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Cruz-Coke: “Hubo apuro por anotarse un logro político con el ministerio”

En conversación con Diario y Radio Universidad de Chile, el diputado y ex ministro del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, analizó la puesta en marcha de la nueva institucionalidad cultural. "Ahora hay que remediar lo que se hizo de manera apresurada", dijo.

Abril Becerra

  Domingo 8 de abril 2018 13:44 hrs. 
28de Agosto del 2012/ SANTIAGO.
Esta mañana el ministro de Cultura, Luciano Cruz-Coke, inaugura Feria de Programación Artística, plataforma de negociación donde los artistas ofrecen sus espectáculos a programadores culturales. La feria cuenta con 30 stands y 65 organizaciones culturales participantes
FOTOS:VICTOR PEREZ/AGENCIAUNO

El diputado Luciano Cruz-Coke (Evópoli) es una de las personas que ha visto de cerca la instalación del nuevo Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. Esto, ya que durante su ejercicio como Ministro del antiguo Consejo de la Cultura y las Artes, entre 2010 y 2013, impulsó una de las primeras discusiones legislativas respecto de esta institucionalidad que hoy cobra vida.

En aquel periodo, la propuesta era muy distinta de la que finalmente se ejecutó. Por ello, es que hoy el diputado ve con preocupación el cómo se está implementando el proceso: “Ahora hay que remediar lo que se hizo de manera apresurada”, sostiene.

¿Cómo ve la instalación del nuevo Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio? 

Ha habido algunos retrasos de ciertos reglamentos y resoluciones para que esto comience a andar, pero esa es responsabilidad de la administración anterior. Sin duda, hubo cierta premura por tratar de sacar lo más rápido posible el proyecto cuando administrativamente todavía no estaban las condiciones para que el Ministerio saliese adelante en condiciones óptimas. Aún así, Contraloría ha prestado una ayuda para entender que tanto el antiguo Consejo de la Cultura, la antigua Dibam y el antiguo Consejo de Monumentos Nacionales, con los órganos que los sucedieron, deben seguir funcionando y, por ende, se ha prestado colaboración para que el proceso de cambio sea lo más simple y sencillo.

Uno puede entender que la instalación de un Ministerio así de grande no se ejecuta de un día para otro. Pero, ¿cuál cree que fue el error al momento de implementar la institucionalidad? 

Se debieron dictar los decretos, las resoluciones, los actos administrativos necesarios con tiempo, precisamente para que esto saliera adelante de manera pausada y de buena manera. A veces demorarse un poco más implica que los procesos se ejecuten de menor manera y acá, lo que veo, es que hubo un apuro bastante grande por sacar esto adelante, por anotarse un logro político, pero sabemos que la política es un poco así y ahora hay que remediar lo que se hizo de manera apresurada. Esperemos que esto no incida ni en los fondos concursables ni en los recursos de los programas. En fin, hubiera sido preferible hacerlo mejor.

¿Qué opina del organigrama que finalmente se implementó? 

Confío de muy buena fe que se hizo pensando en lo mejor para el desarrollo del patrimonio, de las artes y la cultura, no para responder a ciertos grupos de presión sectorial. Nosotros teníamos otra idea que era crear dos servicios que sucedieran naturalmente a la Dibam y al Consejo Nacional de la Cultura, fortaleciendo buena parte el Consejo de Monumentos Nacionales que es un órgano regulatorio, pero que tiene también una parte relevante de financiamiento que no ha sido provista por parte del Estado y que además tiene una planta de funcionarios muy menor para la cantidad de bienes que regula. A mí nunca me gustó la idea de que un Ministerio que maneja exclusivamente doscientos mil millones de pesos, que en lo público es realmente poca plata, tenga dos subsecretarías y un ministro. Me parece que es excesivo en términos políticos. Hay demasiadas autoridades políticas y pocas autoridades técnicas. Me parece que a la cabeza de estos dos servicios debiesen haber un subsecretario y un ministro y que fuese un ministerio ojalá lo más liviano posible. No quiero pensar que hicimos un Ministerio demasiado grande, pero eso lo dirá, en verdad, la práctica del Ministerio con los años.

Otro tema que ha surgido durante estos días son los despidos que han surgido al interior del Ministerio. ¿Cómo ve esta situación que están enfrentando algunos de los funcionarios de la actual institucionalidad? 

Estoy muy poco enterado de lo que ha sucedido. Entiendo que ha habido algunas desvinculaciones, principalmente de personas a honorario, que son personas que no tienen el estatuto de trabajadores de planta o no tienen contratos a plazos. Tengo que enterarme bien de cuáles son los casos particulares, pero tengo la impresión de que algo está sucediendo también a nivel administrativo general donde hay personas que siendo personas de confianza exclusiva del gobierno anterior, han querido quedarse en los cargos sin permitir que el nuevo gobierno pueda también contratar a las personas que estima conveniente para los objetivos públicos que se ha propuesto. Pero, para ser franco, no conozco el detalle de las desvinculaciones.

La comisión de Cultura, Artes y Comunicaciones ya se ha reunido con las autoridades de Ministerio. En ese sentido, ¿cómo la comisión va a fiscalizar todo el proceso de instalación? 

No queremos ser un obstáculo en la instalación del Ministerio, pero sí queremos es que se haga bien, con protección como se estipuló del primer momento en acuerdo con los trabajadores. Vamos a preocuparnos de que este paso sea lo menos traumático posible para que más que estar preocupados por cómo está funcionando la burocracia interna, estemos preocupados de cómo los fondos están llegando a los planes y concursos que el Ministerio tiene que desarrollar y que son los que finalmente llegan a la ciudadanía.

¿Cuáles cree que son aquellos temas principales que no debe eludirse dentro del Ministerio? 

Hay varias cosas. Primero, una de las prioridades es echar a andar este aparato. Esto está compuesto por tres culturas organizacionales muy distintas, por lo que se va a requerir de algún tiempo para que tenga la fluidez que necesita para ejecutar bien aquello que el Ministerio se propone. En segundo término debe también ingresarse al Congreso, ojalá lo más rápido posible, la nueva Ley del Patrimonio. Actualmente, tenemos una ley del Consejo de Monumentos Nacionales que es del año 75 que se ha ido parchando y que requiere ser modificada. Por último, algo que se ha abordado muy poco pero que a mí me parece muy relevante es el financiamiento de las distintas organizaciones culturales.

¿Cómo cree que debería regularse este financiamiento?  

Deben homologarse en su funcionamiento. Ahí hay una tarea fundamental para que el día de mañana podamos tener un Museo de Bellas Artes a la altura del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York o podamos tener instituciones culturales de calidad. En Nueva Zelanda y en Reino Unido existen instituciones regularmente financiadas que responden a un plan con un plazo de al menos cinco años y a las cuales las acompaña el ministerio para establecer metas comunes de audiencia, de calidad de la programación. Ahí todavía tenemos una deuda. Siempre nuestra institución es a medio morir saltando y eso creo que no genera muchas perspectivas de sustentabilidad. En general el financiamiento de la cultura tiende a ser mixto, en un 30 por ciento público, un 30 por ciento de donaciones y un 30 por ciento de ingresos propios por la vía de venta de entradas o de cafetería. Acá no creo que estemos en esas condiciones, pero sí se podría buscar que parte del financiamiento lo pudieran hacer también a partir del uso de las leyes de donaciones ciertas instituciones privadas y tratar de que esa filantropia fuera dando pie a que hubiese también una sustentabilidad mayor, pero se requiere para ello que entren en un programa de más largo plazo, porque para tener recursos no se puede estar sometido a una concursabilidad anual.