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Año XII, 7 de abril de 2020

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Toma feminista en Casa Central de la UC: La de hoy y las de ayer

La histórica Casa Central de la Universidad Católica amaneció hoy con candados, cadenas y un lienzo desplegado que declaraba "Toma Feminista". Las estudiantes universitarias protagonizan una toma histórica en un espacio que solo ha vivido ese tipo de movilización dos veces en su historia. Acá un repaso por la de hoy, la de 1967 y la de 1986.

Martín Espinoza C.

  Viernes 25 de mayo 2018 15:02 hrs. 





“Toma feminista”, anuncia un lienzo mirando a la Alameda. Este viernes las sillas se abalanzaron sobre los portones del frontis de la Casa Central de la Universidad Católica de Chile. La ofensiva del movimiento social llegó a copar los territorios más tradicionalmente conservadores para instalar, en la cuna del gremialismo, una toma de carácter feminista.

A las 5:30 de la madrugada las estudiantes se encaminaron, desde Pío Nono, rumbo a Alameda 340. Por temas prácticos no pudieron bloquear todos los espacios, razón por la cual decidieron ocupar el Patio de La Virgen y el Juan Pablo II, dejando así libres las facultades que se encuentran en la parte trasera del campus: Derecho, Comunicaciones, Ciencias Biológicas y Medicina.

Generar un nuevo protocolo UC que resguarde a estudiantes, funcionarios/as y académicos/as según sus necesidades, creación de un departamento especial para llevar casos de acoso y abuso, instauración de cuotas de género y disidencia en cargos académicos y administrativos y la creación de un ramo de género para todo el alumnado son algunas de las demandas del petitorio publicado desde temprano.

Las estudiantes, además, enumeran una serie de solicitudes para concluir así: “Que la Red Salud UC Christus no sea objetora de conciencia institucional”, haciendo alusión al intenso lobby que ha ejercido la casa de estudios y su rector, Ignacio Sánchez, por mantener a los recintos de salud de la UC al margen de la política de interrupción del embarazo en tres causales.

A esto se suma un conflicto que ha pasado desapercibido: el caso del docente de la Facultad de Matemáticas Martín Chuaqui. El ex docente de Matemáticas es acusado de ejercer violencia intrafamiliar en contra de Marcela López. El 21 de julio de 2016, ella ingresó una querella por el delito de lesiones menos graves en contexto de violencia intrafamiliar en contra de su ex marido, por reiterada violencia física, psicológica, sexual y económica. En ese contexto, el petitorio exige “disculpas públicas de la universidad, Rector y mandos involucrados por el abandono a un miembro de su comunidad y por la desacreditación de su testimonio”.

Las de ayer

La Casa Central de la Universidad Católica ha sido tomada en tres ocasiones.

La primera movilización, y la más históricamente reconocida, data de 1967. En junio de ese año, el estudiantado de la UC rechazó la continuidad del rector Monseñor Alfredo Silva Santiago luego de 13 años en el cargo, periodo en el cual también se desempeñó como Gran Canciller de la PUC y como Presidente de la Conferencia Episcopal.

Los estudiantes en Chile estaban inquietos. Buscaban reformas que apuntaran hacia la modernización de la enseñanza y la investigación, la democratización de la administración, nuevos estatutos, eliminación de las cartas de recomendación para ingresar y la apertura a la sociedad. Tal cual sucede en estos días, las tomas y movilizaciones se fueron sucediendo una tras otra. Una de las acciones más relevantes de la UC ocurrió un 11 de agosto de 1967 cuando, liderados por la Federación de Estudiantes (Feuc) –y su presidente Miguel Ángel Solar (Democracia Cristiana Univesitaria)-, los universitarios desplegaron un lienzo en el mismo frontis que hoy luce una consigna feminista declarando: “Chileno: El Mercurio miente”. El periódico había insistido en que las movilizaciones de la UC eran guiadas por el Partido Comunista, muy lejos de la realidad que apuntaba a un grupo de jóvenes cristianos reformistas.

