Diario y Radio Universidad Chile

Año XIV, 6 de diciembre de 2022

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El Papa y los presos políticos desaparecidos


Martes 16 de enero 2018 9:03 hrs.


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Señor Director:

En nuestra región de Tarapacá, luego del golpe de estado que puso fin a nuestra antigua democracia en 1973, fueron asesinados muchos  dirigentes sociales y políticos que adherían al programa del gobierno constitucional del Presidente Salvador Allende. También fue el caso de otras personas de izquierda e, incluso, sin ninguna militancia política. Como es sabido, los cuerpos de muchos de ellos desaparecieron y nunca fueron encontrados, toda vez que quienes perpetraron esos crímenes han guardado silencio desde entonces sobre el paradero de aquellas víctimas.

El Papa Francisco, que nos visitará en unos días más, ha accedido a conversar con La Asociación de Familiares de Presos Políticos Desaparecidos, que hoy preside don Héctor Marín, quien, por supuesto, solicitará al Santo Padre su intervención en el asunto, cuestión que corresponde, simplemente, a un acto de Humanidad y de justicia elementales. Desde hace mucho tiempo, esta asociación no sólo ha pedido a los militares, tanto en dictadura como en democracia, la información sobre dónde fueron enterrados o arrojados los cuerpos de sus seres queridos, sino, además, los ha buscado afanosamente a lo largo y ancho de nuestra región, hasta hoy de manera infructuosa.

En los últimos días, ha trascendido en algunos medios de comunicación que el grupo de ex-militares condenados en Punta Peuco, muchos de ellos causantes de esas muertes, que suman miles en todo el país, quieren aprovechar la visita del Papa a Chile, para conseguir lo imposible: que el Papa abogue por su liberación lo que la justicia tanto nacional como internacional no admite bajo ninguna circunstancia, en tanto se trata de delitos de Lesa Humanidad, que son inexcarcelables e imprescriptibles. No obstante, lo más revelador de su petición es que en ella, más que mostrar algún arrepentimiento, ratifican su ideologismo político de extrema derecha. Admiten que – dicho en buen chileno – ” se les pasó la mano,” pero, de hecho, justifican sus tropelías alegando que el gobierno constitucional de Salvador Allende “llevó a nuestra patria a un camino de confrontación y violencia para intentar imponer una ideología alejada de Dios y del respeto por la dignidad y la libertad de las personas.”

Esto, obviamente, es absolutamente falso, ridículo y profundamente deshonesto. Jamás el Gobierno de Salvador Allende persiguió a nadie por su ideas, menos aun por su religión. En cambio, fue el gobierno de su jefe e ídolo, el dictador Pinochet, el que persiguió, asesinó, encarceló y exilió a un número indeterminado de curas católicos, pastores y predicadores protestantes, lo que en Iquique confirma el asesinato en tortura del sacerdote católico salesiano Gerardo Poblete. Por cierto, en cuanto la “confrontación” que aluden, ésta, sin duda, existió, pero en su expresión más aguda, la inició la derecha política y la dictadura, desde el asesinato del Comandante en Jefe del Ejército René Schneider Chereau hasta el del propio Presidente Allende.

Desde el punto de vista netamente teológico, el arrepentimiento de un cristiano debe ir acompañado de una acción concreta reparatoria (“por sus frutos los conoceréis”) y éste no es el caso. Si el Papa se encuentra con estos criminales para concederles perdón por sus atroces crímenes en su calidad de intermediario entre ellos y Dios, y no les exige y consigue a cambio un acto compensatorio, que, por supuesto, sólo puede ser el fin a los pactos de silencio, visitarlos y perdonarlos no tendría ningún sentido realmente pastoral.

 

El contenido vertido en esta Carta al director es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.

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