¿Esperas que se sume tu acción en tribunales?

01.40 A mí me gustaría tener un careo porque hoy día él no se responsabiliza del papel que jugó para el golpe de Estado. Él era el jefe de inteligencia militar y todas las acciones que se hacían en la zona seguramente tenían que pasar por él, porque era la máxima autoridad, y cuando a ti te van a buscar a la industria donde estás trabajando, a punta de metralleta, te torturan todo el día, te pasan al Regimiento, te incomunican, o sea alguien tiene que haber dado la orden. Hoy día no se pueden lavar las manos quién fue el responsable. Habían dos personas responsables: él y Ariosto Lapostol Orrego que era el comandante del Regimiento. Yo no tengo temor en enfrentarlo, además me gustaría recorrer nuevamente el regimiento y decir ‘este fue el lugar donde fui a hacer un recorrido’, a pesar que estaba con la vista vendada.

¿La querella contra Cheyre es por su responsabilidad como autoridad en el regimiento o como directamente involucrado en su tortura?

Cuando a ti te meten a una pieza, te vendan y después te pegan los conscriptos, te hacen un interrogatorio tres personas que te cuelgan, me es imposible ver a los torturadores, pero sí hay una responsabilidad de los que estaban a cargo del regimiento.

Fuiste detenido dos veces en tiempos distintos después del golpe

Justamente. En ese entonces tenía varias personas en mi familia que se movilizó, porque cuando hay un familiar preso más las circunstancias de la época, todo el mundo se movía, y mi padre era cuñado de León Vilarín, el líder de los camioneros que recibió dinero de la CIA para hacer la huelga más grande contra Salvador Allende. Él llamó también a los transportistas porque todo era un enlace, todos se movían para tratar de hacer algo. Mi ex suegra también en La Serena era amiga de la madre de Miguel Bauzá, que actualmente es pareja de Lily Pérez, entonces todo el mundo se movió para salvarme. Ahora, yo no creo en ninguna de esas personas que, a lo mejor todos cooperaron para influir en la decisión que tuvo en ese entonces el fiscal y capitán de Carabineros Manuel Casanga, y fue una decisión que me salvó porque si yo estoy preso el día 16 de octubre no estaría contando esta historia.

En la querella aparece que fuiste detenido junto a Marcos Barrantes, justamente su hermano Nicolás fue quien presentó la querella que tiene ahora a Cheyre respondiendo en tribunales…

Cuando fui a La Serena, yo no fui a declarar, pero todas las cosas se van enlazando. Yo fui solamente a buscar un papel que dijera cuáles fueron la causas por las que me detuvieron, para saber realmente. Acá hay dos querellas, una civil y la otra es la penal, y justo la mujer que me estaba tomando el testimonio me pregunta si yo había estado preso y conocía a Barrantes, sí, le dije, e hice una declaración al día siguiente con el fiscal que está a cargo de los derechos humanos y ahí le relaté todo el asunto, que a mí me fueron a sacar el día 15 de septiembre junto a Marco Barrantes, Crespo y Monardes, y que conocí a Nicolás porque cuando llegué nuevamente, era un cabo que era el chico más joven que estaba preso en ese entonces de los presos políticos. Porque también pasaban presos comunes más jóvenes, pero ellos seguían en tránsito y eran para hacerle los favores sexuales a los presos que estaban ahí en forma permanente.

¿Qué edad tenías cuando fue detenido?

Yo tenía 27 años cuando fui detenido, pero la experiencia nunca pensé iba a ser tan brutal el golpe. Otros compañeros tuvieron la noción y el olfato de lo que venía y salieron de escena rápidamente y se asilaron fuera. Yo jamás pensé que iba a ser tan brutal.

Luego fuiste al exilio…

Yo me arranqué porque tenía arresto domiciliario en La Serena, y la segunda vez cuando me liberan el 8 de diciembre estaban mis hermanas y me dijeron ‘vámonos’, yo les dije que bueno y me arranqué. Es decir, quebranté el arresto domiciliario y al ver cómo estaba la situación -no soportaba toda la represión- y un día dije ‘me voy del país’, y fui a hacer una fila en calle Santa Mónica donde estaba el Comité Pro-Paz de la iglesia católica. Llegué a las 6 de la mañana y atrás mío había una persona que me cuenta su caso, que estaba muy mal, es químico también, que lo echaron de la fábrica, tenía cuatro hijos, y yo no le creía porque tú tienes una desconfianza enorme cuando a ti te pasa algo como lo que me pasó a mí con el golpe, y no le di importancia, pero me hace todo un relato que incluso había ido a la embajada de Suecia y ahí le dijeron que no, porque no era realmente investigado y no tenía problemas políticas. Pero me quedó la dirección grabada en la cabeza y llegué a las 8 de la mañana, y sale el representante de Pro-Paz y dice que no hay ninguna posibilidad de que saliéramos porque había un cuello de botella en Buenos Aires, porque desde ahí la iglesia los distribuía por el resto del mundo. Entonces fui a la Alameda, tomé un bus y llegué a la embajada de Suecia y me atreví a hablar por citófono, entré a la embajada, me atendieron muy bien, me escucharon. Ahí, el secretario me dio dos pasajes, para mi mujer, por el Comité de Inmigración Europea y me sacaron.

