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Año XII, 22 de septiembre de 2020

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Gabriel Salazar: Es fundamental la revocación de cargos de nuestros representantes

En el programa “Pienso luego decido” de nuestra emisora, el Premio Nacional de Historia habló sobre las experiencias que han impulsado cambios sociales por fuera de la democracia imperante, destacando las asambleas ciudadanas. Además, enfatizó en la necesidad de recuperar el control sobre nuestros gobernantes.

M. Lewkow y K. Palma

  Martes 3 de octubre 2017 18:58 hrs. 





En conversación con Marcelo Lewkow en el programa “Pienso luego decido” de nuestra emisora, el Premio Nacional de Historia y académico de la Universidad de Chile, Gabriel Salazar, se refirió a las otras formas que se han evidenciado en la historia nacional para impulsar cambios sociales por fuera del sistema democrático liberal. 

Por fuera del sistema democrático, pero sin hacer golpes de Estado, ¿cuál es la historia de cambios y logros de Chile? 

Al hacer la pregunta de esa manera estamos asumiendo que el sistema democrático funciona esencialmente en torno a las elecciones, es decir, cuando aparecen un conjunto de señores que se asumen profesionalmente como políticos y nos hacen ofertas para resolver ciertas cuestiones. Uno elige esas propuestas y de acuerdo a ello vota. Esto no es más que el sistema democrático liberal, que no presupone necesariamente deliberación, porque aquello es una función colectiva y no de un solo individuo.

Entonces reformulo la pregunta: ¿Cuál es la historia de cambios y logros de Chile por fuera de este sistema democrático? 

Este es un sistema que no considera a la ciudadanía como soberana. Fuera de votar hay que preguntarse qué es ser ciudadano, lo único que dice la Constitución es que se tiene derecho a petición. Si eso no nos satisface tenemos la posibilidad de la protesta, la cual no es constitucional.

Por eso que la pregunta sobre otra forma de hacer política ciudadana es importante. Yo diría que hay varias alternativas, el ciudadano no solo hace política a través del voto. Se han desarrollado otros modos que podrían resumirse en lo que se conoce como la política de la calle o desde la calle.

Ahí tienes las demostraciones callejeras que presionan; marchamos contra las AFP y contra la educación de mercado. En el fondo, marchar es pedir. Es una manera de presionar, aunque está ultra demostrado que no siempre produce efectos de acuerdo a lo que se espera.

¿Cómo sería eso? 

Los estudiantes han estado marchando desde el 2001 hasta el día de hoy y siguen marchando. Es cierto que les concedieron la gratuidad, pero de una manera que es un boomerang contra la educación.  Ahora la nueva ley que se está preparando para la educación superior lesiona los fundamentos mismos de la universidad pública. Por eso paralizan todos, porque no quieren esa ley que está aprobando este Gobierno, supuestamente democrático.

Hacer política desde la calle marchando y presionando, haciendo un carnaval de la petición, está demostrado que produce un efecto mínimo en cuanto a los resultados valederos, pero es una manera de hacer política desde fuera del sistema.

Otra manera que no ha sido muy considerada, pero que si tuvo mucha fuerza en Chile, es lo que hizo el movimiento de pobladores. Al revés de la clase obrera o empleados públicos, que actuaban en conformidad al código del trabajo mediante sindicatos, este movimiento no se organizó porque no tenía una normativa encima.

Ellos se saltaron el código del trabajo de 1941 y la Constitución de 1925 cuando decidieron tomarse los terrenos por sí mismos, afectando la propiedad privada, violando estas leyes a contrapelo de lo que el Estado quería al respecto y forzando al Gobierno a que legalizara la toma ilegítima.

Fue una presión muy interesante porque no solo se trató de un grupo de pobladores que se tomó un sitio. Pidieron ayuda y salieron muchos aliados a solidarizar con ellos, los estudiantes en primer lugar y luego distintos grupos de profesionales.

El movimiento de pobladores actúo por lo que Clotario Blest planteó como acción directa, independientemente del trámite parlamentario y de la ley. Por eso los pobladores se salieron del curso político institucionalizado y regularizado, apareciendo con las tomas de terreno y desafiando la legalidad para obtener lo que querían.

Todo esto dio como resultado que la toma proliferara y así aparecieron también los estudiantes tomándose las universidades, los obreros tomándose las fábricas y los campesinos tomándose los fundos. Todos ellos juntos, al final, en el año 1973, se tomaron comunas enteras, como fue el caso de Maipú. Esto es otra manera de ejercer política desde afuera.

