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Año XIII, 29 de noviembre de 2021

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Directora DEMRE: La PSU expandió la brecha socioeconómica

María Leonor Varas explicó las propuestas que buscan disminuir las diferencias que genera el sistema de admisión a las universidades. En la batería de proyectos, hay algunos que pueden ser implementados en el corto plazo.

Paula Campos

  Jueves 24 de mayo 2018 18:27 hrs. 
LEONOR VARAS


Desde que el Departamento de Evaluación, Medición y Registro Educacional (DEMRE) presentó una batería de propuestas para modificar la prueba de acceso universitario, su directora, María Leonor Varas, se ha vuelto una voz codiciada por los medios de comunicación.

Sus apariciones, anormales para esta época del año por estar siembre concentradas en las fechas hito de la PSU, han servido para conocer las ideas que buscan trabajar en una mejor prueba de acceso a la educación superior profesional. La Prueba de Selección Universitaria, pronta a cumplir quince años en el sistema, es objeto de cuestionamientos, sobre todo, por las brechas de desigualdad que no ayudaría a desdibujar.

En conversación con el programa Semáforo nuestra emisora, Varas se refirió a las ocho modificaciones propuestas. Además, explicó el rol que juega la Universidad en la aplicación de la herramienta.

¿Cuál es el objetivo de aplicar estas modificaciones?

Hay variados orígenes. Uno de ellos tiene que ver con un problema que existió con ciencias, pero que fue muy postergado. La prueba se alineó completamente con el currículo científico-humanista, lo que significó -desde el comienzo- que casi la mitad de los egresados de IV medio fueran expuestos a otro currículo, el de la enseñanza técnico profesional.

Una de las cosas básicas, de cualquier evaluación, uno de sus principios éticos es que no se evalúe a alguien sobre cosas que no tuvo la oportunidad de aprender. En Chile lo hemos estado haciendo desde el comienzo de la PSU hasta ahora. Eso es algo que debió cambiarse hace mucho tiempo. Muchos han insistido sobre la importancia del cambio que, ahora, con mayor razón pedimos.

La primera propuesta, entonces, es reducir la tabla de contenidos de la prueba. Que los contenidos medidos sean aquellos en los que estemos seguros que todos los que tienen derecho a postular a la universidad, hayan sido expuestos a ella.

¿Esto tiene que ver con llegar hasta II medio en los contenidos?

Esto es hasta antes que tengan currículos distintos. También hay que ir a los contenidos más importantes, no al detalle al que van hoy día, porque hay que pensar en otros conjuntos poblacionales que también tienen derecho a ingresar a la universidad y ser evaluados en aquello que es predictivo de cómo les va a ir después. Por ejemplo, el número de rezagados, aquellos que se inscriben para rendir la PSU sin ser de la promoción del año. Hoy son un porcentaje del 33 por ciento que, si lo medimos al interior de la universidad, llega al 44 por ciento. Es un porcentaje muy grande de la población que no viene recién saliendo.

Mariana Aylwin, cuando era ministra de Educación y se estaba instalando la PSU, se preguntó qué iba a pasar con los estudiantes técnico profesionales y con los rezagados, porque es injusto preguntarles a ellos la última modificación curricular, el último detalle del currículo vigente.

Cuando hablamos, entonces, de reducción de temario, no solo decimos llegar hasta II medio, sino decir ´aquello que es más estable en el currículo´.

¿Con qué otras medidas se busca reducir las brechas de desigualdad en el ingreso al sistema universitario?

Efectivamente, la equidad de la prueba, disminuir la brecha, son preocupaciones centrales. También hay que aclarar que con una prueba no se puede borrar las inequidades del sistema, porque por muy poderoso que sea el elemento, no puede cambiar un sistema educativo. Sin embargo, al menos puede mitigar ciertas injusticias, no expandirlas, no aumentarlas. Todos tenemos responsabilidad en hacer nuestras partes de las tareas.

Hay varios otros cambios, incluso en mayo del año pasado le planteamos al Consejo de Rectores (CruCh) siete cambios; pero también habíamos hablado de otras cosas como acortar las pruebas porque son muy largas, eliminar las preguntas que se están probando porque se filtran, por lo tanto, esas cinco preguntas adicionales no cumplen su objetivo de estar siendo piloteadas, y solo alargan las pruebas.

Esos son solo ejemplos, porque el DEMRE siempre está proponiendo cambios. En 2012 se propuso cambiar la prueba de Matemáticas a dos pruebas, sin embargo eso fue desechado. Hace más de diez años, se propuso hacer más de una prueba al año y separar la aplicación del proceso de selección.

Esto último apunta a reducir el estrés, pero también en hacer las cosas con más calma. Nosotros tenemos un récord mundial negativo que es el poco tiempo que nos demoramos en aplicar la prueba y entregar los resultados, pero ese trabajo es a costa de un detalle mayor y profundo de los resultados que estamos entregando.

Le hemos solicitado al CruCh o al SUA que nos den un tiempo mayor y dicen que no se puede porquelos plazos impedirían entonces las matrículas en enero. Entonces, la solución es separar la aplicación de la prueba del proceso de selección, de manera tal que tengamos el tiempo suficiente, con la tranquilidad que se requiere.

¿Cómo la PSU se puede/debe hacer cargo de la diferencia que hay en las formaciones previas en educación?

La forma de hacerse cargo es mirar de qué formas se expresan esas diferencias. Todos sabemos que hay diferencias entre el currículo prescrito y el implementado. Si vamos a evaluar el prescrito, estamos haciendo caso omiso de qué es lo que se implementó. Ahí vamos a tener grandes diferencias entre los tipos de colegio, al sector de la población que atienden, entonces,  vamos a medir con una vara que no es común y eso ya se mostró en el paso de la PAA a la PSU, porque la Prueba de Aptitud Académica no tenía ese vínculo tan estrecho con el currículo prescrito. Eso fue uno los motivos para cambiarla por una prueba como la PSU, que se preocupaba de estos aspectos, pero introdujo una brecha socioeconómica mucho mayor que las que había antes.

Una manera de mitigar es no seguir con una prueba que está preguntando por el currículo prescrito en todo detalle. Sabemos que ahí se produce mayor brecha.

Las brechas más grandes son las socio económicas, pero hay otras en las que en el DEMRE estamos trabajando seriamente: rural-urbano, por ejemplo, donde tenemos un gran problema, porque no tenemos bien tipificada la ruralidad; la brecha de género, que es menor que la socioeconómica, pero que es persistente y se produce en pruebas como las de Matemáticas y Ciencias, que son las que tienen más alto valor predictivo y son más importantes porque determinan  el futuro en la universidad y, a su vez, están asociadas a carreras vinculadas con salarios más altos. El efecto, es que prolonga brechas de género en el tiempo.

¿Con un mejoramiento a la PSU, se pueden también mejorar los predictores de rendimiento universitario?

El principal objetivo de una prueba de selección es ser un buen predictor, después vienen otras cosas como las interferencias que queremos dejar fuera. Los cambios, todos, apuntan a mejorar esto.

¿Cómo responden a los críticos que cuestionan el que sea la Universidad de Chile la encargada de su aplicación?

Aparece la crítica a que sea una universidad, cualquiera, que sea juez y parte. Sin embargo, la realidad es que la Universidad de Chile siempre lo ha hecho bastante bien. Cuando la prueba era de la Universidad, funcionaba muy bien. Cuando uno dice que sea ´una universidad´ es que está pensando en una universidad cualquiera. Pero, la Universidad de Chile es todo menos una universidad cualquiera, siempre hemos respondido a desafíos nacionales y representado intereses nacionales.