Igualmente mencionas que existieron algunos militares que, arriesgando tanto sus carreras como sus vidas, sí demostraron no estar de acuerdo con lo que ocurría el interior del regimiento…

En mi vida de estudiante viví en una residencial por dos años en la casa de Juan Campusano que era en ese entonces suboficial Mayor y trabajaba en el regimiento. Nos hicimos muy amigos y Juanito cuando la segunda vez que me detienen y me ve y me dice ‘qué te pasó’, y le digo que no sé, porque me detuvo el Servicio de Inteligencia Militar la segunda vez, y ningún abogado tenía la posibilidad de entrar al juicio, y me dice que hablara con Vallejos y dile que eres mi amigo, y justo esa noche estuve detenido con Luis Ravanal, nos levantan a las seis de la mañana, pensando que nos iban a fusilar y viene un tipo y le digo ‘yo soy amigo de Juan Campusano, ¿tú eres Vallejos?’, y se enfureció y me agarró a culatazos y me dijo ‘hijo de puta, yo no soy Vallejos’.

Después, en marzo cuando me voy al exilio, yo fui a La Serena para liquidar pertenencias personales y voy a agradecerle a Juan Campusano y me dice ‘Hugo, casi me cuesta la expulsión del Ejército cuando yo te ayudé’, y ahí me cuenta que él en ese entonces iba a renunciar o había renunciado para no mentirse, porque los militares que controlaban, hacía guardia por La Serena iban y tomaban a las mujeres y después las manoseaban y las violaban, me dijo ‘yo no sirvo, yo tengo hermana y tengo madre’.

¿Qué te parece que Cheyre haya sido comandante en jefe del Ejército y que se le haya asociado con la renovación de la institución a partir de la doctrina del ‘Nunca más’?

El año 1998, para el 16 de octubre no me acuerdo si coincidió con el homenaje que todos los años le rendimos a los compañeros que fueron fusilados, y en el desfile me encontré, en ese entonces, con Carlos Yusta, militante socialista, ex alcalde de Coquimbo que estuvimos juntos en el pabellón número 2 y siempre hablaba con él, y ese día estaba el desfile y le digo ‘cómo van a nombrar -porque ya se rumoreaba que iban a nombrar a Emilio Cheyre comandante en jefe- Es aberrante todo lo que hizo acá en el regimiento y hoy día va a llegar al más alto grado del Ejército. Andaba junto al diputado Francisco Encina, porque en ese entonces Yusta era secretario de él. Entonces, pasó el tiempo, se quedaron callados, después nuevamente los encontré y les dije ‘me dio el asco el Partido Socialista que no fue capaz de decirle no a Cheyre. ¿Sabes lo que me comentó?, que de La Serena mandaron una comitiva a conversar con la dirección y gente de gobierno, y no los agarraron. Estaba todo cocinado de la asunción de Cheyre a ser el comandante en jefe del Ejército.

¿Espera que Cheyre pueda cumplir una pena de prisión efectiva?

Eso lo va a decidir el juez Carroza y, por lo menos lo relacionado con las ejecuciones es una pena más alta, por torturas son parece 541 días máximo. Lo único que espero es que la historia quede marcado que él no es una blanca paloma, que él tiene las manos manchadas como muchos militares en Chile y con eso… (se emociona) no es fácil, no es fácil recordar.

Porque fue él quien teniendo 26 años, la misma edad que tenía yo en ese entonces, Lagos lo defendió, pero nosotros que éramos incluso los compañeros más jóvenes, ninguno hoy día han sido capaces de reivindicarnos. Por ejemplo, la gente que fue torturada en Londres 38, la gente que fue a Tres Álamos, todos pueden ver y hacer un recuento de lo que pasó, ir a visitar esos lugares que hoy día son algo sagrado de los derechos humanos. Nosotros que fuimos torturados en los regimientos no tenemos ninguna posibilidad de visitar y decir ‘hoy día, nuevamente puedo ver La Serena en forma libre’.

¿Qué viene ahora en términos judiciales?

No se sabe si lo va a tomar separado el fiscal Hormazábal o va a agregarle a la declaración de Barrantes. Ahora, no sé cuántas personas hemos hoy día sido capaces de declarar que nos torturaron, porque hay muchos compañeros que ya están muertos y otros no tienen la fortaleza de enfrentar esta nueva situación y yo espero que hoy día, nuevamente, sean condenados y que este caballero, señor Cheyre, porque hoy día nadie lo dice, pero él fue el oficial de los torturadores, y ese rango lo tenía, y ese rango nadie lo puede quitar, y con eso quedaría en tranquilidad, con la verdad y la justicia. La reparación no importa, otros compañeros a lo mejor necesitan reparación, pero no me importa eso.

 

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