La otra alternativa que se ha dado en la historia de Chile es cuando la ciudadanía se asume  en su condición de soberana, es decir, se plantea que la soberanía radica siempre en la sociedad civil y podemos ejercer poder constituyente y dictar leyes por fuera del Congreso Nacional. Esto ha ocurrido en periodos muy interesantes que desgraciadamente son ignorados. Esta historia existe pero no está reflejada en los libros de la academia y mucho menos en los textos escolares.

¿Cuáles son las historias que no se conocen? 

Hay dos ejemplos clásicos que han sido reducidos a la palabra “anarquía” por la historiografía oficial. Uno ocurrió entre 1822 y 1828 en el siglo XIX, cuando la ciudadanía estaba organizada en asambleas locales o cabildos autónomos y no en partidos políticos. Allí decidieron por sí mismas coordinarse para construir el Estado de Chile después de la independencia. Sin embargo, ese proceso fue derribado por la dictadura de Bernardo O’Higgins.

Después esa tendencia fue reprimida por el intento de Diego Portales de construir un monopolio comercial-nacional con ayuda del Ejército. Eso implicó una reacción de esta masa ciudadana contra la acción de Portales hasta hacerlo quebrar. Después, esto se mueve para organizar una asamblea constitucional por sí misma, libre de la presión de la oligarquía de Santiago. Se van a Valparaíso y allí dictan la única Constitución que la ciudadanía ha discutido y aprobado libremente, esto fue en 1828.

Esa Constitución no alcanzó a durar un año, porque la oligarquía de Santiago dio un golpe de Estado y organizó un ejército mercenario, porque el regular apoyaba a este movimiento. Después vino una represión brutal.

La segunda coyuntura similar, la encuentras entre 1918 y 1925. Ahí de nuevo la ciudadanía se asumió a sí misma como soberana y se propuso ejercer poder constituyente. Se auto convocó una asamblea se dictaron los fundamentos de una Constitución nueva. Esta vez no hubo un golpe de Estado violento, pero sí dos políticos, uno civil y otro militar, que se las arreglaron para ignorar este movimiento y dictar ellos una constitución a la pinta de la clase política.

Lo que hemos estado presenciando desde el 2011 hasta el día de hoy es un movimiento ciudadano que quiere asamblea constituyente, pero es un proceso que, como hemos visto, lo tomó la clase política.  El terminó Gobierno organizando un proceso que resultó ser exactamente como ellos quisieron que fuera. Esto distrajo la atención y evitó que la gente siguiera su rumbo propio, independiente y autónomo. Llevaron el proceso al interior del Estado, lo desgastaron y ahora no pasa nada.

No obstante, esto está latente y es una tercera vía de hacer política; por soberanía. Eso lleva a dictar leyes, gobernar o formular constituciones. Para mí es la forma más profunda y pura de hacer política.

Analicemos el proceso real que se ha dado últimamente en Latinoamérica sobre este tema. Hubo esfuerzos en varios países: Venezuela y Bolivia son algunos ejemplos ¿Cómo ves esos procesos? 

Hay un problema de fatalidad interna que tienen los movimientos sociales que comienzan a asumir su soberanía. En Chile ha habido muchas experiencias y se ha fluctuado entre un movimiento ciudadano soberano y un movimiento de masa en la calle que pide y exige, además de los rebeldes que no buscan nada en el sistema.

Sin embargo, tratándose de movimientos sociales de ciudadanos que comienzan a apuntar hacia el ejercicio de su soberanía para construir Estado, el problema que enfrentan surge en lo local, porque la asamblea presupone contacto directo. Por eso, el conflicto se da cuando hay muchos movimientos de este tipo que apuntan al mismo objetivo, ellos tendrían que federarse de algún modo manteniendo la estructura de asamblea de la base.

Este proceso de centralización de la deliberación y del ejercicio del mandato es un proceso muy complejo para los movimientos sociales, porque la ejecución de una decisión implica unidad en la acción y por tanto una dirección central; ese es el punto crítico, cuando se deben elegir dirigentes y aparecen grupos o partidos.

Lo que vemos históricamente es que parece no existir un ejemplo concreto que ejemplifique un proceso de cambios sociales sin que se haya visto frustrado. 