“El proceso se ha iniciado, ya es irreversible. Los acontecimientos se precipitan. 25 personas divididas en cuatro grupos actúan en forma simultánea sobre la casa central. Las llaves de la portería han desaparecido. ¿Quién las ha escondido? No hay tiempo para hacerse preguntas, se violan las puertas del economato y se obtienen así los manojos de llaves de toda la universidad. Gruesas cadenas y candados clausuran todas las puertas, otras son tapiadas con madera…”, señalaba Solar en el número de agosto del 67 a la revista de la Feuc, Ariete.

Según señala El Mercurio, “el 19 de agosto, ocho días después, la FEUC llegó a un acuerdo con el cardenal Raúl Silva Henríquez, quien había recibido “amplios poderes” del Vaticano para resolver el conflicto y reformar los estatutos de la universidad. Además, el entonces arzobispo de Santiago acordó con los estudiantes el nombre del nuevo prorrector: Fernando Castillo Velasco, quien prontamente se convertiría en rector ante la renuncia de Alfredo Silva Santiago”.

Así fue como la toma de la Casa Central de la Universidad Católica marcó un precedente para el impulso de la Reforma Universitaria que “modificó de manera sustancial el contenido y las orientaciones de las funciones universitarias, estableció una nueva estructura de autoridad y poder que permitió la participación de la comunidad universitaria en el gobierno de las universidades y se esforzó por buscar una mejor inserción de éstas en los afanes por lograr el desarrollo y la modernización del país. Entre 1967 y 1968 todas las universidades se encontraban inmersas en el proceso de reforma universitaria” (Memoria Chilena, Biblioteca Nacional).

A pesar de no formar parte de la memoria colectiva, en julio de 1986 la Casa Central de la Universidad Católica volvió a ser tomada. Según la “síntesis mensual” de la Vicaría de la Solidaridad, el jueves 17 de julio se registran “88 estudiantes detenidos en Toma de Casa Central de la Universidad Católica”. La semana anterior, el rector Vial había expulsado a Dauno Tótoro “por haber cometido reiterados actos violentistas”. En la declaración entregada por la casa de estudios, liderada por el rector Juan de Dios Vial, señaló en su momento que Tótoro “muestra una pertinencia incorregible en actitudes incompatibles con la convivencia universitaria”. Tótoro declaró “¿Por qué, si tal como se dice en el punto número 10 del decreto, ‘existe un cúmulo de antecedentes y probanzas gráficas’ que justificaría los cargos, no se me amonestó antes y la primera medida que se toma en mi contra es la expulsión?”.

La defensa de Tótoro fue asumida por la misma Feuc, liderada en esos tiempos por el estudiante de Derecho Tomás Jocelyn-Holt, quien declaró en la ocasión que “es una normativa en que hemos insistido para que no se aplique; permite expulsar sin procedimiento previo, sin posibilidad de realizar descargos y sin saber cuáles son las acusaciones que uno tiene”. Joselyn Holt fue uno de los que encabezó la toma de 1986 después de este acontecimiento. Sin embargo, el rector Vial no tardó en llamar a la fuerza pública para desalojar el espacio con los argumentos presentados por la fiscal de la UC, Gabriela Ogalde: “un grupo de alumnos se tomó la Universidad (…), y procedieron a cerrar todas las puertas de acceso con candados y cadenas impidiendo la salida de la Universidad (lo que) constituye el delito de secuestro masivo de personas”.

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Este viernes 25 de mayo de 2018 la toma es diferente. La Universidad Católica lleva dos semanas con distintas facultades paralizadas y, por primera vez, la movilización, está siendo liderada por mujeres. La intención de negociar con el rector Ignacio Sánchez es explícita y las estudiantes que aspiran a que sea la máxima autoridad de la casa de estudios quien revise el petitorio que se le envió durante la jornada de este jueves.

El grupo de estudiantes, denominado “Movimiento Autónomo Feminista Interseccional”, busca orientar a la UC por el camino de la educación no sexista y el fin de los abusos y acosos sexuales. Sánchez ha declarado en Emol estar dispuesto a dialogar, pero con condiciones: “Estoy dispuesto a conversar y dar respuestas al petitorio. Lo que sí les pediría es que desalojaran esta toma. No es muy posible tener un diálogo respetuoso si se lanzan sillas y cuando uno les trata de hablar están todos con capucha, entonces de qué tipo de diálogo estamos hablando”.