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Javier Camarena y Gerardo Salazar: Dos solistas para el recuerdo y la excepción

La semana musical docta a nivel local ha estado marcada, sin lugar a dudas, a causa de las presentaciones lideradas por este dueto de intérpretes, mencionados en el título de este texto, nos referimos al destacado tenor mexicano, y al renombrado percusionista chileno, y a su desempeño interpretativo en conjunto con la Orquesta Sinfónica Nacional. El primero de los artistas brilló con su voz anoche, en un Teatro CA 660 que lo aplaudió de pie y con reiteradas solicitudes de bis, y el segundo fue la estrella del Concierto 9 organizado por el Ceac de la Casa de Bello, tan sólo hace unos días atrás.

Enrique Morales Lastra

  Viernes 4 de agosto 2017 13:01 hrs. 
César Sepúlveda_2


“La hora de Ti, la hora de Nosotros / ah… Decírtela ante ti postrado, / ¿Qué más fuerte, qué más dulce, / la hora de Ti, la hora de Nosotros?”.

Paul Valéry, en Coronilla.

La visita a Chile del tenor ligero mexicano Javier Camarena (1976), constituyó uno de esos eventos que se instalan en el contexto del paso de otras voces masculinas ilustres, de calibre y resonancia internacionales, por los escenarios de la ciudad de Santiago: la del tenor ligero peruano Juan Diego Flórez, en la temporada 2010 del Teatro Municipal de la calle Agustinas, y la reciente del contratenor francés Philippe Jaroussky, durante el pasado mes de abril, y el cual ofreció un recital en el mismo y céntrico recinto.

Camarena partió anoche su registro, en el denominado CA 660 de Las Condes, con los Tres Lieder Op. 83, del compositor alemán Ludwig van Beethoven (1770 – 1827). De menos a más, su elemento vocal evidenció un comienzo algo titubeante, cuya correcta técnica, sin embargo, salió al paso de ciertas irregularidades musicales percibidas, principalmente gracias a la compañía del pianista cubano Ángel Rodríguez, y al timbre de su registro, el que se pudo definir como de gran color, calidez, y terciopelo, proporcionándole una particularidad que a veces lo equipara con la fuerza y con el volumen de un tenor lírico, denominado a secas. El idioma alemán del artista azteca, asimismo, y además de correcto en su pronunciación global, destacó por la suavidad, gracilidad y la amistad con las florituras (improvisaciones), pronunciadas por parte del intérprete.

Luego, en los Tres sonetos de Petrarca, de Franz Liszt (1811 – 1886), se añadieron otras virtudes al talento sonoro del tenor mexicano, a saber: su presencia escénica, el sentido dramático de sus vocalizaciones, la creación de una realidad musical propiciada por el latido de su voz, y a su comprensión lírica, en una direccionalidad amplia, de las partituras que en esta ocasión le correspondió ejecutar. El timbre de Camarena, entonces, se aclaró, y sus extensiones hacia el agudo se escucharon dotadas de ornamentos de gran belleza y versatilidad.

Del compositor austríaco Wolfgang Amadeus Mozart (1756 – 1791), el tenor ligero mexicano abordó fragmentos de La flauta mágica, y los Dies Bildnis. Su oficio se hizo notar con gran prestancia, y su escala subió al re sobreagudo sin mayores problemas. En esta parte del programa, podemos afirmar que la sonoridad interpretativa de Javier Camarena, se enlazó en una simbiosis natural, y de afinamiento auditivo bastante logradas –y en paralelo- con la ejecución del virtuoso pianista cubano Ángel Rodríguez. La presentación de ambos recordó a los famosos duetos europeos que a mediados del siglo pasado emprendían largas giras alrededor del mundo, ofreciendo su arte y sus cualidades tanto escénicas como musicales.

El mayor desempeño dramático del tenor, a medida que avanzaba la presentación, alcanzó su cénit con las pistas de Los puritanos, de Vincenzo Bellini, y de A te, o cara, del mismo autor. Aquí, el intérprete azteca se adentró en un personaje singular, asumiéndolo como propio, introduciéndose en su piel para resultar convincente, lo que no fue una tarea fácil, pero sí necesaria para lo que sería el éxito final de su exhibición. La ópera es teatro y en esa calidad de género es que se debe tratarla.