La clave está en estudiar por dentro el desarrollo de los movimientos sociales. Se trata de una reflexión colectiva, no estamos hablando de movimientos de masa, que son los que están en la calle manifestándose y no deliberando. Un movimiento social, en cambio, reflexiona por sí mismo, por eso tiene asambleas de base.

El problema está en que cuando se desarrollan al punto de plantearse la cuestión del Estado se les presenta la dificultad de la centralización del poder. Ahí existen tres salidas. Uno puede ser el caudillismo, que muchas veces deriva en un dictador que incluso termina reprimiendo. Esto ha ocurrido en países como Venezuela, Ecuador, Argentina y en menor medida en Bolivia.

Otra salida que muestra la historia es que el movimiento genere un partido único que conduce al pueblo y lo convierte en masa. Finalmente, la tercera alternativa, que a mi juicio es lo que se debiera seguir, es que simplemente las asambleas locales decidan crear una instancia regional o nacional.

Cuando el movimiento se asume como una asamblea nacional es cuando pueden legislar y construir Estado soberanamente.

¿Existe algún ejemplo?

Los dos casos que mencioné anteriormente en Chile. El problema es que los procesos en Argentina, en Venezuela y en Cuba desembocaron en caudillismo y si se llegó a una asamblea constituyente esta fue manejada por políticos.  

El caudillismo de Venezuela y también el cubano se basaron en la posibilidad de administrar la fuerza pública, porque atrás había también una estructura militar que los apoyaba. En el caso de Chile, analizando lo que nos cuentas termina todo en el choque con las verdaderas fuerzas y por ende en la represión. Si no se cuenta con la fuerza del Ejército, ¿cuál es el camino concreto? 

Es redefinir el sentido, el carácter, la función y la sustentación de la fuerza. En Chile el Ejército sí ha deliberado y trabajado en asambleas para discutir los problemas de país. Ellos salieron a la calle y se juntaron con el movimiento social en los años 20. Ahí abolieron las jerarquías y crearon clubes militares que funcionaban como asambleas populares.

Si el Ejército delibera y es ciudadano, es muy probable que se sume al movimiento social o lo dirija. Eso depende de cómo se defina lo militar. Todas las constituciones chilenas (1933-1925-1980) dicen que el Ejército no es deliberante, sino que esencialmente obediente. El problema es quién está en la jefatura.

Cuando el Ejército ha cometido masacres es porque ha actuado siguiendo órdenes de sus jefaturas que a su vez seguían órdenes de la oligarquía mercantil. En el caso de 1973, de Estado Unidos. Si los militares deliberan existe la posibilidad de que el pueblo cuente con la fuerza, algo que ocurrió en Chile en 1924 y 1925, pero de eso no se habla.

¿Lo ve posible en el Chile de hoy? 

Creo que hay que hacerlo, no queda otra. El camino de la guerrilla ya sabemos en lo que terminó.

¿Cómo se hace? 

Eso es algo que debemos pensar en conjunto. La consigna tendría que ser: ¿quién define cómo debe ser la violencia legítima del Ejército? La respuesta está la soberanía de la ciudadanía, por tanto es ella la que debe organizar todo esto de acuerdo a lo piense, donde la primera condición es que los militares sean ciudadanos.

Existe mucho esfuerzo por evitar lo que usted propone.  En tanto, que la gente está muy disgustada con la democracia que se le presenta, lo que se manifiesta en el interés por votar. En ese contexto, ¿qué camino social o de actividad por fuera se le ocurren para llevar cabo estos cambios?  

He llegado a la conclusión que los movimiento sociales tienen un límite que es cuando generan oligarquía. El problema es cómo se relaciona conella: ¿la dejan fuera o la controlan desde abajo? Para ello se aplican mecanismos que se usaron en el pasado, como la práctica de la revocación de cargos, donde se elige a una persona con un mandato previo. Si te elijo te vigilo y si no lo haces te quito el cargo y te juzgo. Ese poder se perdió, nadie juzga hoy el comportamiento de los políticos que llevan 50 años en ejercicio.

El empirismo de la justicia lleva a distinguir culpables de carne y hueso, pero ¿quién juzga al sistema, a las fuerzas armadas como institución? Si no es la ciudadanía ¿quién?

Es una cuestión fundamental recuperar el control de nuestros representantes a través de la revocación de cargos y por otro lado que nuestro militares no se escapen defendiendo intereses norteamericanos, sino los de la comunidad local, por eso necesito que sean ciudadanos. Si no hacemos eso vamos hacer cualquier locura y seguiremos marcando el paso 200 años más.