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Andrea Sato

OMC y capitalismo global: ¿Qué se juega en Buenos Aires?

Andrea Sato | Miércoles 13 de diciembre 2017 12:02 hrs.


Desde el 11 al 13 de diciembre, se está realizando la 11 Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en Buenos Aires, Argentina ¿Qué se conversa en esas instancias? ¿Cómo afectan las decisiones que se tomen en ese espacio a la política económica en Latinoamérica y el Caribe?

La MC11 (Conferencia Ministerial por sus siglas en inglés) de la OMC, es un hecho relevante para los pueblos del Sur del mundo. Esta Conferencia va en la misma línea que otras reuniones de organismos transnacionales como la Conferencia de Bretton Woods, el Foro Económico Mundial o Foro de Davos, y las cumbres presidenciales del G20. Todos estos eventos, tienen sus diferencias programáticas, pero mantienen una gran similitud, son espacios de discusión y decisión respecto a la economía global, cómo esta afecta o podría afectar a los países miembro y qué medidas son las que deben tomar los países para hacerles frente.

Todos estos espacios, de “cooperación internacional” se han establecido como agentes de canalización de las demandas de las empresas transnacionales y de las clases dominantes de los países centrales. En un escenario neoliberal, son estas las instancias a través de las cuales se presiona por la mercantilización, la apertura comercial y la desregulación de la economía. La Agenda liberalizadora, tiene su contraparte en el trabajo, profundizando la ofensiva del capital sobre la explotación.

Los orígenes de la OMC se remontan a 1995, el gran muro había caído y la arremetida neoliberal se esparcía por el globo. Su creación tuvo como gran objetivo negociar las reglas de la liberalización del comercio, enfocado principalmente en la liberalización de bienes industriales.

En la misma línea de las reformas promovidas desde el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, la Organización Mundial del Comercio fue afianzando acuerdos entre países para reducir aranceles y otras trabas para el comercio global. Los efectos de estas políticas fueron profundamente desiguales, causando, por ejemplo, que fábricas se trasladaran a países con bajos salarios, invadiendo economías periféricas inestables, y fomentando así, un proceso de desindustrialización. Además, las economías dependientes, principalmente latinoamericanas, aportaron en la venta de materias primas a bajo costo, fuerza de trabajo desvalorizada y baja fiscalidad con modelos tributarios pro ricos y libertad arancelaria.

Las economías centrales, controladoras del flujo financiero mundial, son las mismas que hoy se congregan en la OMC, las que se han visto beneficiadas reteniendo para sí el mayor valor de la cadena de valores, y manteniendo la superioridad sobre otros países del globo.

Como se puede ver, la agenda de la OMC, es corporativa, busca blindar a las grandes transnacionales sin resguardar o garantizar los derechos de las personas, el respeto al trabajo decente o el cuidado al medioambiente. Su gran objetivo, es fomentar y resguardar la libre circulación de las mercancías a nivel mundial, busca agilizar el intercambio global generando marcos institucionales que se sobreponen a los derechos laborales, humanos y ambientales, con tal de expandir los flujos comerciales. En este sentido, cualquier avance de organismos como la OMC, implica un impacto en la calidad de vida de las personas.

En estas conferencias, foros, o reuniones técnicas, los representantes de los países invitan a economistas muchas veces representantes de los grandes grupos económicos. El enfoque de la mayoría de estos economistas, considera a los países como unidad de análisis, sin comprender las asimetrías y jerarquías dentro de las naciones, por lo que las políticas económicas también impactan de forma asimétrica. Profundizando la División Internacional del Trabajo, precarizando territorios enteros, en pos del libre mercado.

Los sectores populares de países periféricos, donde recaen estas políticas económicas, no están representados en el foro. En particular, durante esta edición, el gobierno Argentino negó la entrada de ONG’s, activistas, académicos y distintos periodistas a Argentina, impidiendo que participaran de la Conferencia Ministerial, resguardando así la visibilización de los disensos existentes sobre los proyectos que pueden ser una alternativa al capitalismo.

La exacerbación de los flujos comerciales que se fomentan desde la OMC, refuerza una división internacional del trabajo, lo cual facilita la deslocalización de empresas, y la inserción de América Latina como proveedor de materias primas. El reordenamiento territorial que se desarrolla en este proceso, implica que las producciones más contaminantes con fuerza de trabajo más endeble se desarrollen en países con economías primario exportadoras, como las que tiene América Latina. Tras el fin del siglo de los commodities, áreas enteras en Latinoamérica se convirtieron en enclaves exportadores, controlados por las transnacionales, donde prima un modelo extractivista basado en el bajo costo de la explotación de la naturaleza y la fuerza de trabajo.

Hoy Chile, tiene un modelo propicio para que su fuerza de trabajo y sus recursos naturales sean explotadas por empresas transnacionales. Lo que se juega durante esta conferencia a puertas cerradas, son las líneas del comercio internacional y la profundización de la agenda liberalizadora, que se basa en explotar a humanos y naturaleza en pos de aumentar y acumular capital. Chile y Latinoamérica, pagan el costo del bienestar de los países centrales, y las consecuencias sociales que se experimentan en la periferia global son altas. Latinoamérica ya no puede seguir siendo la zona de sacrificio para los capitales extranjeros, por lo que es urgente repensar un modelo económico que no se base en la devastación de continentes enteros para su mantención.

*Investigadora Fundación Sol