La dicción y el fraseo de Camarena se apreciaron mucho más en estos pasajes del recital, cuando el dúo se exigió en las selecciones hechas por el programa, de piezas pertenecientes especialmente al repertorio de Gioachino Rossini (1792 – 1868): La italiana en Árgel, y Languir per una bella. Los agudos se escucharon casi en un registro dramático, por momentos, y el volumen y el tono del mexicano llenaron y estremecieron a la sala. Junto a los fragmentos de Gaetano Donizetti (1797 – 1848), estos pasajes respondieron a las mayores cotas artísticas obtenidas en conjunto, y a comandita, por el tenor y el pianista Ángel Rodríguez.

Destacaron la interpretación de las partituras de Lucía de Lammermoor, de La hija del regimiento, y Ah! Mes amis, quel jour de fêtel, todas del último compositor mencionado. La voz lírica no es otra cosa que aire convertido en sonido. Si el oxígeno deja de funcionar como es debido, el elemento vocal está privado de encontrar su apoyo, pierde consistencia, se satura de un vibrato innecesario, o bien resulta apretada y carente de flexibilidad y de dulzura. El recital ofrecido por Javier Camarena resultó un viaje por estos parámetros, y su franquicia musical, finalmente, obtuvo una resonancia natural, que facilitó enormemente la proyección de su sonido, en este romántico espectáculo, de pura poesía cantada, a través del recinto del CA 660. De hecho, populares boleros fueron los bis, con que el artista mexicano agradeció los aplausos del público santiaguino.

El próximo concierto de la temporada oficial de la Fundación CorpArtes será el próximo miércoles 9 de agosto, y tendrá la presencia principal del director argentino Daniel Barenboim & la West – Eastern Divan Orchestra. Luego, corresponderá el turno a Pinchas Zukerman & la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile, a las 20:00 horas del jueves inmediatamente siguiente.

La proeza de Gerardo Salazar  

El tenue sonido de las cuerdas que abren el Concierto para timbal y orquesta, del estadounidense Russell Peterson (1969), indican que los vientos, y el corno, acompañarán a los seis timbales y sus cuatro diferentes baquetas, en el manejo, en la orquestación y en las variantes estéticas que ofrecerá la obra, en su versión como solista del percusionista chileno Gerardo Salazar.

La interpretación de este último sobresalió por sus matices, por el manejo de los pianísimos, ya que se trataba de una pieza compleja en su ejecución, donde el profesor de percusión mantenía el oído atento en cada timbal para mantener la afinación, con baquetas diferentes, como ya lo dijimos, a fin de manejar el volumen del sonido, en una síntesis de versatilidad, rapidez, y difíciles sincronía alcanzadas.

El Adagio, sin ir más lejos, correspondió a un suave movimiento en el que los cellos tuvieron una gravitación importante. La batuta y el brazo izquierdo del director sueco Ola Rudner, por lo general parsimonioso, y con especial atención a las necesidades y requerimientos de su solista, se conjugaron en un final ecléctico y pleno de sugerencias estéticas y musicales.

Sobre el tercer movimiento, Maestoso, Allegro, debemos afirmar que resultaron llamativas las percusiones con las manos, y el acompañamiento de las flautas a las indicaciones temáticas de los timbales. El frenesí sonoro del final, empujado por la fuerza de los bronces, hizo que se reafirmara el principal concepto artístico apreciado en esta interpretación: la ordenada y estratégica concomitancia entre el conductor de la agrupación laica y universitaria en esta oportunidad, y la concentración y destrezas de Gerardo Salazar, con el propósito de salir airoso de esta compleja prueba ejecutoria y de recreación sonora.

Los conciertos de la temporada 2017 del Centro de Extensión Artística y Cultural de la Universidad de Chile, continuarán este viernes 4 y sábado 5 de agosto, con la interpretación de piezas de los compositores franceses Maurice Ravel y Charles Debussy, que estarán nuevamente dirigidas por el experimentado maestro escandinavo Ola Rudner.

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