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¿Está obsoleto o vigente el marxismo?

Fernando Curiqueo

  Jueves 3 de mayo 2018 1:10 hrs. 
marx


Se cumplen doscientos años desde el nacimiento de Karl Marx. ¿Sigue vigente el marxismo? Unos responden que sí y otros niegan su vigencia. La polémica la cruza la posición política de los bandos enfrentados. Pareciera que no hay espacio a posiciones intermedias, a “medias tintas”.

Ingentes recursos –humanos, materiales y financieros- se destinan a convencer que el marxismo está obsoleto y a desincentivar el interés que la gente, especialmente la juventud, pudiera mostrar por conocerlo. Literalmente, con motivo del 200 aniversario del nacimiento de Marx, no ha pasado un día en el último tiempo, sin que aparezcan en la prensa mundial artículos y reseñas de libros sobre su vida personal y su obra. Cualquiera persona habrá podido notarlo al abrir Internet. En su mayoría son publicaciones que persiguen la concreción de aquellos dos objetivos.

La forma más extrema de combatir al marxismo ha sido el recurso a la violencia física extrema.

Es posible constatar que son muchos los intelectuales en el mundo que realizan investigaciones a partir del marxismo y que crece el interés por éste.  Esto lo explica el empeoramiento -no sólo relativo, sino también en muchos casos, absoluto- de las condiciones de vida de miles de millones de personas, la destrucción acelerada del medio ambiente, la irracional explotación de los recursos naturales y el cada vez más frecuente uso de la fuerza en las relaciones internacionales –con las consiguientes pérdidas de vidas humanas y destrucción. Las agresiones y las guerras tienen lugar en muchas regiones de la tierra pero curiosamente no afectan el territorio de los países que las organizan, financian, ejecutan y se benefician de aquéllas: EE.UU, Inglaterra y Francia.

Jorge Luis Borges escribió alguna vez que a Marx se le puede leer como si fuera una novela. Es una forma posible de hacer el abordaje a su obra. Gareth Stedman Jones, el historiador inglés, (Karl Marx: Ilusión y Grandeza) dice de Marx que “fue un gran pensador que tuvo el acierto de entender y describir el capitalismo mejor que nadie y antes que nadie”. Pero opina que “las recetas del marxismo no tienen sentido en el mundo de hoy… las soluciones a los problemas actuales no las puede dar un filósofo político que escribió pensando en el mundo de hace 150 años”.  Es un argumento al que se recurre frecuentemente. Friedrix Engels escribió que “toda la concepción de Marx no es una doctrina, sino un método. No ofrece dogmas hechos, sino puntos de partida para la ulterior investigación y el método para dicha investigación” (carta a Werner Sobart, del 11 de marzo de 1895).

¿Qué tan obsoleto está el marxismo?

Echemos un vistazo, por ejemplo, al tema de la globalización o mundialización, como se denomina en la literatura francesa. Marx escribió –en 1859- en su Introducción a la crítica de la economía política: “Examino el sistema de la economía burguesa en el orden siguiente: capital, propiedad agraria, trabajo asalariado, Estado, comercio exterior, mercado mundial. Bajo las tres primeras rúbricas estudio las condiciones económicas de vida de las tres clases en que se divide la sociedad burguesa moderna; la interconexión de las tres restantes salta a la vista.”

Acerca de la relación sociedad – naturaleza: “En la naturaleza nada ocurre en forma aislada. Cada fenómeno afecta a otro y es, a su vez, influenciado por éste; y es generalmente el olvido de este movimiento y de esta interacción universal lo que impide a nuestros naturalistas percibir con claridad las cosas más simples… nuestro dominio sobre la naturaleza no se parece en nada al dominio de un conquistador sobre el pueblo conquistado, que no es el dominio de alguien situado fuera de la naturaleza, sino que nosotros, por nuestra carne, nuestra sangre y nuestro cerebro, pertenecemos a la naturaleza, nos encontramos en su seno, y todo nuestro dominio sobre ella consiste en que, a diferencia de los demás seres, somos capaces de conocer sus leyes y de aplicarlas adecuadamente”, escribió Engels en 1876 en su didáctico y entretenido opúsculo  “El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre”.

Sobre la inamovilidad en el tiempo del sistema capitalista, y su corolario acerca del fin de la historia. La experiencia muestra que imperios poderosos se han derrumbado y desaparecido a lo largo de aquélla. “La historia –escribe Engels-, al igual que el conocimiento, no puede encontrar jamás su remate definitivo en un estado ideal perfecto de la humanidad; una sociedad perfecta, un «Estado» perfecto, son cosas que sólo pueden existir en la imaginación; por el contrario: todos los estadios históricos que se suceden no son más que otras tantas fases transitorias en el proceso infinito de desarrollo de la sociedad humana, desde lo inferior a lo superior. Todas las fases son necesarias, y por tanto, legítimas para la época y para las condiciones que las engendran; pero todas caducan y pierden su razón de ser, al surgir condiciones nuevas y superiores, que van madurando poco a poco en su propio seno; tienen que ceder el paso a otra fase más alta, a la que también le llegará, en su día, la hora de caducar y perecer”.

No es preciso ser un observador versado en temas internacionales para constatar cuál es la situación actualmente en el mundo, los peligros que acechan, las perspectivas que se están generando para posibles cambios –pacíficos o violentos- en el denominado tablero mundial. Hace unos días atrás escuchaba a un analista internacional que opinaba que para EE.UU los dos principales desafíos y peligros a su hegemonía son la posición del dólar, como medio de pago en el comercio del petróleo, y el impacto que pueda tener la nueva ruta de la seda.

La siguiente reflexión puede parecer estrafalaria, pero me parece atingente. Se ha dicho que existe la intención de enviar en un futuro no muy lejano una nave tripulada a Marte. De realizarse exitosamente este viaje quienes se instalen allá no podrán retornar jamás a la tierra. El éxito de esta primera misión obligará al envío de más personas. Se conformará una comunidad de, digamos, cien, doscientas o más personas. ¿Cuáles serán los principios que habrán de guiar la convivencia de estas personas, como comunidad? Me atrevo a señalar algunos: ser una comunidad de iguales; la cooperación; la ausencia de Estado; la preocupación del individuo por el conjunto y la de éste por cada miembro; de cada miembro se esperará que contribuya de acuerdo con su capacidad para el éxito del conjunto y a cada miembro se le asegurará la satisfacción de sus necesidades; respeto irrestricto y total en su relación -como individuo y comunidad- con su entorno físico, etc. ¿Tienen estos principios atisbo de parecerse a los que guían al capitalismo? ¿Devendrá en la práctica esta comunidad -al estilo de las áreas naturales protegidas, aquí en la tierra-, en área social protegida de contaminación capitalista?

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